Artículo de información
Jorge Aristides Malqui Espino, José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
10 de marzo del 2026
La historia de muchas ciudades del Perú no puede comprenderse sin observar el papel desempeñado por los inmigrantes europeos que llegaron al país durante el siglo XIX. En un contexto marcado por el auge económico del guano y la expansión del comercio internacional, numerosos empresarios y aventureros procedentes de Europa se establecieron en diversas regiones del territorio peruano. Entre ellos destaca la figura de Enrique Fracchia, ciudadano italiano que desarrolló una intensa actividad económica en la provincia de Nasca y cuya memoria permanece vinculada a importantes gestos de filantropía y compromiso con el desarrollo local (Bonfiglio, 1993).
El caso de Fracchia ilustra cómo la inmigración europea contribuyó a transformar las economías regionales del Perú republicano. Agricultores, comerciantes y empresarios extranjeros participaron en la modernización de ciertas actividades productivas y establecieron redes comerciales que conectaban las provincias peruanas con mercados internacionales. En Nasca, Enrique Fracchia se convirtió en una figura influyente gracias a sus inversiones agrícolas, su actividad comercial y su posterior legado cultural y educativo, que la memoria local aún recuerda como una contribución significativa al desarrollo de la comunidad (Basadre, 2005).
Un inmigrante italiano en el sur del Perú
Enrico Giovanni Domenico Fracchia Isoglio nació en 1855 en la ciudad de Mondovì, ubicada en la región del Piamonte, al norte de Italia. Durante el siglo XIX, esta región fue una de las principales zonas de emigración italiana hacia América. Miles de ciudadanos italianos abandonaron su país en busca de nuevas oportunidades económicas, especialmente en países sudamericanos como Argentina, Brasil y Perú. La expansión del comercio marítimo y el crecimiento de las economías exportadoras en América Latina facilitaron estos desplazamientos (Bonfiglio, 1993).
Fracchia se formó inicialmente en el ámbito marítimo y llegó a alcanzar el grado de capitán en la Armada italiana. Esta experiencia le permitió conocer distintos puertos del mundo y adquirir una perspectiva comercial que más tarde influiría en sus decisiones empresariales. Como muchos inmigrantes europeos de la época, decidió establecerse en el Perú atraído por las oportunidades económicas que ofrecía el país durante el auge del comercio del guano, uno de los principales motores de la economía peruana del siglo XIX (Klarén, 2000).
Su llegada al Perú ocurrió antes de 1868, cuando el comercio marítimo y la exportación de recursos naturales generaban importantes oportunidades para comerciantes y empresarios extranjeros. Tras recorrer distintas regiones del país, Fracchia se estableció en la provincia de Nasca, una zona que ofrecía amplias posibilidades agrícolas y comerciales gracias a sus valles fértiles y su cercanía con rutas de exportación hacia el océano Pacífico (Basadre, 2005).
Desde ese momento inició una intensa actividad empresarial vinculada a la agricultura y al comercio regional. Su capacidad para identificar oportunidades económicas lo llevó a invertir en diversos fundos agrícolas, consolidando gradualmente una posición destacada dentro de la economía local de Nasca (Bonfiglio, 1993).
Agricultura, comercio y redes económicas
Uno de los primeros pasos importantes de Fracchia en Nasca fue el arrendamiento del fundo Las Trancas en 1890, propiedad que posteriormente llegó a adquirir. Este fundo se convirtió en el núcleo inicial de sus actividades agrícolas y comerciales. A partir de esta base, Fracchia amplió progresivamente sus inversiones hacia otras propiedades rurales, entre ellas el fundo Majoro y el fundo Coyungo, este último adquirido en sociedad con el inmigrante italiano Phillipo Grondona (Basadre, 2005).
Las actividades productivas desarrolladas en estas haciendas estaban orientadas principalmente al cultivo de algodón y a la producción de aguardiente, productos que gozaban de importante demanda tanto en el mercado nacional como en el comercio regional. La cercanía de algunas de estas propiedades con puertos como Caballas o Lomas facilitaba el transporte y exportación de mercancías hacia otros mercados del litoral peruano (Klarén, 2000).
Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, el valle de Nasca experimentó una dinámica económica marcada por la presencia de grandes haciendas agrícolas y redes comerciales regionales. En ese contexto, empresarios como Fracchia desempeñaron un papel relevante en la organización del comercio local, generando empleo y contribuyendo al desarrollo económico de la zona (Bonfiglio, 1993).
Además de sus actividades agrícolas, Fracchia participó en iniciativas empresariales vinculadas al comercio de bebidas y productos regionales. En 1933 presentó un stand en la Exposición Permanente de la Industria Peruana, donde exhibió productos como vinos provenientes de la región Nasca-Ica, mostrando el potencial productivo del sur peruano en el ámbito nacional (Basadre, 2005).
Coleccionismo arqueológico y relación con Julio C. Tello
Durante las primeras décadas del siglo XX, el interés por las antiguas culturas prehispánicas del Perú comenzó a despertar un creciente interés entre investigadores, coleccionistas y estudiosos. En ese contexto, numerosos objetos arqueológicos fueron recolectados por particulares antes de que existiera una legislación clara sobre la protección del patrimonio cultural. Enrique Fracchia fue uno de los ciudadanos que reunió una importante colección de artefactos arqueológicos encontrados en la región de Nasca (Burger, 1992).
