Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
15 de setiembre del 2026
Quienes nacimos a finales de los años sesenta tenemos casi la misma edad que la informática moderna en el Perú. En 1969, la Universidad Nacional de Ingeniería adquirió la primera computadora mainframe del país, según la cronología elaborada por Erick Iriarte Ahón. Sin embargo, aquella máquina ocupaba una sala y pertenecía a un mundo reservado para técnicos e instituciones. En nuestras casas mandaban la radio, el periódico, la libreta, la máquina de escribir y, cuando había uno, el teléfono fijo. La información llegaba a una hora determinada y había que saber esperar. (Iriarte Ahón, 2026).
El mundo suele llamarnos Generación X, pero esa etiqueta importada no alcanza a contener la experiencia peruana. Atravesamos el gobierno militar, el regreso de la democracia, la violencia terrorista, la hiperinflación, el fujimorismo, la recuperación económica, la llegada de Internet, la pandemia y una sucesión de presidentes que volvió incierto lo que antes parecía estable. No somos nativos digitales: somos testigos de una transformación completa. Aprendimos a pasar del papel carbón al procesador de textos, de la carta al correo electrónico y de la fila frente a una ventanilla a una aplicación en el teléfono. La gran paradoja es evidente: el ciudadano peruano aprendió a adaptarse con enorme rapidez, mientras la política y las instituciones avanzaron con mucha mayor lentitud. (Contreras Carranza y Cueto Caballero, 2007).
Una infancia entre reformas y señales analógicas
Los nacidos entre 1967 y 1969 llegaron a un país gobernado por las Fuerzas Armadas. El golpe de Estado de 1968 encabezado por Juan Velasco Alvarado abrió una etapa de reformas profundas. La reforma agraria, las nacionalizaciones y los cambios educativos alteraron antiguas relaciones de poder, pero también produjeron tensiones, burocracia y una economía cada vez más difícil. En 1975, Francisco Morales Bermúdez reemplazó a Velasco e inició un tránsito que terminaría con la Constitución de 1979 y las elecciones generales de 1980. (Contreras Carranza y Cueto Caballero, 2007).
La tecnología de aquellos años era, sobre todo, una tecnología de recepción. La radio hablaba y la familia escuchaba; la televisión transmitía y el público miraba; el periódico llegaba impreso y la discusión empezaba después. No existía la respuesta inmediata ni el comentario permanente. Tampoco hubo una sola infancia peruana. Mientras algunos hogares urbanos incorporaban el televisor en color o una línea telefónica, numerosas comunidades andinas y amazónicas seguían esperando electricidad, carreteras y servicios elementales. (Contreras Carranza y Cueto Caballero, 2007).
Cuando Fernando Belaúnde Terry volvió al poder en 1980, esta generación tenía alrededor de once o doce años. El retorno a las urnas hizo pensar que el país retomaría un camino institucional. Sin embargo, la democracia regresó acompañada por una violencia que pronto desbordaría al Estado. La adolescencia no transcurrió únicamente entre nuevas músicas, cines de barrio y cuadernos escolares; también quedó marcada por noticias de atentados, estados de emergencia y un temor que fue extendiéndose desde las provincias hacia Lima. (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003).
La juventud en los años del miedo
El Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso inició su lucha armada en 1980 y convirtió el terror en método político. Más adelante actuó también el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. La respuesta estatal consiguió enfrentar a esas organizaciones, pero incluyó graves violaciones de derechos humanos. Los pueblos rurales soportaron el mayor peso de la tragedia; en las ciudades quedaron los apagones, los coches bomba, los toques de queda y la sensación de que cualquier rutina podía romperse de pronto. (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003).
La Comisión de la Verdad y Reconciliación definió el periodo 1980-2000 como el episodio de violencia más intenso, extenso y prolongado de la historia republicana, y estimó en aproximadamente 69 280 el número de personas muertas o desaparecidas. Su informe mostró además que el sufrimiento estuvo distribuido de manera profundamente desigual: el Perú rural, pobre y quechuahablante fue el menos escuchado y el más golpeado. Para una generación que empezaba a estudiar, trabajar y formar una familia, aquella realidad dejó una mezcla persistente de desconfianza, prudencia y necesidad de sobrevivir. (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003).
