Artículo de información

José Carlos Botto Cayo

25 de setiembre del 2026

La Quinta de Presa forma parte de ese antiguo Rímac que todavía puede encontrarse detrás de algunas paredes, patios y portones que han sobrevivido al crecimiento de Lima. Su historia permite conocer cómo vivían determinadas familias en el siglo XVIII, qué papel cumplían las casas de recreo, cómo funcionaba el molino que acompañó al inmueble y por qué, con el paso del tiempo, terminó apareciendo alrededor de ella una de las leyendas más conocidas sobre la Perricholi. También permite seguir los distintos intentos realizados para impedir que este espacio desaparezca. (Ministerio de Cultura del Perú, 2014).

Hoy la quinta vuelve a llamar la atención por los proyectos destinados a recuperarla y abrirla nuevamente al público. Esa posibilidad lleva a mirar no solamente su arquitectura, sino también las historias que se fueron acumulando dentro de ella: los propietarios, quienes trabajaron en sus ambientes, los cambios producidos durante la República y la larga discusión acerca de qué hacer con un monumento cuando deja de cumplir la función para la cual fue construido. Allí se encuentra buena parte del interés de la Quinta de Presa. (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2023).

Del molino a la casa de recreo

Antes de la quinta estuvo el molino. En 1727 la propiedad pasó a manos de Isabel de la Presa, cuyo apellido terminaría dando nombre al lugar. Posteriormente fue heredada por su sobrino Pedro José Carrillo de Albornoz, quien construyó junto al molino una residencia destinada al descanso. En aquellos años, el Rímac todavía ofrecía una combinación de huertas, terrenos abiertos, molinos y casas de recreo relativamente cercanas al centro de Lima. Para algunas familias acomodadas, cruzar el río significaba alejarse por unas horas de la vida urbana sin abandonar realmente la ciudad. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

La casa y el molino formaban parte de una misma propiedad, pero cumplían funciones diferentes. La residencia se organizaba alrededor de un patio de ingreso, con la construcción principal en el centro y un jardín posterior. En una de las alas se encontraban el molino y los depósitos; en la otra estaban las dependencias de servicio y los espacios utilizados por criados y personas esclavizadas. De esta manera, una sola propiedad reunía el descanso de sus dueños y el trabajo cotidiano de quienes hacían posible su funcionamiento. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

Ese detalle es importante porque permite mirar la quinta más allá de su decoración. Su arquitectura rococó y sus ambientes muestran el gusto de una época, pero también la forma en que estaba organizada aquella sociedad. Había lugares destinados a recibir, pasear o descansar y otros donde se desarrollaban las tareas necesarias para mantener la casa y el molino. La construcción terminaba mostrando, sin necesidad de palabras, las diferencias sociales que existían entre quienes habitaban una misma propiedad. (Ministerio de Cultura del Perú, 2014).

Con el paso de los años, aquel paisaje comenzó a desaparecer. Lima creció, el Rímac dejó de tener el carácter campestre de otros tiempos y muchas propiedades fueron transformadas o demolidas. La Quinta de Presa logró permanecer. Quizá por ello resulta hoy tan interesante: permite imaginar una zona de la ciudad muy distinta a la que conocemos, cuando detrás de los caminos y las casas todavía era posible encontrar huertas, molinos y espacios destinados al descanso. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

La Perricholi y la fuerza de una leyenda

Una de las historias más repetidas afirma que el virrey Manuel de Amat regaló la Quinta de Presa a Micaela Villegas, la Perricholi. Durante décadas, esa versión pasó de una generación a otra y terminó incorporándose a muchas historias sobre la Lima virreinal. Resultaba fácil aceptarla: el romance entre ambos fue real y alrededor de ellos aparecieron numerosos relatos que mezclaron hechos comprobados con anécdotas difíciles de demostrar. La documentación conocida sobre la quinta, sin embargo, señala otro origen y la vincula con la familia Carrillo de Albornoz. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

La leyenda no necesita desaparecer por ello. Puede seguir formando parte de la tradición limeña siempre que se diferencie aquello que está documentado de aquello que fue creciendo con los años. La Perricholi ocupó un lugar importante en la vida cultural del siglo XVIII y su relación con Amat dejó suficientes episodios como para alimentar la imaginación popular. Pero la Quinta de Presa tiene una historia propia que resulta igualmente interesante sin necesidad de convertirla en escenario de aquel romance. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

A veces ocurre que una historia repetida muchas veces termina pareciendo cierta. Eso ha sucedido con distintos lugares de Lima, donde la tradición terminó colocando personajes conocidos en casas, calles o acontecimientos que en realidad pertenecían a otras historias. En el caso de la Quinta de Presa, separar ambos caminos ayuda a comprender mejor tanto al edificio como a la propia leyenda. Una cosa es conocer lo que ocurrió y otra, igualmente interesante, descubrir lo que Lima decidió contar sobre su pasado. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

Durante la República la propiedad continuó cambiando. En 1920 pasó a manos del Estado y posteriormente tuvo diferentes usos. En 1972 fue reconocida como monumento histórico y, años después, se desarrollaron trabajos para recuperarla. En 1985 se inauguró una restauración parcial realizada por el Instituto Nacional de Cultura con apoyo del Banco de la Vivienda del Perú. No se trataba, entonces, del primer intento por salvar la quinta, sino de uno de varios esfuerzos realizados a lo largo del tiempo. (Banco de la Vivienda del Perú, 1985).

