Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

5 de junio del 2026

Desde la consolidación de la prensa moderna entre los siglos XVIII y XIX, el periodismo ha ocupado un lugar central en la construcción de las sociedades democráticas. La expansión de los periódicos permitió crear espacios públicos donde los ciudadanos podían conocer los acontecimientos de su tiempo, debatir asuntos de interés común y supervisar la actuación de quienes ejercían el poder. A lo largo de más de dos siglos, el periodismo se transformó junto con los avances tecnológicos, adaptándose a la radio, la televisión e internet sin abandonar su misión fundamental: buscar información verificable y ponerla al servicio de la sociedad. La irrupción de la inteligencia artificial generativa ha abierto ahora un nuevo capítulo en esa historia. Herramientas capaces de producir textos, imágenes y respuestas complejas en cuestión de segundos prometen revolucionar la manera en que circula el conocimiento. Sin embargo, detrás del entusiasmo tecnológico surge una pregunta esencial: quién producirá la información original sobre la que se alimentarán estos sistemas y qué ocurrirá si las instituciones encargadas de generar ese conocimiento dejan de ser sostenibles. (Sulzberger, 2026).

La preocupación no surge de un rechazo a la innovación. Durante las últimas dos décadas, los medios de comunicación han atravesado profundas transformaciones derivadas de la digitalización. La publicidad migró hacia grandes plataformas tecnológicas, las audiencias modificaron sus hábitos de consumo y miles de periódicos vieron disminuir sus ingresos de manera drástica. En numerosos países desaparecieron redacciones completas y se redujo la capacidad para financiar investigaciones periodísticas, corresponsalías y coberturas locales. La inteligencia artificial aparece precisamente en medio de esa fragilidad estructural. A diferencia de las tecnologías anteriores, que actuaban principalmente como intermediarias entre el contenido y los lectores, los nuevos sistemas aspiran a convertirse en el lugar donde se concentra la consulta de información. Lo que está en juego no es únicamente el futuro económico de los medios, sino la continuidad de una actividad indispensable para la salud democrática. (Newman, 2026).

La nueva batalla por la información

El desarrollo de los sistemas de inteligencia artificial depende de enormes volúmenes de información. Detrás de la palabra “datos”, utilizada con frecuencia por las empresas tecnológicas, se encuentran millones de artículos periodísticos, libros, investigaciones académicas, fotografías y documentos producidos durante décadas por periodistas, escritores e investigadores. Gran parte de este material ha sido utilizado para entrenar modelos avanzados sin que existan mecanismos uniformes de autorización o compensación económica. La controversia se ha convertido en uno de los principales conflictos de la actual revolución tecnológica porque afecta directamente a la propiedad intelectual y a la sostenibilidad de las industrias que producen conocimiento original. Para muchos medios, la situación resulta paradójica: las plataformas construyen productos multimillonarios utilizando contenidos cuya elaboración exigió años de trabajo humano, mientras quienes los generaron enfrentan crecientes dificultades para financiar su actividad. (Sulzberger, 2026).

La relevancia del periodismo dentro de este proceso es particularmente significativa. Los medios profesionales no solo recopilan información; la verifican, contextualizan y someten a controles editoriales que buscan garantizar su fiabilidad. Por ello, diversos estudios han identificado a los medios de comunicación entre las fuentes más valiosas utilizadas para entrenar modelos lingüísticos avanzados. La calidad de las respuestas que ofrecen estos sistemas depende en gran medida de la calidad de los contenidos incorporados durante su aprendizaje. Cuanto más rigurosa es la información original, más útiles y precisas resultan las respuestas generadas posteriormente por la inteligencia artificial. (Schaul, Chen & Tiku, 2026).

