Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

11 de abril del 2026

En los años finales del Virreinato del Perú, la sociedad peruana vivía una tensión política que iba mucho más allá de los campos de batalla. Mientras en Europa la monarquía española sufría el impacto de la invasión napoleónica y el colapso parcial de su estructura imperial, en América comenzaban a difundirse nuevas ideas sobre soberanía, representación política y autonomía territorial. El Perú, considerado durante siglos el núcleo más sólido del dominio español en Sudamérica, parecía inicialmente resistir los impulsos emancipadores que ya habían transformado otros territorios americanos; sin embargo, bajo la aparente estabilidad virreinal crecían conflictos económicos, disputas entre criollos y peninsulares, descontento regional y una progresiva circulación de ideas liberales procedentes tanto de Europa como de las nuevas repúblicas americanas. La Constitución de Cádiz de 1812 introdujo conceptos desconocidos para gran parte de la sociedad colonial, permitiendo que sectores ilustrados comenzaran a debatir sobre ciudadanía, representación y límites al poder absoluto, elementos que terminarían influyendo decisivamente en el nacimiento constitucional del Perú republicano (Tauro del Pino, 2001).

A diferencia de otros procesos independentistas latinoamericanos que surgieron rápidamente mediante guerras internas masivas, la independencia peruana se desarrolló de manera compleja y gradual. Persistían importantes sectores leales a la Corona española, especialmente entre grupos vinculados al aparato administrativo colonial y a determinadas élites económicas que temían perder privilegios o enfrentar un escenario de inestabilidad social. La llegada de las expediciones libertadoras de José de San Martín y posteriormente de Simón Bolívar aceleró el derrumbe del orden virreinal, pero también abrió una profunda incertidumbre respecto al futuro político del país. En medio de campañas militares, conspiraciones, crisis económicas y cambios de autoridad, comenzó a surgir una pregunta esencial para la nueva nación: cómo debía organizarse jurídicamente el Perú independiente. La respuesta a esa interrogante daría origen a la Constitución de 1823, el primer gran intento de convertir la independencia política en una estructura estatal organizada bajo principios republicanos y constitucionales (Basadre, 2005).

El Perú antes de la independencia y la influencia de Cádiz

La influencia de la Constitución de Cádiz de 1812 resultó decisiva en los años previos a la independencia peruana. Aunque elaborada dentro del marco de la monarquía española, aquella constitución introdujo principios modernos que alteraron profundamente la cultura política colonial. Por primera vez se hablaba formalmente de soberanía nacional, representación parlamentaria y ciudadanía política dentro de un imperio que tradicionalmente había descansado sobre la autoridad absoluta del rey. El impacto de estas ideas fue particularmente importante entre sectores criollos ilustrados y funcionarios locales que comenzaron a participar en ayuntamientos constitucionales y mecanismos electorales restringidos que transformaron parcialmente la dinámica política virreinal (García Belaunde, 2013).

Sin embargo, el Perú continuaba siendo un territorio profundamente desigual y conservador. El poder militar español seguía siendo considerable, la Iglesia mantenía enorme influencia sobre la vida pública y muchos grupos sociales observaban con temor las noticias provenientes de otras regiones americanas donde las guerras independentistas habían producido violencia, desorden económico y fragmentación política. En Lima, centro del poder virreinal, coexistían funcionarios fieles a la Corona, comerciantes pragmáticos que buscaban adaptarse a cualquier escenario y pequeños círculos independentistas que promovían la ruptura definitiva con España. Esa convivencia de intereses y temores explica por qué el proceso peruano fue más lento y contradictorio que en otros países sudamericanos (Contreras / Cueto, 2013).

La llegada de la Expedición Libertadora comandada por José de San Martín en 1820 alteró definitivamente el equilibrio político existente. El desembarco en Paracas y las posteriores operaciones militares no solo debilitaron estratégicamente al Virreinato, sino que generaron una crisis psicológica dentro del aparato colonial. Diversas ciudades comenzaron a pronunciarse a favor de la independencia y muchas autoridades locales comprendieron que el dominio español enfrentaba un deterioro irreversible. Lima empezó a vivir un ambiente de incertidumbre donde coexistían rumores de guerra, negociaciones secretas, escasez económica y expectativas sobre el futuro político de la nación (Sobrevilla, 2011).

