Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

8 de setiembre del 2026

Lima ha crecido durante décadas bajo una certeza engañosa: aquí casi nunca llueve. Sobre esa percepción se extendieron barrios, carreteras y viviendas hacia laderas, quebradas y márgenes de ríos que permanecen tranquilos durante buena parte del año. El Niño vuelve ahora a recordar que esa tranquilidad no significa ausencia de riesgo. Grinia Ávalos, jefa del Senamhi, ha advertido que el calentamiento registrado durante 2026 presenta características excepcionales y que Lima debe prepararse ante la posibilidad de lluvias importantes. La amenaza no llega por sorpresa; encuentra una ciudad que conoce desde hace tiempo buena parte de sus debilidades. (Seminario, 2026).

La preparación ha comenzado, pero avanza acompañada por una contradicción preocupante. Mientras los pronósticos climáticos obligan a acelerar trabajos preventivos, varios gobiernos locales todavía mantienen recursos sin ejecutar. Una investigación de El Comercio reveló que nueve de los 18 distritos limeños considerados más vulnerables frente a inundaciones presentan retrasos en el gasto destinado a enfrentar desastres. A los 43 distritos de la capital, en conjunto, todavía les faltaba ejecutar alrededor del 45 % de esos recursos. El tiempo climático corre con mayor rapidez que los procedimientos administrativos. (Falen, 2026).

Una amenaza conocida vuelve sobre Lima

La advertencia adquiere particular importancia porque Lima no necesita recibir las precipitaciones del norte peruano para enfrentar problemas graves. Sus sistemas urbanos fueron construidos en condiciones de escasa lluvia y muchas zonas presentan dificultades para evacuar grandes volúmenes de agua. Ávalos ha señalado que las recientes alteraciones meteorológicas ya permitieron observar sectores vulnerables de la capital. Si El Niño genera precipitaciones de mayor intensidad durante los próximos meses, esas debilidades pueden pasar rápidamente de la incomodidad cotidiana a una emergencia urbana. (Seminario, 2026).

La dimensión del desafío supera, además, cualquier temporada de lluvias. El Niño 2026-2027 coincide con una nueva etapa política y coloca al Estado frente a una prueba de capacidad institucional. Jennifer Vilches ha señalado que el fenómeno constituye uno de los primeros grandes desafíos del nuevo gobierno porque obliga a coordinar prevención, infraestructura y respuesta en un contexto donde las consecuencias pueden afectar simultáneamente territorios, actividades productivas y servicios públicos. En Lima, esa presión se multiplica por la concentración poblacional y por una expansión urbana que durante décadas ocupó espacios naturalmente expuestos. (Vilches, 2026).

El riesgo también tiene una dimensión económica. Cada carretera interrumpida, vivienda afectada o servicio paralizado genera costos que terminan superando ampliamente el terreno donde comenzó la emergencia. Luis Mendiola advierte que el país dispone de un margen reducido para prepararse frente al episodio climático y que los efectos potenciales obligan a considerar no solamente daños materiales, sino interrupciones sobre agricultura, transporte, producción y abastecimiento. Para Lima, una ciudad dependiente de redes intensamente conectadas, un desastre localizado puede adquirir rápidamente consecuencias metropolitanas. (Mendiola, 2026).

Prepararse antes de que llegue el agua

Durante los últimos meses, las alertas han comenzado a traducirse en trabajos de prevención, seguimiento de cauces y preparación institucional. Christian Lengua ha documentado las medidas adoptadas mientras evolucionan las condiciones oceanográficas y meteorológicas, incluyendo información técnica del Senamhi e Indeci y acciones dirigidas a disminuir la exposición de las poblaciones. El reto consiste en que las intervenciones no permanezcan concentradas únicamente en los lugares más visibles. Una ciudad tan extensa necesita llegar a quebradas, riberas y sectores periféricos antes de que el aumento de los caudales determine las prioridades por la fuerza. (Lengua, 2026).

El presupuesto muestra con mayor claridad cuánto falta por hacer. Según Jorge Falen, distritos como Pachacámac, Los Olivos, San Juan de Lurigancho, San Martín de Porres, Ate y Lurigancho-Chosica todavía debían gastar una parte considerable de los recursos destinados a reducción de vulnerabilidad y atención de emergencias. Chosica, particularmente expuesta a la activación de quebradas, aparecía entre los casos más delicados. Un presupuesto asignado representa solamente una posibilidad administrativa; mientras no se transforme en obras, mantenimiento o preparación, no protege a ninguna familia. (Falen, 2026).