El regreso de la Quinta de Presa

En septiembre de 2014 se anunció una alianza destinada a impulsar una nueva restauración del inmueble. La propuesta incluía estudios técnicos, la preparación de un expediente y la búsqueda de un sistema que permitiera mantener la quinta después de terminadas las obras. Ese último aspecto suele ser el más difícil. Restaurar un edificio puede demandar varios años, pero conservarlo exige vigilancia, presupuesto y mantenimiento permanente. De poco sirve recuperar una casa histórica si después vuelve a cerrarse y comienza nuevamente a deteriorarse. (Ministerio de Cultura del Perú, 2014).

En 2023 apareció otro elemento importante. La Quinta y Molino de Presa quedaron incorporados a la ampliación de los límites del Centro Histórico de Lima reconocido como Patrimonio Mundial. Al mismo tiempo se trabajaba en un expediente técnico que comprendía la casona, el molino, los elementos ornamentales, los senderos y otros espacios del conjunto. La idea no era recuperar únicamente aquello que puede verse desde afuera, sino trabajar sobre los distintos ambientes que explican cómo funcionó realmente la propiedad. (Unidad Ejecutora de Inversión en Comercio Exterior y Turismo, 2023).

En agosto de 2026 se anunció que el lugar podría abrir nuevamente sus puertas con espacios gastronómicos, museográficos, de exposición y recreación. La posibilidad despierta interés, pero también plantea una pregunta sencilla: ¿cómo darle nuevos usos a una construcción del siglo XVIII sin hacer que pierda aquello que la convierte en especial? Los restaurantes y otras actividades pueden atraer visitantes, pero la quinta no debería terminar convertida únicamente en un escenario agradable. Quien ingrese tendría que poder saber qué fue aquel lugar y por qué sobrevivió. (Málaga Fuenzalida, 2026).

Ese puede ser también el punto de encuentro con el Rímac actual. Los escolares podrían conocer allí parte de la historia de su distrito, los visitantes entender cómo trabajaba un antiguo molino y los vecinos recuperar un espacio que durante muchos años permaneció fuera de la vida cotidiana. Una casa histórica permanece realmente cuando vuelve a ser conocida. La Quinta de Presa ha sobrevivido a casi tres siglos de cambios; ahora el reto consiste en hacer que su nueva vida no borre la historia que todavía permanece detrás de su portón. (Unidad Ejecutora de Inversión en Comercio Exterior y Turismo, 2023).

Bibliografía

Banco de la Vivienda del Perú. (1985). La Quinta y Molino de Presa. Banco de la Vivienda del Perú.
https://hdl.handle.net/20.500.14427/356

Málaga Fuenzalida, Luis Mauricio. (2026, 19 de agosto). Quinta de Presa reabrirá con cadenas de restaurantes en el Rímac. Cosas.
https://cosas.pe/actualidad/quinta-de-presa-reabrira-con-cadenas-de-restaurantes-en-el-rimac

Ministerio de Cultura del Perú. (2014, 19 de septiembre). Ministerios de Cultura y de Comercio Exterior y Turismo, el World Monuments Fund Perú y el Patronato del Rímac suscriben alianza público-privada para poner en valor la histórica Quinta de Presa. Plataforma Digital Única del Estado Peruano.
https://www.gob.pe/institucion/cultura/noticias/46886-ministerios-de-cultura-y-de-comercio-exterior-y-turismo-el-world-monuments-fund-peru-y-el-patronato-del-rimac-suscriben-alianza-publico-privada-para-poner-en-valor-la-historica-quinta-de-presa

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. (2023). Historic Centre of Lima: Minor Boundary Modification. UNESCO World Heritage Centre.
https://whc.unesco.org/en/documents/199918

Unidad Ejecutora de Inversión en Comercio Exterior y Turismo. (2023, 23 de octubre). Plan Copesco Nacional reafirma compromiso para restaurar y poner en valor la Quinta de Presa. Plataforma Digital Única del Estado Peruano.
https://www.gob.pe/institucion/uicet/noticias/855028-plan-copesco-nacional-reafirma-compromiso-para-restaurar-y-poner-en-valor-la-quinta-de-presa