Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
26 de junio del 2026
Durante décadas, los limeños han contado la misma historia con una sonrisa cómplice. Un caballo entra al Hotel Maury, uno de los lugares más elegantes del centro histórico de Lima; le sirven una copa de pisco sour y, pocos segundos después, el animal comienza a relinchar, a encabritarse y a dar coces mientras los presentes intentan apartarse entre la sorpresa y la diversión. La escena parece demasiado extravagante para ser cierta y, precisamente por eso, ha sobrevivido al paso del tiempo. Nadie sabe cuántas veces ha sido repetida esta anécdota ni cuántos detalles fueron incorporados por la imaginación popular, pero sí sabemos algo más importante: la historia nunca desapareció. Más de sesenta años después, sigue ocupando un lugar privilegiado dentro del repertorio de relatos que los limeños utilizan para hablar de su ciudad. (Meier Miró Quesada, 2013).
No todas las ciudades del mundo pueden presumir de conservar una historia semejante. París tiene sus fantasmas, Buenos Aires sus cafés y Nueva York sus personajes extravagantes. Lima, en cambio, posee una anécdota singular que reúne tres símbolos profundamente reconocibles: un caballo campeón, el Hotel Maury y el pisco sour. La combinación parece improbable, pero quizá sea precisamente esa improbabilidad la que ha permitido que el relato permanezca vivo. La historia del Caballo Borracho no sobrevivió porque fuera verdadera en todos sus detalles; sobrevivió porque era demasiado limeña para desaparecer. Esa afirmación no pretende competir con la historia documentada, sino explicar por qué, incluso hoy, el nombre de Dardanus continúa despertando curiosidad entre quienes escuchan la historia por primera vez. (La República, 2023).
La historia que todos conocen
La versión más difundida ha sido transmitida de boca en boca durante décadas. La tradición oral sostiene que, en algún momento de los años sesenta, dos apasionados del mundo hípico realizaron una apuesta amistosa alrededor de un caballo llamado Dardanus. El acuerdo era sencillo: si el animal conseguía una importante victoria deportiva, sería homenajeado en el Hotel Maury. La promesa tenía algo de extravagancia elegante, una ocurrencia que solo podía nacer en una Lima que todavía encontraba en el centro histórico el corazón de buena parte de su vida social. (Meier Miró Quesada, 2013).
La historia continúa de la misma manera cada vez que alguien la cuenta. El caballo atraviesa las puertas del hotel acompañado por sus cuidadores, periodistas y curiosos. Las conversaciones se detienen, las miradas convergen sobre el animal y alguien acerca una copa de pisco sour. Entonces ocurre el episodio que terminaría inmortalizando el relato. El caballo bebe el contenido y, casi inmediatamente, comienza a comportarse de manera inesperada, provocando una mezcla de sorpresa y risas entre los asistentes. La escena, repetida una y otra vez por generaciones de narradores, se ha convertido en el corazón de la historia. (Meier Miró Quesada, 2013).
Existen numerosas variantes. Algunas personas aseguran que el animal se tambaleó por los pasillos; otras sostienen que simplemente relinchó antes de abandonar el establecimiento. Hay quienes recuerdan que terminó profundamente dormido y quienes describen una escena mucho más tranquila. Ninguna versión coincide completamente con otra y, precisamente por eso, la historia conserva la elasticidad propia de las grandes narraciones populares, aquellas que sobreviven porque permiten que cada generación añada un nuevo detalle sin alterar su esencia. (Meier Miró Quesada, 2013).
Nadie sabe con exactitud quién fue la primera persona en contar la historia ni en qué momento comenzó a circular fuera del pequeño grupo de personas que habría presenciado el acontecimiento original. Las historias que sobreviven durante décadas suelen perder a sus primeros narradores para convertirse en un bien compartido. Dejan de pertenecer a una sola persona y pasan a formar parte de la conversación cotidiana de una ciudad entera, encontrando un lugar permanente en la memoria afectiva de sus habitantes. (Meier Miró Quesada, 2013).
