Artículo de información
Jorge Aristides Malqui Espino, José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
31 de marzo del 2026
La historia cultural del Perú ofrece múltiples ejemplos en los que el territorio trasciende su condición geográfica para convertirse en símbolo. En ese proceso, determinados espacios logran proyectarse más allá de sus límites físicos, adquiriendo una dimensión representativa que los inserta en la memoria colectiva. La Huacachina, oasis ubicado en la región Ica, constituye uno de esos casos, en los que la geografía, el turismo y la música convergen en una narrativa que ha perdurado a lo largo del tiempo (Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú, 2020).
En el contexto contemporáneo, el reconocimiento internacional de Huacachina como uno de los oasis más atractivos del mundo ha contribuido a reactivar su visibilidad global. Este tipo de menciones no solo refuerza su valor paisajístico, sino que también invita a revisar su trayectoria histórica, marcada por una temprana consolidación como destino turístico y por su vinculación con expresiones musicales que ampliaron su alcance simbólico (National Geographic, 2024).
La Huacachina como espacio turístico en el siglo XX
El desarrollo de Huacachina como balneario se remonta a las primeras décadas del siglo XX, cuando comenzó a ser frecuentada por visitantes que buscaban descanso y recreación en un entorno natural singular. Durante las décadas de 1930 y 1940, el oasis se consolidó como un destino exótico dentro del circuito turístico nacional, atrayendo tanto a viajeros peruanos como a visitantes extranjeros (Ministerio de Cultura del Perú, 2019).
Este proceso se dio en un contexto en el que el turismo interno empezaba a adquirir mayor relevancia, impulsado por el desarrollo de infraestructura y por la difusión de ciertos paisajes como emblemas del país. La Huacachina, con su laguna rodeada de dunas, ofrecía una imagen distinta a la de otros espacios costeros o andinos, lo que contribuyó a su posicionamiento como lugar singular dentro del imaginario nacional (PromPerú, 2021).
Las actividades sociales desarrolladas en el balneario incluyeron reuniones, celebraciones y encuentros que reforzaron su carácter como espacio de sociabilidad. En ese entorno, la música desempeñó un papel importante, acompañando la experiencia turística y contribuyendo a la construcción de una atmósfera específica asociada al lugar (Ministerio de Cultura del Perú, 2019).
De este modo, la Huacachina dejó de ser únicamente un accidente geográfico para convertirse en un espacio culturalmente cargado, donde la experiencia del paisaje se vinculaba con prácticas sociales y expresiones artísticas que ampliaban su significado (PromPerú, 2021).
La polka “A la Huacachina” y su circulación internacional
En paralelo al desarrollo turístico del oasis, surgió la polka “A la Huacachina”, una composición que logró trascender su origen local para insertarse en circuitos musicales más amplios. La canción, de estructura simple y carácter festivo, se difundió rápidamente, siendo interpretada en distintos contextos y alcanzando una notable circulación fuera del Perú (Romero, 2001).
El proceso de expansión de esta polka se enmarca en una etapa en la que la música popular latinoamericana comenzaba a circular con mayor intensidad a través de grabaciones y presentaciones internacionales. En ese contexto, composiciones como “A la Huacachina” lograron insertarse en repertorios diversos, ampliando su alcance más allá de su lugar de origen (Turino, 2008).
La difusión de la canción contribuyó a proyectar el nombre de Huacachina en escenarios internacionales, estableciendo una relación directa entre el espacio geográfico y su representación musical. Este vínculo permitió que el oasis fuera reconocido no solo como destino turístico, sino también como referente cultural asociado a una melodía identificable (Romero, 2001).
De esta manera, la polka se convirtió en un vehículo de circulación simbólica, a través del cual un elemento del paisaje peruano adquirió presencia en distintos contextos culturales, evidenciando la capacidad de la música para articular territorios e identidades (Turino, 2008).
Autoría, tradición y registro formal
La historia de “A la Huacachina” presenta una particularidad en torno a su autoría, en la que confluyen elementos de creación colectiva y formalización institucional. Diversos testimonios señalan que la melodía habría surgido del acervo popular iqueño, siendo posteriormente estructurada y difundida por músicos vinculados al entorno local (Romero, 2001).
Entre las figuras asociadas a este proceso destacan Francisco Pérez Anampa, Lucho Legarda y el maestro Molina, quienes habrían contribuido a fijar la forma definitiva de la canción y a llevarla al ámbito de la notación musical. Este tránsito desde la oralidad hacia el registro escrito permitió su difusión más amplia (Turino, 2008).
Sin embargo, en los registros formales, como los de la Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC), la autoría aparece consignada a nombre de Francisco Pérez Anampa. Esta situación refleja una tensión frecuente en la música popular, donde las fronteras entre creación individual y colectiva no siempre son nítidas (APDAYC, s. f.).
La coexistencia de estas versiones no constituye necesariamente una contradicción, sino un indicador de los distintos niveles en los que se produce y se reconoce la creación musical, especialmente en contextos donde la tradición oral desempeña un papel significativo (Romero, 2001).
Permanencia simbólica y proyección contemporánea
En la actualidad, la Huacachina mantiene su condición de destino turístico relevante, integrando circuitos nacionales e internacionales que la posicionan como uno de los paisajes más representativos del Perú. Su reconocimiento reciente en listados globales refuerza una visibilidad que tiene raíces históricas profundas (National Geographic, 2024).
La continuidad de su presencia en el imaginario colectivo no depende únicamente de su atractivo natural, sino también de los elementos culturales que han contribuido a definir su identidad. En ese sentido, la polka “A la Huacachina” forma parte de un repertorio que sigue siendo evocador de una época y de una forma de entender el vínculo entre música y territorio (PromPerú, 2021).
A lo largo del tiempo, el oasis ha experimentado transformaciones en su infraestructura, en su uso y en su proyección turística, sin que ello implique la pérdida de su carácter simbólico. Este proceso evidencia la capacidad de ciertos espacios para adaptarse a nuevas dinámicas sin desvincularse de su historia (Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú, 2020).
La articulación entre paisaje, memoria y música permite observar en la Huacachina un caso en el que la geografía se convierte en narrativa cultural, sostenida por prácticas sociales, expresiones artísticas y procesos de difusión que trascienden lo local y se insertan en una dimensión más amplia (Turino, 2008).
Bibliografía
Asociación Peruana de Autores y Compositores (APDAYC). (s. f.). Registro de obras musicales. https://www.apdayc.org.pe
Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú. (2020). Guía oficial de destinos turísticos del Perú. Lima: MINCETUR. https://www.gob.pe/mincetur
Ministerio de Cultura del Perú. (2019). Patrimonio cultural y espacios turísticos del Perú. Lima: Ministerio de Cultura. https://www.gob.pe/cultura
National Geographic. (2024). World’s most beautiful oases. https://www.nationalgeographic.com
PromPerú. (2021). Huacachina: oasis de América. https://www.peru.travel
Romero, Raúl. (2001). Debating the past: Music, memory, and identity in the Andes. Oxford University Press.
Turino, Thomas. (2008). Music as social life: The politics of participation. University of Chicago Press.


















