Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
15 de julio del 2025
En el corazón del Cusco, capital ancestral del Imperio incaico, se ha encendido una nueva chispa de asombro. Investigadores peruanos han confirmado la existencia de túneles subterráneos que cruzan el subsuelo de la ciudad, reabriendo un antiguo misterio que durante siglos ha nutrido mitos, leyendas y especulaciones. Lo que antes parecía formar parte del imaginario popular, ahora se documenta con rigor arqueológico, impulsando una revisión de la arquitectura y planificación urbana del Tahuantinsuyo.
Estos túneles, conocidos tradicionalmente como chincanas, habrían servido como vías de comunicación, escape o ritual entre edificaciones sagradas del Cusco. El reciente hallazgo de accesos intactos en los alrededores del Coricancha y Sacsayhuamán, verificado por los arqueólogos Jorge Calero y Mildred Fernández, permite sostener con fundamento lo que muchos cronistas coloniales ya sugerían: bajo la superficie de la ciudad late una red de caminos invisibles, diseñados con precisión y simbolismo (Fernández Palomino, 2025).
La evidencia oculta: vestigios y confirmaciones
Durante décadas, testimonios orales y rumores sostenían la existencia de pasajes que conectaban el Coricancha con Sacsayhuamán, el Palacio de Huayna Cápac e incluso con zonas rurales más allá del valle. Pero fue recién en 2025 que se lograron documentar mediante técnicas modernas como el radar de penetración terrestre (GPR), revelando vacíos estructurales entre formaciones rocosas que no respondían a patrones naturales. Estas anomalías fueron confirmadas tras excavaciones controladas, donde se hallaron muros de piedra pulida y accesos cuidadosamente tallados (Fernández Palomino, 2025).
Uno de los túneles más sorprendentes parte desde un antiguo altar pétreo en el subsuelo del Coricancha. Se trata de una galería estrecha, cuyo acceso estaba sellado por bloques de andesita. Al abrirse parcialmente, se descubrió un tramo de 36 metros con dirección norte, aún inexplorado en su totalidad. Los arqueólogos reportan que el pasaje muestra signos de haber sido clausurado intencionalmente, quizá como respuesta a la llegada de los conquistadores o como parte de rituales de ocultamiento (Revilla, 2025).
No es menor el hallazgo de tramos colapsados cerca de la calle Maruri, donde trabajadores municipales descubrieron una cavidad al realizar obras sanitarias. Al inspeccionarla, se revelaron las mismas características arquitectónicas que los túneles del Coricancha. Este hallazgo forzó una pausa en los trabajos urbanos y una intervención conjunta entre el Ministerio de Cultura y la Municipalidad del Cusco para proteger el patrimonio (Loza, 2025).
Lo más relevante, sin embargo, es que estos túneles no son simples conductos. Poseen ventilaciones, cámaras laterales y señalizaciones esculpidas, lo que sugiere una funcionalidad ritual o estratégica. Las similitudes con otras estructuras subterráneas halladas en Tiwanaku y Chavín de Huántar invitan a pensar en una continuidad cultural prehispánica en el diseño de espacios sagrados bajo tierra (Tello Rojas, 2022).
Simbolismo y función en la cosmovisión andina
Para el pensamiento andino, el mundo no terminaba en lo visible. Los incas concebían una triple dimensión cósmica: el Hanan Pacha (mundo superior), el Kay Pacha (mundo terrenal) y el Uku Pacha (mundo subterráneo). Los túneles hallados serían una manifestación material del Uku Pacha, espacio de los antepasados, del retorno, del poder ancestral. Su construcción no respondía solo a necesidades prácticas, sino a una cosmovisión integral que entendía el tránsito como rito y el desplazamiento como parte del equilibrio del cosmos (Duviols, 1999).