El caballo que sí existió
A diferencia de algunos elementos incorporados posteriormente por la tradición oral, Dardanus sí existió. Las investigaciones disponibles permiten identificarlo como un caballo de carreras perteneciente a Óscar Berckemeyer Pazos, reconocido turfman peruano y figura destacada del mundo hípico nacional. Durante años, algunas publicaciones atribuyeron erróneamente el protagonismo a un supuesto Pedro Berquemeyer, pero las fuentes más consistentes apuntan a Berckemeyer Pazos como el verdadero propietario del animal. (Equibase, 2013).
Las mismas fuentes coinciden en señalar que Dardanus obtuvo una importante victoria deportiva y que, como consecuencia de una apuesta amistosa, protagonizó una ceremonia especial en el Hotel Maury. La historia adquiere aquí un matiz distinto. Deja de ser una narración completamente imaginaria para revelar un núcleo histórico real. Algo ocurrió realmente y existen suficientes indicios para afirmar que el caballo fue homenajeado dentro del establecimiento después de una destacada actuación deportiva. (Equibase, 2013).
Uno de los hallazgos más significativos es que el bar del Hotel Maury llevó durante varios años el nombre de Dardanus. Ese detalle, aparentemente menor, constituye una de las evidencias más sólidas de que la celebración tuvo una dimensión extraordinaria para la época. Resulta difícil imaginar que un establecimiento tan emblemático decidiera renombrar uno de sus espacios sin que hubiera ocurrido un episodio capaz de marcar la memoria de sus propietarios y de sus visitantes. (Equibase, 2013).
Sin embargo, la documentación comienza a debilitarse cuando aparece el pisco sour. Hasta el momento, no se han localizado registros periodísticos contemporáneos que permitan asegurar con absoluta certeza que el caballo consumió la bebida. Tampoco existen pruebas que demuestren que sufrió algún tipo de embriaguez. Todo parece indicar que la tradición oral añadió progresivamente estos elementos, transformando una ceremonia singular en una historia extraordinaria que terminaría superando a los hechos originales. (Meier Miró Quesada, 2013).
El Hotel Maury y una Lima que ya no existe
Para comprender la fuerza de esta historia es necesario detenerse en el escenario donde ocurrió. Durante buena parte del siglo XX, el Hotel Maury fue mucho más que un establecimiento de hospedaje. Sus salones, su barra y su cercanía con la Plaza Mayor lo convirtieron en un espacio privilegiado donde convergían empresarios, diplomáticos, artistas, viajeros y figuras destacadas de la vida pública peruana. Entrar al Maury era entrar en una pequeña representación de la vida social limeña de la época. (AHORA Perú, s.f.).
Hoy resulta difícil imaginar un caballo atravesando las puertas de un hotel del centro histórico sin provocar un enorme despliegue de seguridad. Pero la Lima de aquellos años funcionaba de otra manera. El centro seguía siendo un lugar de encuentro cotidiano y la hípica ocupaba un lugar destacado dentro de la vida social. Las carreras movilizaban a miles de personas y sus protagonistas gozaban de una notoriedad que hoy resulta difícil de reproducir. En ese contexto, la presencia de un caballo campeón en un hotel prestigioso podía ser vista como una extravagancia celebratoria más que como una imposibilidad absoluta. (Equibase, 2013).
El pisco sour añade otra capa de significado. La bebida ya se había convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la identidad gastronómica peruana y el Hotel Maury desempeñó un papel decisivo en su difusión internacional. Generaciones enteras de visitantes llegaron atraídas por la reputación de una barra que había ayudado a consolidar una de las bebidas más representativas del país. No resulta extraño que la imaginación popular decidiera incorporar el pisco sour a la historia de Dardanus y terminará fusionando ambos elementos en una sola narración. (Gestión, 2018).
