Artículo de opinión

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

 22 de agosto del 2025

 

El circuito salitrero entró en crisis periódicas —cambios de mercado, competencia externa, guerras— que afectaron la estructura empresarial donde los italianos participaban; aun así, la diversificación hacia seguros, importaciones y comercio urbano permitió a varias familias sostener su posición. La presencia de escuelas, mutuales y bomberos operó como capital social acumulado: cuando el negocio flaqueaba, la red servía para reconvertir oficios, recolocar a los hijos, mantener un grado de respeto público y acceso a la administración local que protegía inversiones y reputaciones (Díaz Aguad, 2002).

A escala nacional, en el Perú central, la posguerra no borró sino que consolidó el patrón urbano italiano: pulpería y bodega como base, profesión y empresa como aspiración, bomberos y beneficencia como escuela cívica. La continuidad limeña —en bancos, comercio e institutos de la colonia— sostuvo a familias que, nacidas ya peruanas, pasaron del mostrador al título profesional o al uniforme, y de la esquina a la propiedad urbana; ese desplazamiento social está documentado en licencias, padrones y registros civiles de fines del siglo XIX y comienzos del XX, y se alinea con la trayectoria que la historiografía identifica como típica en la colonia (Sater, 2016).

Continuidades limeñas: del mostrador a la profesión y a la ciudadanía

En Lima y Callao, el censo, los registros de licencias y los protocolos notariales dejan ver, entre 1880 y 1910, una colonia densamente entretejida en el comercio minorista y con ramificaciones en la importación, el crédito y la banca. La Sociedad Italiana de Beneficencia, los colegios de la colectividad y las compañías de bomberos fueron los vectores de integración de los hijos nacidos ya en el Perú hacia oficios técnicos (mecánicos, tipógrafos, maestros) y profesiones (médicos, dentistas, abogados), mientras las mujeres italianas y peruanas articulaban redes familiares que estabilizaban comercios y permitían ahorro intergeneracional; el resultado fue un ascenso medible en la propiedad urbana y en la visibilidad cívica de apellidos italianos en la capital (Paris, 1982).

La escuela —laica o confesional, propia o pública— aparece de manera constante en expedientes de la colonia: padres comerciantes sostienen la educación de hijos que obtienen títulos y matrículas profesionales; a su vez, esos hijos devienen notables de barrio o funcionarios, con una ética de archivo (guardar recibos, preservar actas) que hoy agradece el historiador. La beneficencia y los bomberos continúan como tradiciones que refuerzan la pertenencia a la ciudad y dan legitimidad pública a quienes, por origen, llegaron como extranjeros pero que, por trayectoria, se hicieron peruanos de servicio, vecindad y firma (Chiaramonte, 1983).

La ciudadanía cotidiana —padrón, impuesto, servicio— fue construida con meticulosidad: la colonia italiana limeña aparece en padrones de extranjeros (cuando correspondía), en listas municipales de propietarios, en protocolos de arrendamiento y venta; los cambios de razón social, las sucesiones y los créditos dejan un papel que permite seguir la curva de movilidad familiar. Vista desde arriba, esa trama luce modesta; vista de cerca, es una ingeniería silenciosa de integración por trabajo y orden, el tipo de capital social que sostiene una ciudad incluso en ciclos de crisis políticas o económicas (Paris, 1982).

A comienzos del siglo XX, ese proceso ya ha madurado: la colonia se renueva con nacidos en el Perú, conserva sus instituciones y se difumina en la ciudadanía sin perder sus señales de origen (apellidos, fiestas, beneficencia, compañías). No hay paradoja: la identidad italiana se vuelve historia de Lima y del Callao; la contribución medida en servicios, comercio y oficios—y más tarde en profesiones—queda incorporada en la memoria urbana y en la estructura económica del país, del muelle al mercado, del mostrador al título, sin necesidad de épicas superfluas (Chiaramonte, 1983).

La inmigración italiana al Perú, en su escala real, modificó la vida urbana: antes de la guerra, organizó el abasto y la confianza de barrio; durante la guerra, sostuvo servicios y neutralidad con pérdidas que aún nos interpelan; después, consolidó una clase media de comercios y profesiones que se integró a la ciudad por instituciones y trabajo. Ese recorrido —puerto, barrio, oficio, ciudadanía— no requiere adornos: la evidencia basta y sobra, y es una lección práctica para entender cómo comunidades extranjeras contribuyen a estados frágiles desde lo civil, sin ruido y con resultados duraderos (Paris, 1982).

Referencias (APA)

Adeprin. (2016, 17 de octubre). La masacre chilena de los trece bomberos italianos de Chorrillos: criminales de guerra del país del sur asesinaron a los mártires el 14 de enero de 1881, un día después de la batalla de San Juan. https://adeprin.wordpress.com/2016/10/17/la-masacre-chilena-de-los-trece-bomberos-italianos-de-chorrillos-criminales-de-guerra-del-pais-del-sur-asesinaron-a-los-martires-el-14-de-enero-de-1881-un-dia-despues-de-la-batalla-de-san-juan/

Chiaramonte, G. (1983). La migración italiana en América Latina. El caso peruano. Apuntes: Revista de Ciencias Sociales, 13, 15–36. Universidad del Pacífico.

Cuya Vera, R. (2017, 8 de octubre). La tragedia del fusilamiento de los bomberos garibaldinos italianos en Chorrillos. Portal institucional Grau. https://www.grau.pe/campana-terrestre/la-tragedia-del-fusilamiento-de-los-bomberos-garibaldinos-italianos-en-chorillos/

Díaz Aguad, A. (2002). Apuntes sobre los italianos en la provincia de Tarapacá (1870–1950). Amérique Latine Histoire et Mémoire (ALHIM), (5). OpenEdition.

Guzmán Palomino, L. (2020). Lima, enero de 1881: saqueo, matanza, guerra de razas y Comuna. Desde el Sur, 12(1), 97–125.

Paris, R. (1982). Los italianos en el Perú. Apuntes: Revista de Ciencias Sociales, 12, 33–45. Universidad del Pacífico.

Sater, W. F. (2016). Tragedia andina. La lucha en la Guerra del Pacífico (1879–1884). Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana / Biblioteca Nacional de Chile.