Finalmente, el 28 de julio de 1821, San Martín proclamó la independencia del Perú en la Plaza Mayor de Lima. Aquel acto poseía un enorme significado simbólico, pero no implicaba todavía la existencia de un Estado consolidado. Persistían fuerzas realistas en gran parte del territorio nacional, la economía se encontraba debilitada y muchas instituciones coloniales continuaban funcionando parcialmente. La independencia había sido proclamada, pero todavía faltaba construir jurídicamente la República (Congreso de la República del Perú, 2023).

El Primer Congreso Constituyente y la Constitución de 1823

El Primer Congreso Constituyente del Perú fue instalado el 20 de septiembre de 1822 y representó el inicio formal de la organización republicana peruana. Su creación simbolizaba el reemplazo de la legitimidad colonial por una soberanía nacional ejercida mediante representantes encargados de diseñar las instituciones del nuevo Estado. En términos históricos, aquel Congreso constituyó el verdadero nacimiento político del Perú republicano, ya que asumió la tarea de transformar una independencia militar en un sistema jurídico y administrativo permanente (Basadre, 2005).

Las discusiones dentro del Congreso revelaron profundas diferencias respecto al modelo político que debía adoptar el país. Algunos sectores defendían la posibilidad de establecer una monarquía constitucional moderada, inspirada parcialmente en experiencias europeas, mientras otros impulsaban una república representativa basada en principios liberales. Estas discrepancias reflejaban la incertidumbre de una nación recién independizada que aún buscaba definir su identidad política en medio de guerras y tensiones internas. Además, existía preocupación sobre la capacidad real del nuevo Estado para mantener estabilidad institucional en un territorio tan amplio y fragmentado (Tauro del Pino, 2001).

El 12 de noviembre de 1823 fue promulgada la Constitución Política de la República Peruana, considerada la primera Constitución del Perú independiente. El documento establecía que la soberanía residía en la nación y organizaba al país bajo un modelo republicano representativo con división de poderes. Se reconocían los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, siguiendo los principios clásicos del constitucionalismo liberal de la época. Asimismo, la Constitución mantenía a la religión católica como religión oficial del Estado y reconocía determinados derechos individuales que buscaban diferenciar al nuevo régimen republicano del antiguo orden colonial (Congreso de la República del Perú, 2023).

Aunque influenciada por la tradición liberal española derivada de Cádiz, la Constitución de 1823 también incorporaba elementos propios del constitucionalismo americano emergente. El texto buscaba crear un equilibrio entre autoridad y representación política en un país que todavía atravesaba una situación militar extremadamente delicada. Más que un documento plenamente operativo, la Constitución simbolizaba la voluntad de afirmar jurídicamente la existencia de una nación peruana soberana y separada de España (García Belaunde, 2013).

Las dificultades de la primera experiencia constitucional peruana

La Constitución de 1823 nació en medio de enormes dificultades políticas y militares. Gran parte del territorio peruano seguía bajo control realista y la guerra de independencia continuaba desarrollándose con intensidad. El nuevo Estado carecía de recursos económicos suficientes, la administración pública era todavía precaria y las pugnas entre caudillos militares y dirigentes civiles debilitaban constantemente la estabilidad institucional. Estas condiciones impidieron que el texto constitucional pudiera aplicarse plenamente desde sus primeros años (Basadre, 2005).

La influencia de los militares en la política peruana fue particularmente importante durante este periodo. La continuidad de la guerra otorgó enorme poder a los jefes militares, quienes en muchos casos terminaron ocupando posiciones decisivas dentro del gobierno republicano. La prioridad inmediata era asegurar la independencia definitiva frente a las fuerzas españolas, por lo que las discusiones constitucionales quedaban frecuentemente subordinadas a las necesidades militares y estratégicas del momento. El Perú republicano nacía así profundamente marcado por el peso político del militarismo (Contreras / Cueto, 2013).