La situación se vuelve más compleja cuando los asistentes conversacionales comienzan a responder directamente a las preguntas de los usuarios sin dirigirlos hacia las fuentes originales. Durante años existió un intercambio imperfecto entre plataformas y medios: unos aportaban contenido y los otros visibilidad. La inteligencia artificial altera ese equilibrio al retener simultáneamente la información y la atención de las audiencias. Si los medios pierden ingresos, lectores y capacidad operativa, también disminuirá la producción de reportajes, investigaciones y coberturas que alimentan el ecosistema informativo. La disputa, por tanto, no afecta únicamente a una industria, sino a la calidad del conocimiento disponible para toda la sociedad. (Newman, 2026).

De la crisis digital al desafío de la inteligencia artificial

La crisis actual tiene raíces más profundas que la aparición reciente de ChatGPT. Desde comienzos del siglo XXI, la economía de los medios se ha visto alterada por la expansión de internet y por la concentración de la publicidad digital en manos de un reducido grupo de empresas tecnológicas. Los periódicos dejaron de controlar la distribución de sus contenidos y observaron cómo gran parte de sus ingresos tradicionales se desplazaban hacia plataformas capaces de captar audiencias globales. Aquella transformación obligó a numerosas organizaciones periodísticas a reducir costos, disminuir plantillas y replantear sus modelos de negocio. Aunque algunos medios lograron adaptarse mediante sistemas de suscripción digital, otros desaparecieron o quedaron debilitados, especialmente en el ámbito local. (Newman, 2026).

Las consecuencias de ese proceso fueron especialmente visibles fuera de las grandes capitales. Miles de comunidades perdieron medios que durante décadas habían documentado la vida local, supervisado a las autoridades y servido como espacios de encuentro ciudadano. Cuando desaparece un periódico local, también desaparece una parte importante de la memoria colectiva y de la capacidad de vigilancia democrática de una comunidad. La reducción de la cobertura periodística genera vacíos informativos que pueden ser ocupados por rumores, campañas de desinformación o contenidos producidos sin controles editoriales rigurosos. La inteligencia artificial emerge precisamente cuando esa estructura ya mostraba signos evidentes de desgaste. (NewsGuard, 2024).

Por ello, el debate actual trasciende la discusión jurídica sobre los derechos de autor. Lo que realmente está en juego es la posibilidad de sostener instituciones capaces de producir información original. Sin reporteros sobre el terreno, investigaciones prolongadas y cobertura permanente de los acontecimientos, la calidad de la información disponible para los ciudadanos disminuirá inevitablemente. La tecnología puede reorganizar el conocimiento existente, pero sigue dependiendo de personas que generen nuevos hechos, nuevos datos y nuevas historias que merezcan ser contadas. (Sulzberger, 2026).

La amenaza de la desinformación automatizada

La revolución de la inteligencia artificial coincide con una etapa de creciente desconfianza pública. Las sociedades contemporáneas enfrentan la expansión de teorías conspirativas, campañas coordinadas de manipulación y una polarización política que dificulta la construcción de consensos básicos sobre la realidad. En este contexto, las herramientas generativas multiplican la capacidad para producir contenidos convincentes a gran velocidad. Textos, imágenes y videos pueden ser creados en cuestión de segundos y difundidos de forma masiva a través de plataformas digitales. La facilidad para fabricar materiales aparentemente creíbles convierte a la inteligencia artificial en un instrumento que puede ser utilizado tanto para informar como para desinformar. (Pew Research Center, 2025).

Aunque los avances tecnológicos son notables, los sistemas actuales continúan presentando limitaciones importantes. Los errores factuales, las interpretaciones incorrectas y las denominadas alucinaciones siguen formando parte de su funcionamiento. El problema no radica únicamente en que puedan equivocarse, sino en que a menudo presentan respuestas erróneas con una apariencia de seguridad que puede resultar persuasiva para los usuarios. Cuando millones de personas reciben información generada automáticamente sin comprender los mecanismos que la producen, aumenta el riesgo de que contenidos inexactos adquieran apariencia de verdad. (Pew Research Center, 2025).

