Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

5 de mayo del 2026

La historia cultural del Perú en el siglo XX no puede comprenderse plenamente sin atender a las tensiones entre el poder político y las expresiones artísticas que emergieron en contextos de cambio social. Durante el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, el país atravesó una transformación estructural que no solo se limitó a lo económico y lo agrario, sino que también alcanzó la esfera simbólica, donde la música, el arte y la identidad fueron objeto de vigilancia y control. En ese escenario, la figura de Carlos Santana se convirtió en un episodio revelador de las contradicciones entre apertura cultural y disciplina ideológica (Klarén, 2004).

El caso de la censura y posterior expulsión del músico no puede entenderse como un hecho aislado o anecdótico. Más bien, responde a una lógica estatal que concebía ciertas manifestaciones culturales extranjeras como amenazas a la construcción de una identidad nacional autónoma. Santana, cuyo estilo fusionaba el rock con ritmos afrocaribeños y latinos, representaba una modernidad transnacional que no encajaba del todo en el proyecto nacionalista revolucionario promovido por el régimen. La tensión entre cultura popular global y política cultural estatal se evidenció de manera contundente en este episodio (Cotler, 2005).

Carlos Santana: música, identidad y proyección continental

La trayectoria de Carlos Santana antes de su llegada al Perú ya lo posicionaba como una figura clave en la evolución del rock contemporáneo. Su irrupción internacional tras su presentación en el festival de Woodstock consolidó una propuesta sonora innovadora, en la que la guitarra eléctrica dialogaba con percusiones latinas, generando un lenguaje musical híbrido y profundamente identitario. Esta síntesis artística no solo redefinió el rock, sino que también permitió visibilizar una sensibilidad latinoamericana en un escenario dominado por la industria anglosajona (Perone, 2012).

Más allá de su virtuosismo técnico, Santana representaba una visión espiritual y cultural de la música. Influido por tradiciones indígenas, afrodescendientes y corrientes filosóficas orientales, su obra trascendía lo estrictamente musical para convertirse en una experiencia sensorial y simbólica. Este carácter trascendente, sin embargo, podía resultar ambiguo para gobiernos que buscaban controlar los mensajes y significados en circulación dentro de sus territorios (Grunenberg, 2015).

En América Latina, su figura adquirió un valor adicional al ser interpretada como un puente entre culturas. No era simplemente un artista extranjero, sino un símbolo de una identidad latinoamericana globalizada, en expansión. Esta dimensión, lejos de ser celebrada unánimemente, generó resistencias en sectores que consideraban que la autenticidad cultural debía preservarse frente a influencias externas (Mendoza, 2010).

En ese contexto, la llegada de Santana al Perú no fue un acontecimiento neutro. Su presencia implicaba la irrupción de una estética, una ideología implícita y una forma de entender la cultura que contrastaba con el proyecto político dominante. El escenario estaba preparado para un choque inevitable entre arte y poder (Klarén, 2004).

La mentalidad de Velasco: nacionalismo, control y revolución

El gobierno de Juan Velasco Alvarado se caracterizó por una profunda vocación transformadora. Su proyecto político buscaba romper con las estructuras oligárquicas tradicionales mediante reformas radicales, entre ellas la reforma agraria y la nacionalización de sectores estratégicos. Este impulso revolucionario se acompañó de una narrativa nacionalista que aspiraba a redefinir la identidad peruana desde sus raíces históricas y sociales (Cotler, 2005).

En este marco, la cultura no era un ámbito autónomo, sino un instrumento clave en la construcción del nuevo orden. El Estado asumió un rol activo en la promoción de ciertas expresiones culturales consideradas auténticamente peruanas, mientras que otras eran vistas con sospecha. El control de los medios de comunicación, así como la regulación de espectáculos públicos, respondían a esta lógica de orientación ideológica (Klarén, 2004).