Cuando el arqueólogo peruano Julio C. Tello llegó a Nasca hacia 1919 para realizar investigaciones sobre las culturas Paracas y Nasca, Fracchia le ofreció apoyo logístico y le permitió instalarse temporalmente en el fundo Majoro. Según diversas crónicas locales, Fracchia compartió con el investigador parte de su colección arqueológica, lo que habría contribuido a ampliar el conocimiento sobre las antiguas civilizaciones del sur peruano (Burger, 1992).
Sin embargo, el desarrollo posterior de la arqueología científica en el Perú generó tensiones con el coleccionismo privado. Algunos investigadores criticaron la extracción de piezas arqueológicas sin control académico o institucional. En ese contexto surgieron controversias en torno a la figura de Fracchia, quien fue mencionado en ciertos registros relacionados con la recolección de objetos arqueológicos en la región (Klarén, 2000).
Estas tensiones reflejan un fenómeno común en la historia de la arqueología latinoamericana: el tránsito desde un periodo de coleccionismo privado hacia un modelo institucional de investigación científica y protección patrimonial. Con el tiempo, muchas de las piezas reunidas por Fracchia terminaron siendo donadas a instituciones académicas, lo que permitió su preservación y estudio posterior (Burger, 1992).
Filantropía y legado cultural
Más allá de su actividad empresarial, Enrique Fracchia dejó una huella duradera en la historia de Nasca a través de sus acciones filantrópicas. Tras su fallecimiento el 26 de noviembre de 1935, su viuda Ana Roncagliolo Navarro se convirtió en heredera de sus bienes y ejecutora de su testamento. Siguiendo la voluntad del empresario italiano, una parte significativa de su patrimonio fue destinada a iniciativas educativas y sociales (Basadre, 2005).
Uno de los gestos más recordados fue la creación de un centro escolar en la ciudad de Nasca que llevaría el nombre de Enrique Fracchia. Este establecimiento educativo representó una importante contribución al desarrollo cultural y educativo de la región, especialmente en una época en la que el acceso a la educación en las provincias del país era todavía limitado (Bonfiglio, 1993).
Asimismo, la colección arqueológica reunida por Fracchia —compuesta por miles de piezas— fue donada a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución que asumió la custodia y preservación de estos objetos. Este acto permitió que un importante conjunto de materiales arqueológicos quedara integrado al patrimonio académico del país, facilitando futuras investigaciones sobre las culturas prehispánicas del sur peruano (Burger, 1992).
Otra donación significativa se realizó a favor del Puericultorio Pérez Araníbar, institución dedicada a la atención de niños en situación de vulnerabilidad. Según registros periodísticos de la época, esta contribución fue considerada una de las donaciones más importantes recibidas por la institución desde su fundación, lo que consolidó la imagen de Fracchia como un benefactor recordado por la memoria histórica local (Basadre, 2005).
Memoria histórica y reconocimiento local
A lo largo del tiempo, la figura de Enrique Fracchia ha sido recordada de distintas maneras en la memoria colectiva de Nasca. Mientras algunas crónicas destacan su papel como empresario e impulsor del desarrollo agrícola regional, otras subrayan su legado filantrópico y su contribución al patrimonio cultural del país. Esta diversidad de interpretaciones refleja la complejidad histórica de muchos personajes que participaron en la transformación económica del Perú republicano (Bonfiglio, 1993).
En Nasca, uno de los homenajes más visibles a su memoria es el busto de bronce ubicado en el patio de honor del centro educativo que lleva su nombre. Este monumento simboliza el reconocimiento de la comunidad a quien destinó parte de su fortuna al desarrollo educativo de la ciudad, gesto que consolidó su reputación como benefactor local (Basadre, 2005).
La historia de Fracchia también forma parte de una narrativa más amplia sobre la influencia de la inmigración italiana en el Perú. A lo largo del siglo XIX y principios del XX, numerosos inmigrantes italianos participaron activamente en el comercio, la agricultura, la industria y la cultura peruana, dejando una huella significativa en la sociedad nacional (Bonfiglio, 1993).
Recordar la trayectoria de Enrique Fracchia permite comprender cómo individuos provenientes de contextos culturales distintos contribuyeron al desarrollo de comunidades locales en el Perú. Su historia refleja tanto las dinámicas económicas de la inmigración europea como la capacidad de ciertos personajes para transformar su éxito empresarial en acciones de beneficio público que perduran en la memoria histórica de las regiones donde vivieron (Klarén, 2000).
Bibliografía
Basadre, Jorge. (2005). Historia de la República del Perú. Lima: Editorial Universitaria.
Bonfiglio, Giovanni. (1993). Los italianos en la sociedad peruana. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú.
Burger, Richard. (1992). Chavín and the Origins of Andean Civilization. Thames and Hudson.
Klarén, Peter. (2000). Peru: Society and Nationhood in the Andes. Oxford University Press.



















