Artículo de información

Jorge Aristides Malqui Espino, José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

29 de setiembre del 2026

Hay historias que parecen esperar debajo de la arena hasta que alguien vuelve a pronunciarlas. En los valles de Nasca, donde durante siglos convivieron haciendas, trabajadores esclavizados y comunidades afrodescendientes, permanece el recuerdo de Tomasa de Alcalá, conocida como Mamalá. Su figura ha llegado hasta nuestros días por medio de la tradición oral, las investigaciones locales y, más recientemente, los estudios arqueológicos sobre las antiguas haciendas de la zona. Separar aquello que puede comprobarse documentalmente de lo que pertenece a la memoria colectiva no disminuye su importancia; por el contrario, permite entender cómo una comunidad conserva a quienes considera fundamentales para explicar su pasado. (Lizarbe Mansilla, 2018).

La historia de Mamalá pertenece también a un capítulo más amplio de la presencia africana y afrodescendiente en el Perú. Miles de hombres y mujeres fueron incorporados de manera forzada a las actividades agrícolas, domésticas y productivas desde el periodo colonial, particularmente en los valles de la costa. Su participación fue decisiva en la formación de numerosas comunidades, aunque durante mucho tiempo permaneció relegada en los relatos tradicionales de la historia nacional. Los estudios contemporáneos han empezado a recuperar esa experiencia y a mostrar que la población afroperuana no fue solamente víctima de un sistema de explotación, sino también protagonista de estrategias de supervivencia, organización y búsqueda de libertad. (Arrelucea Barrantes & Cosamalón Aguilar, 2015).

Contexto histórico: la presencia afrodescendiente en Nasca

Las haciendas de Nasca tuvieron una importante población de origen africano desde el periodo colonial. Investigaciones arqueológicas realizadas en propiedades como San Joseph y San Francisco Xavier han permitido reconstruir parte de la vida cotidiana de trabajadores esclavizados vinculados con la agricultura, la viticultura y otras actividades productivas. Estos estudios ofrecen una base material para comprender un escenario que durante años sobrevivió principalmente en documentos dispersos y en la memoria de las comunidades de El Ingenio, Changuillo y otros sectores del valle. Las antiguas haciendas fueron espacios económicos, pero también lugares en los que se desarrollaron relaciones sociales marcadas por la coerción, la adaptación y distintas formas de resistencia. (Weaver, 2012).

En el siglo XIX, aquella sociedad convivió con las contradicciones de una república que proclamaba principios de ciudadanía mientras mantenía la esclavitud. Domingo Elías, importante propietario iqueño y una de las principales figuras políticas de mediados de esa centuria, representa bien el poder económico y político alcanzado por sectores vinculados a las grandes propiedades costeñas. Su trayectoria ayuda a situar el ambiente social en el que transcurrieron los relatos sobre Mamalá y las comunidades afrodescendientes de Ica y Nasca. (Orrego Penagos, 1990).

La vida de Mamalá

La tradición recogida por Mauro Lizarbe Mansilla identifica a Mamalá con Tomasa de Alcalá y sitúa su historia dentro de ese mundo de haciendas y población esclavizada. Los relatos la presentan como una mujer llegada desde África, vinculada posteriormente a La Ventilla y a otras propiedades del valle. Uno de los rasgos que más se repite es que habría aprendido a leer y escribir, capacidad excepcional dentro de las condiciones impuestas a las personas esclavizadas. Con el tiempo, aquella mujer habría adquirido autoridad entre los miembros de su comunidad hasta convertirse en una figura de referencia para esclavos y libertos. (Lizarbe Mansilla, 2018).

Alrededor de su vida se formaron distintos episodios transmitidos durante generaciones. Se cuenta que conocía plantas medicinales, atendía enfermos y partos, auxiliaba a las familias y recorría las haciendas llevando alimentos y ayuda. También se relata su relación con Ramón Castilla y un episodio en el que habría advertido al entonces caudillo de un peligro contra su vida. No todos estos acontecimientos cuentan con documentación independiente suficiente, por lo que deben presentarse como parte de una tradición histórica local y no como hechos establecidos en todos sus detalles. Esa distinción resulta especialmente importante en una figura en la que historia y memoria se han entrelazado durante más de un siglo. (Lizarbe Mansilla, 2018).

La abolición y el primer grito por la libertad

El episodio más conocido atribuido a Mamalá está relacionado con la abolición de la esclavitud decretada por Ramón Castilla en 1854. Según la narración conservada en El Ingenio, Tomasa habría conocido la noticia y recorrido las haciendas anunciando que los esclavos eran libres. La imagen de una mujer alfabetizada leyendo el anuncio y comunicándolo a otros trabajadores aparece incluso en investigaciones posteriores relacionadas con la arqueología de la esclavitud en Nasca, que reconocen expresamente la importancia de Mamalá dentro de la tradición oral de las comunidades del valle. (Weaver, 2020).