La percepción de la cultura extranjera, especialmente aquella vinculada al rock, estaba atravesada por una desconfianza estructural. Se la asociaba, en muchos casos, con valores individualistas, consumistas o contrarios al espíritu colectivo que el régimen pretendía instaurar. Esta visión no era exclusiva del Perú, sino que formaba parte de una tendencia más amplia en gobiernos de corte nacionalista en la región (Mendoza, 2010).

En consecuencia, la presencia de artistas internacionales debía ser cuidadosamente evaluada. No se trataba únicamente de espectáculos, sino de la posible circulación de ideas, símbolos y comportamientos que escapaban al control estatal. En este clima, la figura de Santana adquiría una connotación política inevitable (Grunenberg, 2015).

La censura y deportación: razones y contexto

La decisión de censurar y expulsar a Carlos Santana del Perú respondió a una combinación de factores políticos, culturales y simbólicos. Aunque las versiones sobre los hechos pueden variar en detalles, existe consenso en que el régimen interpretó su presencia como incompatible con los lineamientos ideológicos del gobierno. La sospecha sobre el contenido de sus presentaciones y el impacto que estas podían tener en la juventud fue determinante (Klarén, 2004).

Uno de los elementos centrales fue la asociación del rock con formas de rebeldía que escapaban al control institucional. En un contexto donde el Estado buscaba canalizar la participación social dentro de marcos definidos, cualquier manifestación que incentivara la autonomía cultural era vista como potencialmente subversiva. Santana, con su estética y su mensaje implícito, encarnaba precisamente ese tipo de expresión (Cotler, 2005).

Asimismo, la dimensión internacional del artista jugó un papel relevante. Su éxito global lo convertía en un vector de influencias externas que el régimen consideraba problemáticas. La defensa de una identidad nacional fuerte implicaba, desde esta perspectiva, limitar la penetración de referentes culturales ajenos que pudieran diluir el proyecto político en curso (Mendoza, 2010).

La deportación, más que una medida puntual, fue un acto ejemplificador. Buscaba establecer límites claros sobre lo que era aceptable dentro del espacio cultural peruano, enviando un mensaje tanto a la población como a otros artistas. En ese sentido, el episodio se inscribe en una política más amplia de regulación cultural (Grunenberg, 2015).

Repercusiones históricas: memoria, cultura y libertad

Las consecuencias de la expulsión de Carlos Santana trascendieron el momento inmediato y se proyectaron en la memoria cultural del país. Para muchos sectores, el episodio se convirtió en un símbolo de los límites impuestos a la libertad artística durante el gobierno militar. La relación entre Estado y cultura quedó marcada por esta y otras decisiones similares (Klarén, 2004).

En el ámbito musical, la censura contribuyó a reforzar una escena alternativa que buscaba espacios de expresión fuera de los circuitos oficiales. Paradójicamente, la restricción generó nuevas formas de creatividad y resistencia, evidenciando que la cultura no puede ser completamente contenida por estructuras de poder (Mendoza, 2010).

Con el paso del tiempo, la figura de Santana continuó creciendo a nivel internacional, consolidándose como un referente global. Su ausencia forzada en el Perú adquirió un carácter casi mítico, recordado como un episodio que ilustra las tensiones entre apertura cultural y control político (Perone, 2012).

Finalmente, el caso permite reflexionar sobre la compleja relación entre identidad nacional y globalización cultural. Lejos de resolverse de manera definitiva, este dilema sigue presente en distintas formas en la actualidad, recordando que la cultura es siempre un terreno en disputa (Cotler, 2005).

Bibliografía

Cotler, J. (2005). Clases, Estado y nación en el Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Grunenberg, C. (2015). Art and Power in Latin America. Phaidon Press.

Klarén, P. (2004). Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos.

Mendoza, Z. (2010). Creating Our Own: Folklore, Performance, and Identity in Cuzco, Peru. Duke University Press.

Perone, J. (2012). The Sound of Latin Music. ABC-CLIO.