A la violencia se sumó el derrumbe económico. Durante el primer gobierno de Alan García Pérez, la inflación destruyó salarios y ahorros, los productos cambiaban de precio en cuestión de horas y el inti perdió valor casi al mismo tiempo que llegaba a las manos. El Instituto Nacional de Estadística e Informática registra una inflación anual de 7 649,6 % en 1990. Muchos jóvenes ingresaron al mundo laboral en medio de la escasez, el empleo informal y la migración interna o externa. Aprendieron que la estabilidad no era una promesa, sino una tarea cotidiana. (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2021).
La modernidad, pese a todo, seguía entrando por rendijas. Aparecieron las calculadoras electrónicas, los casetes, el VHS, los videojuegos y las primeras computadoras personales. En oficinas y redacciones, la máquina de escribir comenzó a compartir la mesa con monitores de letras verdes. El acceso no fue igual ni el cambio ocurrió al mismo tiempo en cada región, pero se estaba formando una nueva relación con la información: el texto podía corregirse sin empezar la página nuevamente y los datos podían guardarse en un disquete. Parecía un cambio pequeño; en realidad, estaba modificando la manera de pensar el trabajo. (Iriarte Ahón, 2026).
Los noventa: estabilidad, autoritarismo y conexión
Alberto Fujimori llegó a la presidencia en 1990, cuando el país reclamaba orden y una salida a la crisis. El programa de ajuste fue doloroso, pero la inflación comenzó a retroceder. La captura de Abimael Guzmán por el Grupo Especial de Inteligencia en 1992 representó un golpe decisivo contra Sendero Luminoso. Sin embargo, ese mismo año, el autogolpe del 5 de abril cerró el Congreso e inició una concentración autoritaria del poder. La década reunió pacificación, reformas económicas y modernización, pero también corrupción, control político y violaciones de derechos fundamentales. Ninguna mirada seria debe borrar una mitad para justificar la otra. (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2003).
La telefonía móvil había llegado al Perú en 1990 como un servicio costoso y minoritario. En 1994 se privatizaron la Compañía Peruana de Teléfonos y la Empresa Nacional de Telecomunicaciones. La infraestructura se amplió y el teléfono dejó de ser, lentamente, un privilegio excepcional. Aquella apertura tuvo costos, problemas de competencia y largos debates regulatorios, pero cambió el mapa de las comunicaciones. El país comenzó a hablar con mayor rapidez, aunque todavía no necesariamente a comprenderse mejor. (Iriarte Ahón, 2026).
En diciembre de 1991 salió desde el Perú el primer correo electrónico documentado por la Red Científica Peruana. En 1994 se estableció la conexión permanente a Internet y se instaló en el Centro Cultural Ricardo Palma una cabina pública con cuarenta computadoras. La cronología de Erick Iriarte Ahón permite seguir ese tránsito desde las redes académicas hasta las primeras páginas web, medios digitales y servicios en línea. La gran invención social peruana no fue únicamente conectarse, sino hacerlo mediante cabinas públicas, pagando por minutos y compartiendo el acceso. (Iriarte Ahón, 2026).
Para quienes ya eran adultos, Internet no llegó como una costumbre infantil. Hubo que aprender palabras nuevas: módem, navegador, buscador, correo, archivo adjunto. También hubo que aceptar que el conocimiento ya no estaría guardado solamente en bibliotecas, redacciones o ministerios. El ciudadano dejaba de ser un receptor silencioso y podía comenzar a publicar, responder y organizarse. Allí apareció una posibilidad democrática que el país todavía no ha terminado de aprovechar. (Iriarte Ahón, 2026).
Kybernesis y el primer municipio virtual
En 1997, la Asociación Kybernesis desarrolló en Villa El Salvador una experiencia recordada como el primer municipio virtual del Perú. El proyecto reunió a la población organizada, la municipalidad, la propia asociación y entidades privadas. Cinco locales comunales fueron acondicionados como cabinas públicas, con veinte computadoras y equipos de videoconferencia conectados con el local municipal durante una sesión del Concejo. Los vecinos pudieron formular preguntas por correo electrónico y videoconferencia, además de participar en una votación referencial antes de la decisión oficial de los regidores. (Botto Cayo y Oruna Rodríguez, 2024).
El valor de aquella iniciativa no radicaba solamente en sus equipos. En una época de conexiones lentas y computadoras costosas, Kybernesis entendió que la tecnología debía acercar al vecino a la autoridad. No se trataba de colocar información municipal en una pantalla, sino de abrir un canal de participación en tiempo real. Villa El Salvador, formada sobre una poderosa tradición de organización vecinal y autogestión, era el lugar apropiado para demostrar que una red digital también podía fortalecer una comunidad real. (Botto Cayo y Oruna Rodríguez, 2024).