La historia también funciona como una ventana hacia una ciudad que ha cambiado profundamente. El centro histórico ya no ocupa el mismo lugar en la vida cotidiana de los limeños y muchas de las dinámicas sociales de aquella época han desaparecido. Sin embargo, Dardanus continúa recorriendo el mismo escenario imaginario. Sigue entrando al Maury, sigue despertando sonrisas y sigue permitiendo que distintas generaciones establezcan un vínculo emocional con una Lima que, de otra manera, sería mucho más difícil de evocar. (La República, 2023).
La historia que se negó a desaparecer
Las historias no sobreviven únicamente porque sean extraordinarias. Sobreviven porque alguien decide volver a contarlas. Durante más de seis décadas, los limeños han repetido ésta en reuniones familiares, recorridos turísticos y conversaciones improvisadas sobre el centro histórico. La permanencia del relato sugiere que ha encontrado un lugar estable dentro de la conversación cotidiana de la ciudad y que ya forma parte de una tradición que trasciende a sus protagonistas originales. (Meier Miró Quesada, 2013).
La historia posee ingredientes que Ricardo Palma habría reconocido de inmediato: un hecho real, personajes reconocibles, una dosis de humor y el inevitable trabajo de la imaginación popular. No se trata de una Tradición Peruana en sentido estricto, pero comparte un mecanismo semejante. Una anécdota concreta crece, se transforma y termina adquiriendo una vida propia que la separa de su origen documental, permitiendo que sobreviva incluso cuando algunos detalles permanecen envueltos en la incertidumbre. (Meier Miró Quesada, 2013).
También existe una dimensión profundamente humana en este relato. Antonio Bergna y Óscar Berckemeyer no aparecen como figuras lejanas, sino como dos hombres unidos por una pasión compartida que decidieron convertir una promesa amistosa en una celebración singular. Probablemente ninguno de los dos imaginó que aquella ocurrencia terminaría sobreviviendo mucho más allá de su tiempo y que, décadas después, seguiría despertando la curiosidad de nuevos lectores y nuevos narradores. (Equibase, 2013).
Quizá Dardanus nunca bebió una gota de pisco sour. Quizá jamás se tambaleó por los pasillos del Maury ni obligó a los asistentes a apartarse de sus coces. Pero las historias no sobreviven únicamente porque sean ciertas; sobreviven porque alguien decide volver a contarlas. Y desde hace más de sesenta años, los limeños siguen contando la misma. La de un caballo que una noche entró al Maury y terminó cabalgando para siempre dentro de la memoria de la ciudad. (Meier Miró Quesada, 2013).
Bibliografía
Asociación Peruana de Hoteles, Restaurantes y Afines (AHORA Perú). (s.f.). Historia del Hotel Maury. Recuperado de https://ahora-peru.com/?page_id=1581
Equibase. (2013, 7 de septiembre). Dardanus, el caballo que brindó con pisco sour. Recuperado de https://cms.equibase.com/node/552
Gestión. (2018, 5 de febrero). Día del pisco sour: ¿Cómo se creó la bebida más famosa hecha en base a pisco?. Recuperado de https://gestion.pe/tendencias/dia-pisco-sour-creo-bebida-famosa-hecha-base-pisco-226437-noticia/
La República. (2023, 10 de abril). Hotel Maury: ¿Sabías que es el más antiguo de la costa del Pacífico y se encuentra en Perú?. Recuperado de https://larepublica.pe/datos-lr/respuestas/2023/04/10/hotel-maury-sabias-que-es-el-mas-antiguo-de-la-costa-del-pacifico-y-se-encuentra-en-peru-hotel-maury-historia-pisco-sour-evat-766310
Meier Miró Quesada, M. (2013, 14 de diciembre). Un caballo en el bar del Hotel Maury. Recuperado de https://marthameiermq.blogspot.com/2013/12/un-caballo-en-el-bar-del-hotel-maury.html



















