Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

1 de diciembre del 2025 

Víctor Humareda representa una de las trayectorias más singulares de la pintura peruana del siglo XX. Su figura se consolidó fuera del circuito académico dominante y lejos de los espacios de prestigio institucional. Su vida fue austera, marcada por limitaciones económicas constantes, pero su disciplina lo convirtió en un referente artístico cuya obra continúa siendo investigada, exhibida y valorada tanto en el Perú como en el extranjero. La solidez de su lenguaje plástico, unido a una producción sostenida a lo largo de décadas, lo ubica como un caso particular dentro de la modernidad artística peruana (Instituto Nacional de Cultura, 2009).

A pesar de la precariedad en la que vivió, Humareda mantuvo una trayectoria coherente, construida sobre la observación constante y una vocación independiente que no se subordinó a tendencias coyunturales. Su pintura registró ámbitos urbanos marginales, espacios nocturnos y personajes desplazados, pero también escenas íntimas y estudios psicológicos de figuras femeninas. Esa continuidad temática, sumada a un manejo distintivo de la luz y el color, permitió que su obra alcanzara una presencia estable en colecciones públicas y privadas. Hoy es considerado una referencia obligatoria para comprender la evolución del arte peruano contemporáneo (Batalla, 2021).

Infancia, formación y primeros años

Víctor Humareda nació en Lampa, Puno, en 1920. Su infancia transcurrió en un entorno rural marcado por limitaciones económicas severas y por una vida doméstica donde el trabajo era una necesidad temprana. La experiencia del altiplano, su clima, su austeridad y su ritmo cotidiano influyeron en la sensibilidad del futuro pintor. Su inclinación por el dibujo surgió en la niñez y se manifestó como una práctica constante a pesar de la falta de materiales adecuados. Ese primer contacto con la representación visual constituyó la base de un aprendizaje autodidacta elemental (Jáuregui, 2022).

Ya adolescente, migró a Lima en busca de mejores oportunidades laborales. La capital, dinámica y desigual, lo expuso a paisajes humanos y urbanos distintos a los de su origen. Durante varios años alternó empleos de baja remuneración con el interés creciente por acceder a una formación artística formal. La disciplina y persistencia con las que se acercó a ese mundo reflejan el carácter que mantendría a lo largo de toda su vida. La observación silenciosa y el estudio del entorno se convirtieron entonces en prácticas regulares que luego se trasladarían a su obra (Instituto Nacional de Cultura, 2009).

Su ingreso a la Escuela Nacional de Bellas Artes significó un punto de quiebre. Allí obtuvo formación académica en dibujo, pintura y composición, aunque su carácter reservado y su enfoque introspectivo lo mantuvieron alejado de círculos estudiantiles más activos. Estudió bajo la influencia del indigenismo de Sabogal, pero no desarrolló una adhesión doctrinaria al movimiento. Su aprendizaje fue sólido, pero siempre orientado hacia la búsqueda de un lenguaje personal, distante de los modelos oficiales. Esa actitud lo acompañaría toda su vida profesional (Jáuregui, Lima gris, 2020).

A fines de la década de 1940 recibió una beca para continuar estudios en Buenos Aires. Allí entró en contacto con corrientes expresionistas y con una escena cultural más amplia. La experiencia argentina fue relevante por la exposición a nuevos métodos y discursos, aunque tampoco lo llevó a abandonar su línea de trabajo personal. Su estancia en ese país terminó de consolidar una práctica centrada en la interioridad psicológica, el estudio de la luz y la representación emocional de los sujetos representados (Jáuregui, Lima gris, 2020).

Inicios profesionales y consolidación de su obra

A su retorno al Perú, Humareda se instaló en el hotel Lima, en los alrededores de La Parada, donde vivió por más de treinta años. Su estudio-habitación era un espacio reducido, carente de comodidades, pero funcionó como el centro de su producción artística. Desde allí desarrolló una rutina estricta de trabajo diario, ajena a distracciones y centrada exclusivamente en la pintura. Ese aislamiento operativo no solo definió su estilo, sino que evidenció una ética profesional sólida en medio de circunstancias adversas (Batalla, 2021).

Los sectores que frecuentó —bares, prostíbulos, mercados y calles de Gamarra— no respondían a aspiraciones bohemias, sino a un interés directo por observar comportamientos, gestos y atmósferas. Esos ambientes se convirtieron en fuentes constantes de material visual. La representación de cuerpos tensos, miradas cansadas y espacios cargados de penumbra se volvió una característica distintiva de su obra. Lejos de la idealización, su pintura registró sin dramatización innecesaria realidades urbanas frágiles y, a menudo, precarias (Jáuregui, 2022).