La abolición modificó jurídicamente una estructura que había sobrevivido a la independencia y a las primeras décadas republicanas, pero no eliminó inmediatamente las desigualdades sociales construidas durante siglos. Los antiguos esclavizados tuvieron que organizar nuevas formas de trabajo, familia y comunidad dentro de una sociedad que continuaba colocando fuertes barreras económicas y raciales. En ese contexto adquiere especial significado que lugares como La Banda recuerden sus orígenes vinculados a poblaciones negras libres y mantengan a Tomasa de Alcalá como una figura fundadora de su memoria comunitaria. (Arrelucea Barrantes & Cosamalón Aguilar, 2015).

Mamalá en la memoria oral

Con el paso de los años, los relatos ampliaron la biografía de Mamalá. Algunas versiones la presentan enfrentándose a soldados durante la Guerra del Pacífico; otras cuentan levantamientos, persecuciones, refugios en palenques y una última rebelión cuando ya era anciana. Son narraciones de enorme valor para conocer cómo una población interpreta su propio pasado, pero requieren investigación documental antes de incorporarlas como acontecimientos históricos plenamente comprobados. La tradición oral no debe ser descartada: constituye una fuente que revela valores, recuerdos y experiencias transmitidas dentro de una comunidad, aunque su utilización exige diferenciar memoria, leyenda y documentación. (Lizarbe Mansilla, 2018).

Precisamente esa permanencia constituye uno de los aspectos más interesantes del caso. Investigaciones contemporáneas realizadas en las haciendas de Nasca encontraron que las comunidades actuales mantienen una relación directa con aquel pasado afrodescendiente y reconocen a Mamalá como personaje central de su historia. La arqueología ha permitido conectar ruinas, espacios productivos y objetos con las experiencias de las poblaciones que vivieron allí, mientras la tradición aporta los nombres y relatos que no siempre quedaron registrados en los archivos oficiales. (Weaver, 2012).

Legado y recuperación histórica

Durante mucho tiempo, la historia afroperuana ocupó un espacio reducido dentro de la enseñanza y de las narraciones generales sobre el país. Investigaciones recientes han demostrado que aquella presencia comenzó desde los primeros tiempos coloniales y continuó desempeñando funciones fundamentales en la economía, la cultura y la construcción de la sociedad peruana. Recuperar trayectorias femeninas dentro de esa historia permite además observar experiencias que fueron doblemente relegadas: por pertenecer a poblaciones sometidas a esclavitud y por tratarse de mujeres cuya actuación quedó muchas veces fuera de los documentos producidos por las instituciones de su época. (Abanto Delgado, 2024).

Mamalá ocupa hoy ese espacio situado entre la persona histórica y el símbolo construido por generaciones. Su importancia no necesita que cada episodio de su biografía sea convertido en certeza. Existen evidencias suficientes sobre la presencia de población africana esclavizada en las haciendas de Nasca y sobre la permanencia de Tomasa de Alcalá en la memoria de las comunidades de El Ingenio. Investigarla con rigor permite recuperar una dimensión de la historia regional que durante mucho tiempo quedó prácticamente ausente del relato público. Allí reside quizás el verdadero alcance de Mamalá: en haber permanecido viva en la memoria de un pueblo que encontró en su nombre una forma de contar su propia experiencia de esclavitud, libertad y construcción comunitaria. (Weaver, 2012).

Bibliografía

Abanto Delgado, Marcia Isabel. (2024). Afroperuanas de coraje: vida y legado de extraordinarias mujeres afroperuanas. Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables.

Arrelucea Barrantes, Maribel, & Cosamalón Aguilar, Jesús A. (2015). La presencia afrodescendiente en el Perú. Siglos XVI-XX. Ministerio de Cultura.

Lizarbe Mansilla, Mauro Baltazar. (2018). La reina Mamalá: el primer grito por la libertad. A.F.A. Editores Importadores.

Orrego Penagos, Juan Luis. (1990). Domingo Elías y el Club Progresista: los civiles y el poder hacia 1850. Histórica, 14(2), 317-353.

Weaver, Brendan J. M. (2012). Perspectivas para el desarrollo de una arqueología de la diáspora africana en el Perú: resultados preliminares del Proyecto Arqueológico Haciendas de Nasca. Allpanchis, 44(80), 85-120.

Weaver, Brendan J. M. (2020). Estudios sobre arqueología, memoria y población afrodescendiente en las haciendas de Nasca. En Encuentro de Investigadores del Ministerio de Cultura. Ministerio de Cultura.