La consecuencia más preocupante es que la abundancia de información puede terminar debilitando la confianza pública. Cuando resulta cada vez más difícil distinguir entre un hecho comprobado y una fabricación digital, la ciudadanía corre el riesgo de desconfiar no solo de lo falso, sino también de lo verdadero. En ese escenario, el periodismo profesional adquiere un valor renovado como referencia para verificar datos, contextualizar acontecimientos y ofrecer criterios de orientación frente a la creciente complejidad del entorno informativo. (NewsGuard, 2024).

Periodismo, democracia y verdad pública

La discusión sobre inteligencia artificial suele centrarse en la innovación tecnológica o en los derechos de autor, pero su dimensión más profunda es democrática. El periodismo cumple una función esencial al proporcionar información que permite a los ciudadanos comprender la realidad, evaluar políticas públicas y exigir responsabilidades a quienes ejercen el poder. La historia contemporánea demuestra que las sociedades con medios independientes y sólidos disponen de mejores herramientas para combatir la corrupción, supervisar instituciones y promover la participación ciudadana. Cuando el periodismo se debilita, también se debilitan los mecanismos de control que sostienen la vida democrática. (Sulzberger, 2026).

Las transformaciones tecnológicas obligan a encontrar fórmulas que permitan aprovechar los beneficios de la inteligencia artificial sin destruir las condiciones que hacen posible la producción de información original. El desafío consiste en equilibrar innovación y responsabilidad. La tecnología puede ayudar a procesar datos, ampliar capacidades de análisis y mejorar la distribución de contenidos, pero no puede reemplazar completamente el criterio editorial, la experiencia de campo ni el compromiso ético que caracterizan al periodismo de calidad. La búsqueda de hechos verificables continúa siendo una tarea profundamente humana que requiere tiempo, recursos y una vocación de servicio público difícilmente automatizable. (Newman, 2026).

Salvar el periodismo no significa proteger una profesión por nostalgia ni defender estructuras empresariales del pasado. Significa preservar una de las instituciones más importantes para la construcción de sociedades libres e informadas. En una época dominada por algoritmos capaces de producir información a velocidades inéditas, el verdadero desafío consiste en garantizar que la verdad siga teniendo un lugar central dentro de la vida pública. La inteligencia artificial transformará la manera en que accedemos al conocimiento, pero la responsabilidad de buscarlo, verificarlo y ponerlo al servicio de la ciudadanía continuará dependiendo de seres humanos comprometidos con esa tarea. En última instancia, el futuro del periodismo dependerá de que las sociedades sigan considerando la verdad como un bien público digno de ser protegido. (Sulzberger, 2026).

Bibliografía

Newman, N. (2026). Journalism, Media and Technology Trends and Predictions 2026. Reuters Institute for the Study of Journalism, University of Oxford. Recuperado de https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/journalism-media-and-technology-trends-and-predictions-2026

NewsGuard. (2024). Sad Milestone: Fake Local News Sites Now Outnumber Real Local Newspaper Sites in U.S. Recuperado de https://www.newsguardtech.com/special-reports/fake-local-news-sites-now-outnumber-real-local-newspaper-sites-in-u-s/

Pew Research Center. (2025). AI Risks, Opportunities and Regulation: Views of U.S. Public and AI Experts. Recuperado de https://www.pewresearch.org/science/2025/04/03/ai-risks-opportunities-and-regulation/

Schaul, K., Chen, S. Y., & Tiku, N. (2026, 19 de abril). Inside the Secret List of Websites That Make AI Like ChatGPT Sound Smart. The Washington Post. Recuperado de https://www.washingtonpost.com/technology/interactive/2026/ai-training-data-websites/

Sulzberger, A. G. (2026). How to Save Journalism in the Age of Artificial Intelligence. Discurso pronunciado en el World News Media Congress, Marsella. Publicado en Le Grand Continent. Recuperado de https://legrandcontinent.eu