En esa línea, las chincanas habrían servido como caminos rituales durante las festividades del Inti Raymi o el Qhapaq Raymi. Algunas crónicas del siglo XVI, como las de Pedro Sarmiento de Gamboa, narran pasajes subterráneos usados por los sacerdotes para trasladar ídolos o realizar sacrificios en secreto. Aunque dichas versiones fueron tachadas de fantasiosas, hoy cobran nuevo sentido ante los hallazgos recientes (Loza, 2025).
Los investigadores sostienen que muchas de estas galerías fueron clausuradas por los propios incas durante el avance de los españoles, quizá como un último acto de resistencia cultural. Al sellarlas, no solo protegían sus secretos, sino que negaban a los invasores el acceso al corazón espiritual del imperio. Esta lectura encaja con otros casos similares, como las entradas tapiadas en Machu Picchu o Choquequirao (Revilla, 2025).
La ritualidad también se expresa en la orientación astronómica de los túneles. Algunos parecen alinearse con el solsticio de invierno, lo cual podría estar ligado a ceremonias de renovación o siembra. La arqueoastronomía, disciplina que ha cobrado fuerza en los últimos años, ofrece nuevas herramientas para reinterpretar estas construcciones no como meros pasajes, sino como calendarios vivientes inscritos en la roca (Tello Rojas, 2022).
Retos, polémicas y proyecciones futuras
La noticia ha causado entusiasmo entre historiadores y ciudadanos, pero también ha despertado tensiones. Algunos sectores conservadores del turismo local temen que se impongan restricciones en zonas comerciales por la protección del subsuelo. Otros cuestionan el uso de fondos públicos en excavaciones de difícil acceso. Sin embargo, desde el Ministerio de Cultura se ha reiterado que el descubrimiento representa un hito en la historia de la arqueología andina y se buscará un equilibrio entre preservación y divulgación (Loza, 2025).
Un debate más profundo gira en torno a la apropiación del patrimonio. Diversas comunidades quechuas han señalado que los túneles forman parte de su memoria oral y demandan que cualquier intervención incluya su participación activa. Para muchos, las chincanas no son solo ruinas, sino espacios sagrados vivos que aún emiten energía y enseñanzas. Esta perspectiva obliga a replantear el modo en que se investiga, interpreta y muestra el pasado (Duviols, 1999).
En términos científicos, queda un largo camino por recorrer. Solo el 12% de los túneles identificados ha sido explorado físicamente. Se necesitan mayores recursos, tecnología especializada y formación de equipos interdisciplinarios para avanzar con rigor. Al mismo tiempo, las universidades peruanas han mostrado interés en integrar a estudiantes de arqueología y antropología en las futuras expediciones, lo que abre una oportunidad educativa valiosa (Fernández Palomino, 2025).
A largo plazo, la posibilidad de integrar estas rutas subterráneas a un circuito turístico-patrimonial controlado no es descartada. Siguiendo modelos como el de las catacumbas de Roma o las pirámides de Egipto, se podría articular una experiencia cultural única, siempre que se respete el carácter sagrado y se garantice su integridad. El Cusco, ya de por sí una ciudad museo, se revelaría entonces también como una ciudad subterránea (Loza, 2025).
Referencias
Duviols, P. (1999). Ensayos sobre las religiones andinas. Lima: Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú.
Fernández Palomino, M. &. (2025). Exploración arqueológica de chincanas en el Coricancha. . Cusco: Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco.
Loza, R. (16 de Enero de 2025). La República. Obtenido de Arqueólogos descubren caminos subterráneos incas debajo del Cusco que unen 4 ciudades antiguas: https://larepublica.pe/mundo/2025/01/09/arqueologos-descubren-caminos-subterraneos-incas-debajo-del-cusco-que-unen-4-ciudades-antiguas-660753
Revilla, R. (2025). La ciudad oculta: túneles incas y arquitectura subterránea. Revista Andina de Patrimonio, volumen 14, número 2,, 45-63.
Tello Rojas, J. C. (2022). Arquitectura ritual prehispánica: del subsuelo al firmamento. Perú: Editorial Horizonte.



















