Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
2 de octubre del 2026
Cada octubre, Lima se viste de morado. El incienso, los cantos y el paso de las andas anuncian una devoción que acompaña a la ciudad desde hace más de tres siglos. El Señor de los Milagros es una expresión de fe y, al mismo tiempo, una memoria colectiva hecha de calles, familias, música y promesas. (Julia Costilla, 2016).
Su historia comenzó en Pachacamilla, entre pobladores afrodescendientes de la Lima colonial. Con el tiempo, la devoción cruzó fronteras sociales y geográficas hasta convertirse en una de las tradiciones religiosas más reconocibles del Perú. Esa expansión no debe borrar su origen: recordar a la comunidad que estuvo en sus comienzos permite comprender mejor la historia del Cristo Moreno. (Julia Costilla, 2016).
Pachacamilla: el origen de una devoción
En el siglo XVII, Pachacamilla era un espacio habitado por población africana y sus descendientes. Allí, según la tradición, un integrante de la comunidad angoleña pintó sobre un muro de adobe la imagen de Cristo crucificado. No se ha establecido documentalmente la identidad del autor; sí se conoce la importancia que aquella representación adquirió como lugar de reunión y expresión religiosa para sus primeros devotos. (Julia Costilla, 2016).
El terremoto de 1655 destruyó numerosas construcciones de Lima, pero el muro con la imagen permaneció en pie, de acuerdo con la memoria transmitida por los creyentes. El hecho fue interpretado como señal milagrosa y fortaleció el culto. La lectura religiosa del acontecimiento expresó la respuesta de una comunidad que vivía bajo la amenaza constante de los terremotos. (Julia Costilla, 2016).
Otro gran sismo, en 1687, dañó la ciudad y dio nuevo impulso a la devoción. Sebastián Antuñano promovió entonces procesiones con la imagen sobre un lienzo. El culto salió de su espacio inicial y empezó a recorrer Lima: las calles se convirtieron en escenario de oración, encuentro y memoria. (Raúl Banchero Castellano, 1972).
A lo largo de los siglos, la organización religiosa se hizo más estable y el santuario de las Nazarenas adquirió un papel central. La tradición tomó forma mediante la participación de devotos, religiosas, cargadores, sahumadoras y cantoras. La historia del Señor de los Milagros es también la de quienes sostuvieron su culto generación tras generación. (Raúl Banchero Castellano, 1972).
Una tradición que se organiza y se transforma
La procesión reúne grupos con responsabilidades distintas. Las cuadrillas cargan las andas; las sahumadoras acompañan el recorrido con incienso, y las cantoras sostienen el repertorio religioso. La Hermandad conserva normas, funciones y formas de transmisión que permiten organizar una celebración multitudinaria. (Raúl Banchero Castellano, 1972).
La devoción incorporó a personas de diversos orígenes y sectores sociales. Esa integración convirtió al Cristo de Pachacamilla en símbolo compartido, aunque algunas narraciones dejaron en segundo plano su raíz afrodescendiente. Reconocerla devuelve a sus primeros protagonistas el lugar que les corresponde. (Julia Costilla, 2016).
El hábito morado, las velas, las flores y los cantos forman un lenguaje que se aprende en casa y en la calle. Muchos acompañan a sus padres o abuelos antes de comprender plenamente la procesión. Así se transmite la costumbre: mediante gestos y recuerdos que se renuevan cada octubre. (Instituto Nacional de Cultura, 2005).
La festividad fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación el 27 de octubre de 2005. El reconocimiento recae sobre una práctica viva, sostenida por la devoción y la continuidad de sus expresiones religiosas y comunitarias. (Instituto Nacional de Cultura, 2005).
Octubre en la Lima de hoy
La migración llevó la devoción desde Lima a distintas regiones y ciudades del extranjero. Para las comunidades peruanas, las procesiones y hermandades son una forma de mantener vínculos con el país y con la memoria familiar. Cada comunidad incorpora la tradición a su propia vida cotidiana. (Julia Costilla, 2016).
Las transmisiones digitales permiten seguir la festividad desde otras ciudades y países. Cambia la manera de acompañar la procesión, pero la imagen, las cuadrillas y el recorrido mantienen su lugar en la celebración. (Diario Oficial El Peruano, 2026).
En 2026 se han anunciado cinco recorridos: los días 3, 18, 19 y 28 de octubre, y el 1 de noviembre. Las andas partirán del Santuario de las Nazarenas y atravesarán distintos sectores del Centro de Lima, incluido el paso por el Hospital Arzobispo Loayza. (Diario Oficial El Peruano, 2026).
Nacido en una comunidad afrodescendiente de la Lima colonial, el Señor de los Milagros llegó a devotos del Perú y del extranjero. Su fuerza reside en crecer sin renunciar a la memoria de sus orígenes. Cuando las andas vuelven a las calles, octubre reúne pasado y presente en una misma marcha de fe. (Julia Costilla, 2016).
Bibliografía
Banchero Castellano, Raúl. (1972). Lima y el mural de Pachacamilla: historia del Señor de los Milagros de Nazarenas, del monasterio y de la hermandad. Lima: Jurídica.
Costilla, Julia. (2016). “Una práctica negra que ha ganado a los blancos: símbolo, historia y devotos en el culto al Señor de los Milagros de Lima (siglos XIX-XXI)”. Anthropologica, 34(36), 149-176. https://doi.org/10.18800/anthropologica.201601.006
Diario Oficial El Peruano. (30 de septiembre de 2026). “Señor de los Milagros 2026: conoce las fechas y rutas de sus cinco recorridos procesionales”. https://elperuano.pe/noticia/305807–senor-de-los-milagros-2026-conoce-las-fechas-y-rutas-de-sus-cinco-recorridos-procesionales
Instituto Nacional de Cultura. (27 de octubre de 2005). Resolución Directoral Nacional N.º 1454/INC-2005: Declaratoria de la Festividad del Señor de los Milagros como Patrimonio Cultural de la Nación. https://serviciosweb.cultura.gob.pe/dpcn/consulta.jsp?pagina=23





















