Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
20 de febrero del 2026
La papa constituye uno de los cultivos más influyentes en la historia de la humanidad y uno de los aportes más decisivos de los Andes al desarrollo agrícola mundial. Su importancia no se limita a su valor alimentario, sino a su capacidad de transformar economías, sostener poblaciones y modelar procesos históricos a gran escala. Lejos de ser un producto marginal, la papa se encuentra en el centro de una historia que conecta conocimiento indígena, adaptación ecológica y circulación global de especies (Sillitoe, 2024).
Las investigaciones arqueológicas y genéticas coinciden en situar el origen del cultivo en la región andina del sur del Perú, donde comunidades agrícolas desarrollaron, a lo largo de milenios, una relación sistemática con el entorno de alta montaña. En ese contexto, la papa fue domesticada como respuesta a condiciones extremas de altitud, temperatura y suelo, dando lugar a un proceso agrícola altamente sofisticado, basado en la observación empírica y la experimentación sostenida (Spooner et al., 2005).
Origen y domesticación andina
El proceso de domesticación de la papa fue largo, colectivo y culturalmente estructurado. Estudios genéticos demuestran que las variedades cultivadas actuales derivan de especies silvestres del género Solanum domesticadas en los Andes centrales y meridionales, confirmando un único origen principal con una extraordinaria diversificación posterior. Este proceso no fue accidental, sino el resultado de generaciones de selección consciente orientada a la resistencia climática y a la seguridad alimentaria (Spooner et al., 2005).
La evidencia arqueológica refuerza esta interpretación. Investigaciones microbotánicas en el altiplano del lago Titicaca han identificado restos de almidón y fitolitos asociados al procesamiento temprano de papa, datados en periodos arcaicos y formativos tempranos. Estos hallazgos confirman que la papa ya formaba parte de la dieta y de las prácticas agrícolas andinas varios milenios antes de la conformación de sociedades estatales complejas (Rumold & Aldenderfer, 2016).
La domesticación estuvo acompañada por innovaciones técnicas clave, como la deshidratación mediante congelamiento nocturno y secado diurno, proceso que dio origen al chuño y la moraya. Estas tecnologías permitieron conservar el alimento durante años sin pérdida significativa de valor nutricional, convirtiendo a la papa en una reserva estratégica frente a heladas, sequías y crisis alimentarias recurrentes en ambientes de alta montaña (Sillitoe, 2024).
El cultivo se integró, además, a un sistema agrícola vertical basado en terrazas o andenes, diseñado para aprovechar microclimas y reducir la erosión del suelo. Este modelo permitió diversificar variedades según altitud y exposición, reduciendo riesgos y maximizando rendimientos. La papa se consolidó así como eje de un sistema productivo sostenible que garantizaba estabilidad alimentaria en el largo plazo (Sillitoe, 2024).
La papa en el antiguo Perú
En el periodo incaico, la papa alcanzó su máxima articulación como cultivo estratégico del Estado. El Tawantinsuyo organizó su producción dentro de un sistema comunal que integraba distintos pisos ecológicos, asegurando una provisión constante de alimentos para la población y para las necesidades administrativas y militares del imperio. El control estatal de la producción y el almacenamiento permitió enfrentar contingencias climáticas sin colapsos alimentarios (Cobo, 1990).
Las crónicas tempranas describen a la papa como alimento fundamental de las poblaciones andinas, consumida en diversas formas —fresca, cocida o deshidratada— y regulada por calendarios agrícolas estrechamente vinculados al entorno natural. La diversidad de variedades cultivadas refleja un alto nivel de especialización agronómica y un conocimiento profundo de los ecosistemas de montaña (Cobo, 1990).
En el plano social, el cultivo de la papa se sustentaba en principios de trabajo colectivo y reciprocidad, que garantizaban una distribución equitativa del alimento y reforzaban la cohesión comunitaria. Estas prácticas productivas no solo aseguraban la subsistencia, sino que estructuraban el orden social y político del mundo andino, integrando agricultura, organización social y cosmovisión (Cobo, 1990).
La durabilidad del tubérculo y su facilidad de transporte permitieron su circulación a lo largo de la extensa red vial andina. La papa se convirtió así en un recurso logístico clave para la administración imperial, facilitando la movilidad, el abastecimiento y el control territorial en un espacio geográfico vasto y diverso (Sillitoe, 2024).
Expansión global y transformación histórica
Con la conquista europea, la papa inició un proceso de difusión global que transformaría profundamente la historia alimentaria del mundo. Introducida en Europa en el siglo XVI, su adopción fue inicialmente lenta debido a prejuicios culturales y desconocimiento agronómico. Sin embargo, su alta productividad y adaptabilidad terminaron por convertirla en un alimento central para amplios sectores de la población europea (Sillitoe, 2024).
Durante los siglos XVIII y XIX, la papa desempeñó un papel crucial en el crecimiento demográfico europeo, especialmente en regiones con suelos pobres. Al mismo tiempo, su dependencia excesiva en sistemas de monocultivo evidenció los riesgos estructurales de la falta de diversidad genética, como quedó demostrado en las grandes crisis alimentarias del siglo XIX (Sillitoe, 2024).
En el mundo contemporáneo, la papa es considerada el cuarto cultivo alimentario más importante del planeta, después del arroz, el trigo y el maíz. Su producción global supera actualmente los 350 millones de toneladas anuales, y su cultivo se extiende a todos los continentes. Aunque países como China e India lideran la producción, el Perú conserva su condición de centro genético y cultural del cultivo (Hardigan et al., 2017).
La investigación científica moderna ha permitido mejorar rendimientos y resistencia mediante el estudio de la diversidad genética de especies tuberosas. Estos avances han reforzado la importancia de conservar las variedades nativas andinas, no solo como patrimonio cultural, sino como recurso estratégico para la seguridad alimentaria futura frente al cambio climático y nuevas enfermedades (Hardigan et al., 2017).
Bibliografía
Cobo, Bernabé. (1990). Historia del Nuevo Mundo (ed. original 1653). Madrid: Atlas.
Hardigan, Michael A., Laimbeer, F. Parker, Newton, L., et al. (2017). Genome diversity of tuber-bearing Solanum species uncovers complex evolutionary history and targets of domestication. Proceedings of the National Academy of Sciences, 114(46), E9999–E10008.
Rumold, Claudia U., & Aldenderfer, Mark S. (2016). Late Archaic–Early Formative period microbotanical evidence for potato at Jiskairumoko in the Titicaca Basin of southern Peru. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(48), 13672–13677.
Sillitoe, Paul. (2024). Potatoes. En The Oxford Handbook of Agricultural History (pp. 374–393). Oxford University Press.
Spooner, David M., McLean, Karen, Ramsay, Gavin, Waugh, Robbie, & Bryan, Glenn J. (2005). A single domestication for potato based on multilocus AFLP genotyping. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102(41), 14694–14699.



