Durante años, su trabajo fue recibido con indiferencia por parte del mercado y las instituciones. Sin embargo, algunos críticos identificaron tempranamente la solidez de su propuesta plástica y su capacidad para construir una narrativa visual coherente. La ausencia de concesiones estilísticas y la continuidad temática hicieron que su obra comenzara a ser valorada en círculos especializados. A partir de la década de 1970, su nombre empezó a figurar con mayor frecuencia en exposiciones y catálogos (Jáuregui, Lima gris, 2020).

La consolidación de su estilo fue lenta, pero sostenida. No dependió de movimientos colectivos ni de modas generacionales. Su pintura se mantuvo fiel a una estética de contención emocional, uso enfático del claroscuro y un colorido expresivo limitado pero efectivo. Ese enfoque, fruto de décadas de trabajo metódico, marcó una diferencia clara respecto a otras propuestas contemporáneas y aseguró su permanencia en el panorama artístico peruano (Instituto Nacional de Cultura, 2009).

Características de su obra y el caso Marilyn Monroe

La pintura de Humareda destaca por un uso riguroso de la sombra como elemento estructural. El claroscuro es el mecanismo mediante el cual se organiza la composición y se establece la tensión emocional del cuadro. Los colores suelen ser opacos, con predominio de ocres, grises y negros, lo que contribuye a la representación de atmósferas densas y silenciosas. La pincelada es firme y rápida, orientada a captar estados psicológicos más que detalles anecdóticos. Esa característica lo vincula parcialmente con ciertos enfoques expresionistas, aunque su obra no se ajusta por completo a esa categoría (Jáuregui, Lima gris, 2020).

Sus personajes —vagabundos, mujeres de la noche, músicos, bailarinas y hombres solitarios— aparecen representados con naturalidad, sin intención moralizante ni caricaturesca. La vulnerabilidad de estas figuras es un rasgo constante y no responde a efectos dramáticos, sino a una observación precisa de la realidad. La manera en que Humareda aborda los gestos, las miradas y la postura corporal refuerza una lectura psicológica antes que anecdótica de sus sujetos (Batalla, 2021).

Otro aspecto relevante de su obra es la relación con la ciudad. Lima, representada en mercados, calles, hoteles y espacios nocturnos, aparece como un escenario cargado de tensión emocional. No se trata de una ciudad monumental, sino de una urbe cotidiana que refleja desigualdad, tránsito y desgaste. El tratamiento plástico de estos espacios permite identificar un interés por registrar la dimensión humana del entorno urbano más que su arquitectura o su ordenamiento físico (Jáuregui, 2022).

Un elemento particular de su trayectoria es su interés persistente por Marilyn Monroe. Humareda produjo diversos retratos y estudios basados en fotografías de la actriz. Según testimonios recogidos por investigadores, esta fijación respondía a la identificación del artista con la vulnerabilidad y el deterioro emocional asociados a la imagen pública de Monroe. No se trataba de un fetichismo superficial, sino de una búsqueda simbólica que le permitía explorar un tipo específico de figura femenina: luminosa y frágil al mismo tiempo (Batalla, 2021).

Referencias

Batalla, C. (21 de Noviembre de 2021). El Comercio. Obtenido de Víctor Humareda: el pintor que murió hace 35 años y que sufría y gozaba con los colores: https://elcomercio.pe/archivo-elcomercio/victor-humareda-el-pintor-que-murio-hace-35-anos-y-que-sufria-y-gozaba-con-los-colores-pintor-expresionista-artista-plastico-peruano-arte-peruano-del-siglo-xx-35-anos-nnsp-noticia/

Instituto Nacional de Cultura. (2009). La soledad del artista: Víctor Humareda. Museo de la Nación. Lima: Ministerio de cultura.

Jáuregui, E. (8 de Marzo de 2020). Lima gris. Obtenido de Víctor Humareda: arlequín de medianoche: https://limagris.com/victor-humareda-arlequin-de-medianoche/

Jáuregui, E. (16 de Junio de 2022). Cangrejo negro. Obtenido de Víctor Humareda: Arlequín de medianoche: https://cangrejonegro.wordpress.com/2022/06/16/victor-humareda-heroes-bizarros-256/