La llegada de Simón Bolívar al Perú transformó nuevamente el escenario político. Ante la debilidad institucional y la necesidad de concluir la guerra, el Congreso otorgó amplios poderes al líder venezolano, quien asumió un papel dominante tanto en la conducción militar como en la reorganización política del país. Esta situación redujo considerablemente la vigencia efectiva de la Constitución de 1823 y abrió paso a nuevas propuestas constitucionales inspiradas en las ideas políticas bolivarianas (Sobrevilla, 2011).

Posteriormente, Bolívar impulsó la denominada Constitución Vitalicia de 1826, que establecía un presidente vitalicio con amplias atribuciones. Aunque este proyecto tuvo una duración breve debido al rechazo político interno y a la salida de Bolívar del Perú, reflejó las enormes dificultades que enfrentaba el país para consolidar un sistema constitucional estable. A lo largo del siglo XIX, el Perú atravesaría numerosas constituciones, guerras civiles y conflictos de poder que evidenciaban la complejidad de construir una república sólida tras la ruptura del orden colonial español (García Belaunde, 2013).

El legado histórico de la Constitución de 1823

A pesar de sus limitaciones prácticas y de su breve vigencia efectiva, la Constitución de 1823 posee un enorme valor histórico para el Perú. Representó el primer intento formal de organizar jurídicamente la República independiente y constituyó el inicio de la tradición constitucional peruana. Por primera vez, la legitimidad política dejaba de provenir de la Corona española y pasaba a fundamentarse en la soberanía nacional ejercida mediante representantes elegidos (Congreso de la República del Perú, 2023).

El documento también simbolizó el tránsito de una sociedad colonial hacia una estructura republicana moderna, aunque ese proceso estuviera lleno de contradicciones e inestabilidades. La Constitución expresaba el deseo de construir un Estado sustentado en normas propias y no en disposiciones dictadas desde Europa. En términos políticos y simbólicos, aquello representaba una ruptura trascendental respecto al pasado virreinal que había dominado el territorio peruano durante casi tres siglos (Tauro del Pino, 2001).

Además, la experiencia constituyente iniciada en 1822 permitió que el Perú ingresara al amplio movimiento constitucionalista desarrollado en América Latina durante el siglo XIX. Las discusiones sobre soberanía, representación, ciudadanía y división de poderes pasaron a formar parte permanente del debate político nacional. Aunque muchas veces interrumpido por golpes de Estado o conflictos internos, el constitucionalismo se convirtió desde entonces en uno de los ejes centrales de la vida republicana peruana (Basadre, 2005).

La Constitución de 1823 permanece así como uno de los documentos fundacionales más importantes de la historia peruana. En sus páginas se encuentra el primer esfuerzo por definir jurídicamente al Perú como nación soberana e independiente, en medio de guerras, incertidumbres y profundas transformaciones sociales. Más allá de sus limitaciones históricas, aquel texto marcó el nacimiento formal de la República peruana y abrió el largo y complejo camino del constitucionalismo nacional (Contreras / Cueto, 2013).

Referencias

Basadre, Jorge. (2005). Historia de la República del Perú. Lima: El Comercio.

Congreso de la República del Perú. (2023). La Constitución de 1823 y el nacimiento republicano del Perú. https://www.congreso.gob.pe

Contreras, Carlos y Cueto, Marcos. (2013). Historia del Perú contemporáneo. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

García Belaunde, Domingo. (2013). Historia constitucional del Perú. Lima: Jurado Nacional de Elecciones.

Sobrevilla, Natalia. (2011). The Caudillo of the Andes: Andrés de Santa Cruz. Cambridge University Press. https://www.cambridge.org

Tauro del Pino, Alberto. (2001). Enciclopedia ilustrada del Perú. Lima: PEISA.