Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

8 de mayo del 2026

La historia peruana decimonónica se encuentra atravesada por tensiones entre memoria, política y construcción de identidad nacional, siendo uno de los episodios más controvertidos la llamada “lista de Ahumada”, atribuida al militar español José Rodríguez de Ahumada en el contexto de la ocupación chilena durante la Guerra del Pacífico. Este documento, cuya autenticidad ha sido objeto de persistente debate historiográfico, contendría los nombres de peruanos que habrían colaborado con el invasor, configurando así un registro de supuesta traición que ha marcado el imaginario colectivo y la discusión académica durante más de un siglo (Basadre, 2005).

En este escenario emerge la figura de Ricardo Palma, no solo como escritor fundamental de la tradición literaria peruana, sino también como testigo crítico de su tiempo, cuya posición frente a la lista de Ahumada revela una compleja relación entre historia, opinión y narrativa. Palma, director de la Biblioteca Nacional tras su reconstrucción, no fue ajeno a los debates sobre la legitimidad del documento y la reputación de los personajes involucrados, adoptando una postura que ha sido interpretada tanto como defensa institucional de la memoria nacional como ejercicio de prudencia frente a pruebas insuficientes (Sánchez, 1964).

El origen de la lista y su contexto histórico

La llamada “lista de Ahumada” se inscribe en el contexto de la ocupación de Lima por las tropas chilenas entre 1881 y 1883, periodo durante el cual la sociedad peruana experimentó profundas fracturas políticas y sociales. Según diversas versiones, el documento habría sido elaborado por Rodríguez de Ahumada, quien habría recopilado información sobre ciudadanos peruanos que mantuvieron relaciones de colaboración con las autoridades chilenas, ya sea por conveniencia, coerción o afinidad ideológica. Sin embargo, la falta de un original verificable ha alimentado dudas sobre su autenticidad (Basadre, 2005).

Desde una perspectiva historiográfica peruana, autores han señalado que la lista comenzó a circular de manera más amplia años después de finalizada la guerra, lo que plantea interrogantes sobre su uso político en la reconstrucción del Estado y en la disputa por legitimidades sociales. En ese sentido, la lista no solo funcionaría como registro, sino también como instrumento simbólico de acusación y estigmatización, especialmente en una sociedad que buscaba redefinir sus valores tras la derrota (Contreras & Cueto, 2013).

Algunos investigadores peruanos han defendido la existencia de colaboracionistas documentados durante la ocupación, aunque no necesariamente vinculados de forma directa a la lista de Ahumada. Estos estudios sugieren que, más allá del documento específico, sí existieron dinámicas de cooperación con el invasor, motivadas por intereses económicos o supervivencia, lo que complejiza la lectura moral del episodio (Manrique, 1995).

En contraste, otras posturas académicas peruanas sostienen que la lista debe ser analizada con extremo escepticismo, dado que su difusión posterior coincide con pugnas políticas internas. Bajo esta óptica, la lista habría sido utilizada para desacreditar adversarios y consolidar narrativas de traición que simplifican la complejidad del periodo, reduciendo a categorías binarias situaciones históricas profundamente ambiguas (Burga, 2005).

Ricardo Palma frente a la controversia

Ricardo Palma, figura central de la intelectualidad peruana de fines del siglo XIX, abordó indirectamente la polémica en diversos textos y correspondencias, aunque sin adoptar una posición categórica sobre la autenticidad de la lista. Su actitud puede interpretarse como un intento de proteger la reputación de individuos señalados sin pruebas concluyentes, lo que refleja una preocupación ética por el uso de la historia como herramienta de juicio público (Sánchez, 1964).

En sus escritos, Palma mostró una tendencia a privilegiar la evidencia documental y la prudencia interpretativa, evitando sumarse a acusaciones sin sustento firme. Esta postura resulta coherente con su labor al frente de la Biblioteca Nacional, donde impulsó la recuperación del patrimonio documental tras el saqueo sufrido durante la guerra, promoviendo una visión de la historia basada en fuentes verificables (Biblioteca Nacional del Perú, 2019).

No obstante, algunos críticos han señalado que la cautela de Palma también podría interpretarse como una forma de silenciamiento frente a posibles responsabilidades reales. Desde esta perspectiva, su posición no sería únicamente metodológica, sino también política, en tanto evita confrontar directamente a sectores influyentes de la sociedad limeña que pudieron haber tenido vínculos con el ocupante (Manrique, 1995).

Otros estudios, en cambio, reivindican la actitud de Palma como un ejercicio temprano de crítica historiográfica, al cuestionar la validez de documentos cuya procedencia no podía ser claramente establecida. Esta lectura destaca su aporte a una tradición intelectual que busca diferenciar entre memoria colectiva y evidencia histórica, subrayando la necesidad de rigor en la construcción del relato nacional (Contreras & Cueto, 2013).

Interpretaciones contemporáneas y debate historiográfico

En el Perú contemporáneo, la lista de Ahumada continúa siendo objeto de discusión, especialmente en espacios académicos y culturales donde se revisan críticamente los mitos fundacionales de la nación. La historiografía reciente ha tendido a contextualizar el documento dentro de una lógica de posguerra, donde la necesidad de encontrar responsables simbólicos se tradujo en la circulación de narrativas simplificadoras (Burga, 2005).

Investigadores peruanos han enfatizado la importancia de analizar la lista no como un hecho aislado, sino como parte de un proceso más amplio de construcción de memoria, en el cual intervienen factores políticos, sociales y culturales. Desde esta óptica, la lista adquiere relevancia no tanto por su contenido factual, sino por su impacto en la forma en que los peruanos han interpretado su pasado (Contreras & Cueto, 2013).

Asimismo, el debate ha incorporado una reflexión sobre el papel de los intelectuales, como Ricardo Palma, en la mediación entre historia y opinión pública. Su figura permite explorar cómo las élites culturales contribuyeron a moldear narrativas nacionales, ya sea mediante la validación, cuestionamiento o silenciamiento de ciertos relatos históricos (Sánchez, 1964).

Finalmente, la persistencia del tema evidencia la vigencia de preguntas fundamentales sobre lealtad, identidad y memoria en la historia peruana. La lista de Ahumada, más allá de su autenticidad, continúa operando como un símbolo de las fracturas internas que emergen en contextos de crisis, y como un recordatorio de la necesidad de abordar el pasado con rigor crítico y responsabilidad intelectual (Basadre, 2005).

Bibliografía

Basadre, J. (2005). Historia de la República del Perú. Lima: El Comercio.

Biblioteca Nacional del Perú. (2019). Ricardo Palma y la reconstrucción de la Biblioteca Nacional. Lima: BNP.

Burga, M. (2005). La historia y los historiadores en el Perú. Lima: Fondo Editorial PUCP.

Contreras, C., & Cueto, M. (2013). Historia del Perú contemporáneo. Lima: IEP.

Manrique, N. (1995). Historia de la República. Lima: Fondo Editorial UNMSM.

Sánchez, L. A. (1964). Ricardo Palma: su vida y su obra. Lima: Editorial P.L. Villanueva.