La prevención tampoco puede reducirse a movilizar maquinaria cuando aparece una alerta. El problema de fondo está relacionado con la manera en que Lima ha ocupado su territorio. Durante décadas se construyeron viviendas cerca de quebradas, cauces y laderas donde la vulnerabilidad era conocida. El desafío planteado por El Niño exige entonces medidas inmediatas, pero también una política capaz de sobrevivir a la emergencia. La experiencia descrita por Vilches muestra que la respuesta tendrá un componente político inevitable: gobernar el riesgo supone tomar decisiones antes de que el desastre obligue a tomarlas. (Vilches, 2026).

También existe una dimensión logística que suele recibir menos atención. Un fenómeno intenso puede afectar carreteras y aislar localidades, complicando la distribución de alimentos, medicamentos y otros bienes esenciales. Las advertencias recogidas por Christian Lengua muestran que distintos sectores ya evalúan adelantar abastecimientos hacia zonas que podrían quedar incomunicadas durante las lluvias. Esa preocupación recuerda que la preparación de Lima no termina en la defensa de un río: incluye garantizar que la ciudad pueda continuar funcionando cuando determinadas rutas, servicios o conexiones sean interrumpidas temporalmente. (Lengua, 2026).

La verdadera prueba llegará con las lluvias

Lima posee una ventaja que no siempre tuvo frente a otros desastres: la amenaza ha sido anunciada con anticipación. Existen pronósticos, información territorial, antecedentes históricos y recursos destinados a prevención. Esa anticipación debería permitir revisar infraestructura y preparar respuestas antes del periodo más complicado. La advertencia de la jefa del Senamhi resulta especialmente clara porque no presenta las posibles lluvias como una certeza uniforme sobre toda la ciudad, sino como un riesgo que debe ser considerado con seriedad. Prepararse implica trabajar con escenarios antes de conocer cuál terminará ocurriendo. (Seminario, 2026).

El comportamiento del gasto público será uno de los indicadores más concretos para medir esa preparación. La investigación de El Comercio muestra que el problema no es únicamente disponer de dinero, sino convertirlo oportunamente en reducción de vulnerabilidad. Cuando faltan pocos meses para la temporada de mayor riesgo, los retrasos dejan de ser una discusión exclusivamente presupuestal. Cada intervención pendiente puede representar una quebrada sin atender, una defensa inconclusa o una población que continúa expuesta. El Niño convierte así la ejecución administrativa en un asunto directamente relacionado con la seguridad urbana. (Falen, 2026).

Los próximos meses mostrarán hasta dónde llegó esa preparación. El calentamiento del mar continuará siendo vigilado, las autoridades seguirán ajustando sus escenarios y las obras preventivas avanzarán bajo una presión creciente. Pero Lima enfrenta algo más profundo que una temporada excepcional: enfrenta las consecuencias de haber convivido durante décadas con riesgos conocidos sin resolverlos plenamente. El Niño vuelve a colocar los ríos y quebradas dentro de la conversación pública. La diferencia entre una ciudad advertida y una ciudad preparada dependerá de cuánto haya sido capaz de hacer antes de que llegue el agua. (Mendiola, 2026).

Referencias

Falen, Jorge. (2026, 6 de septiembre). Fenómeno El Niño: 9 de los 18 distritos limeños más vulnerables están retrasados en el gasto para desastres. El Comercio.

Lengua, Christian. (2026, 24 de agosto). Fenómeno El Niño EN VIVO: últimas noticias, alertas climáticas y trabajos de prevención en Perú. Infobae Perú.

Mendiola, Luis. (2026, 15 de agosto). Fenómeno El Niño: ¿está preparada la economía peruana para un nuevo impacto? Infobae Perú.

Seminario, Diana. (2026, 2 de septiembre). Jefa del Senamhi: “Nunca antes hemos tenido un calentamiento de esta magnitud” [Entrevista]. El Comercio.

Vilches, Jennifer. (2026, 24 de junio). El Niño 2026-2027: la primera prueba del nuevo gobierno. Infobae Perú.