El proyecto se adelantó a las actuales sesiones virtuales, los portales de transparencia y las plataformas de atención ciudadana. El artículo de José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez reconstruye sus principales características y recuerda una lección que conserva plena vigencia: digitalizar el Estado no consiste en trasladar formularios a Internet. Significa escuchar, responder y permitir que la población intervenga. Una pantalla que no abre diálogo es apenas una ventanilla más, aunque brille. (Botto Cayo y Oruna Rodríguez, 2024).
De la cabina pública al teléfono que cabe en la mano
Después de la caída del régimen de Alberto Fujimori en el año 2000, el Perú recuperó cierta continuidad presidencial. Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala concluyeron sus periodos constitucionales, aunque la debilidad de los partidos y las denuncias de corrupción continuaron creciendo. Mientras la política conservaba viejos problemas, el cambio tecnológico se aceleró: llegó la banda ancha residencial, las cabinas se multiplicaron, aparecieron los blogs y las redes sociales, y desde 2008 la expansión de la tecnología 3G comenzó a sacar Internet de la computadora para llevarlo al bolsillo. (Iriarte Ahón, 2026).
La generación nacida al final de los sesenta volvió a aprender. Incorporó el correo electrónico al trabajo, reemplazó archivos físicos por documentos digitales, usó la banca en línea y descubrió que un teléfono podía ser cámara, agenda, biblioteca y sala de redacción. No abandonó por completo sus hábitos anteriores: continuó valorando el papel, la conversación directa y la comprobación paciente de los hechos. Esa doble experiencia, analógica y digital, constituye una fortaleza cuando se la acompaña de criterio. (Iriarte Ahón, 2026).
La pandemia de 2020 aceleró el cambio de una manera brutal. El trabajo, la educación, las compras, las consultas médicas y los trámites tuvieron que trasladarse a la red. Al mismo tiempo, quedaron expuestas las desigualdades: no era lo mismo tener un teléfono que contar con buena conexión, un equipo apropiado y conocimientos suficientes. La tecnología permitió sostener actividades esenciales, pero también confirmó que la brecha digital es una nueva forma de desigualdad social. (Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones, 2026).
Los datos actuales muestran el tamaño del salto. La Encuesta Residencial de Servicios de Telecomunicaciones 2025 informó que el 96 % de los hogares peruanos tenía acceso a Internet fijo o móvil; en el ámbito rural, la cobertura llegó al 85,8 %, frente al 41,5 % registrado en 2019. Asimismo, el 95,4 % de los hogares contaba con al menos un teléfono inteligente. El consumo de datos móviles alcanzó 2,32 millones de terabytes en el primer trimestre de 2026, tres veces el nivel de cinco años atrás, según el Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones. Nunca estuvimos tan conectados; eso no significa que estemos igualmente informados. (Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones, 2026).
Un país conectado y políticamente inestable
Desde 2016, la continuidad presidencial se quebró. Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte, José Jerí, José Balcázar y Keiko Fujimori ocuparon sucesivamente la jefatura del Estado. En febrero de 2026, la elección de Balcázar como mandatario interino lo convirtió en el octavo presidente de este ciclo de inestabilidad, según la reconstrucción de Lucinda Elliott y Natalia Siniawski para Reuters. El 28 de julio de 2026, Keiko Fujimori juró como presidenta constitucional, convirtiéndose en la novena jefa de Estado del periodo iniciado diez años antes. (Elliott y Siniawski, 2026; Diario Oficial El Peruano, 2026).
La generación que entró en la adultez durante el ascenso de Alberto Fujimori observa ahora el retorno del fujimorismo al Poder Ejecutivo bajo el liderazgo de su hija. El Perú de 2026 no es el de 1990 y la comparación mecánica sería injusta, pero ciertas preguntas permanecen: cuánto poder debe concentrar un gobierno para enfrentar la inseguridad, qué límites no pueden sacrificarse en nombre del orden y cómo recuperar la confianza sin debilitar las instituciones. Haber vivido aquellos años obliga a mirar el presente con memoria, no con consignas. (Diario Oficial El Peruano, 2026).
Las redes sociales modificaron la forma de experimentar cada crisis. Antes, la noticia política aguardaba el cierre de una edición o el horario de un noticiero. Hoy, una declaración, una votación o una denuncia recorre el país en segundos. Esa velocidad amplía la vigilancia ciudadana, pero también favorece versiones incompletas, campañas de desinformación y juicios dictados antes de conocer los hechos. El ciudadano tiene más información al alcance de la mano y, paradójicamente, necesita trabajar mucho más para distinguir lo verdadero de lo verosímil. (UNESCO, s. f.).
La tecnología puede reducir colas, transparentar compras públicas, conservar expedientes y acercar servicios a lugares apartados. No puede, por sí sola, crear partidos sólidos, independencia de poderes ni respeto por las reglas. Un Estado lleno de plataformas seguirá siendo débil si sus instituciones cambian de rumbo con cada enfrentamiento. El Perú ha modernizado sus instrumentos con una rapidez admirable, pero todavía debe modernizar su cultura política sin renunciar a principios antiguos y necesarios: responsabilidad, palabra empeñada, autoridad limitada por la ley y servicio al bien común. (OCDE, 2019).
La generación del puente
Ahora aparece una nueva frontera: la inteligencia artificial. Quienes comenzaron escribiendo a máquina pueden dictar un texto a un teléfono, traducirlo en segundos, generar una imagen o analizar miles de datos. La respuesta no debe ser el rechazo temeroso ni la obediencia fascinada. Cada herramienta necesita una finalidad humana y una regla ética. La experiencia enseña que toda novedad promete libertad, pero también puede concentrar poder, manipular información y volver dependiente a quien deja de pensar por sí mismo. (UNESCO, 2021).
Esta generación conserva algo valioso para el tiempo de los algoritmos: recuerda que no todo lo rápido es verdadero y que una fuente debe comprobarse antes de repetirla. Conoce el valor del archivo, de la conversación frente a frente y de la memoria que no depende de una cuenta digital. También sabe adaptarse, porque ya lo hizo frente a cada crisis. Su tarea no es competir con los jóvenes, sino unir dos mundos: transmitir criterio mientras aprende nuevas herramientas. (UNESCO, s. f.).
La experiencia de Kybernesis ofrece una brújula. La mejor tecnología no es la que deslumbra, sino la que acerca a las personas y mejora una institución. Los peruanos nacidos al final de los sesenta cambiaron muchas veces porque el país no les dejó otra alternativa. Pasaron del transistor al algoritmo, del miedo a la esperanza y de la espera a la comunicación instantánea. Ahora el desafío es mayor: conseguir que la velocidad tecnológica sirva a una democracia estable. Ya aprendimos a cambiar de máquinas; el Perú debe aprender a conservar sus reglas. (Botto Cayo y Oruna Rodríguez, 2024).
Bibliografía
Botto Cayo, José Carlos, y Oruna Rodríguez, Abel Marcial. (2024). Kybernesis: el proyecto pionero que redefinió la participación ciudadana. Asociación para el Desarrollo Profesional Interdisciplinario. https://www.adeprin.org/kybernesis-el-proyecto-pionero-que-redefinio-la-participacion-ciudadana/
Comisión de la Verdad y Reconciliación. (2003). Informe final: conclusiones generales. https://www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php
Contreras Carranza, Carlos Alberto, y Cueto Caballero, Marcos. (2007). Historia del Perú contemporáneo: desde las luchas por la independencia hasta el presente (4.ª ed.). Instituto de Estudios Peruanos. https://books.google.com.pe/books?id=FCtS1cnppfMC
Diario Oficial El Peruano. (2026). Keiko Fujimori jura como presidenta de la República para el periodo 2026-2031. https://elperuano.pe/noticia/301264-keiko-fujimori-jura-como-presidenta-de-la-republica-para-el-periodo-2026-2031
Elliott, Lucinda, y Siniawski, Natalia. (2026). Peru installs Jose Balcazar as interim president after Jeri ousted in political upheaval. Reuters. https://www.reuters.com/world/americas/peru-congress-elects-jose-balcazar-new-interim-president-2026-02-19/
Iriarte Ahón, Erick. (2026). Datos para la crónica del Internet en el Perú: 35 años de Internet. IALAW. https://www.iriartelaw.com/2026/08/23/datos-para-la-cronica-del-internet-en-el-peru-35-anos-de-internet/
Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2021). Panorama de la economía peruana: 1950-2020. https://www.gob.pe/institucion/inei/informes-publicaciones/3293949-panorama-de-la-economia-peruana-1950-2020
Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones. (2026). Erestel 2025: aumenta a 96 % los hogares peruanos que tienen acceso a Internet fijo o móvil. https://www.gob.pe/institucion/osiptel/noticias/1393824-erestel-2025-aumenta-a-96-los-hogares-peruanos-que-tienen-acceso-a-internet-fijo-o-movil




















