Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
29 de diciembre del 2025
La celebración del cumpleaños, hoy asumida como una práctica natural y casi inevitable, posee en realidad un origen histórico complejo que atraviesa religiones antiguas, estructuras de poder y profundas transformaciones culturales. Marcar el día del nacimiento no fue, en sus inicios, un gesto íntimo ni familiar, sino un acto cargado de simbolismo, reservado a figuras excepcionales y asociado a la protección espiritual, la legitimación política y la relación entre el individuo y el orden del cosmos. Aunque en la actualidad los cumpleaños se celebran con pasteles, velas y regalos en el ámbito doméstico, durante siglos fueron rituales solemnes destinados a dioses, reyes y héroes, lo que revela una práctica inicialmente excluyente que solo con el tiempo se volvió popular y accesible (Rey, 2024).
En el mundo contemporáneo, el cumpleaños funciona como un rito de paso individual que reafirma la identidad personal y fortalece los vínculos sociales, pero esta lectura moderna es el resultado de un largo proceso histórico. Al rastrear sus orígenes, se observa cómo la costumbre nació en la intersección entre lo religioso y lo político: los egipcios celebraban los nacimientos de sus dioses, los persas rendían homenaje al día natal de cada persona, los griegos honraban a Artemisa con tortas circulares iluminadas por velas y los romanos transformaron el dies natalis en un ritual doméstico vinculado al culto del espíritu protector. Comprender este recorrido histórico permite descubrir cómo una práctica cotidiana conserva aún la memoria de mitos antiguos y la necesidad humana de marcar el paso del tiempo como forma de orden y pertenencia (Rincón, 2017).
Los primeros registros: Mesopotamia, Egipto y Persia
Los testimonios más antiguos de celebraciones vinculadas al nacimiento provienen de Mesopotamia. En tablillas sumerias del tercer milenio antes de Cristo aparecen referencias a sacrificios realizados durante el aniversario del príncipe o del gobernante, entendidos como actos de comunión con los ancestros y de reafirmación del orden cósmico. La vida del soberano se concebía como inseparable del destino colectivo, y su aniversario servía para legitimar la continuidad dinástica, reforzar la autoridad y recordar la centralidad de la estirpe en la organización social. La celebración no estaba pensada para el individuo en sí, sino para el linaje y la estabilidad del poder (Rey, 2024).
En Egipto, el sentido del cumpleaños fue aún más restrictivo y profundamente religioso. El nacimiento de personas comunes no se conmemoraba, pues la atención ritual se centraba en los dioses y en el faraón, considerado una divinidad viviente. El calendario egipcio incluía los días epagómenos, concebidos como los cumpleaños de Osiris, Isis, Seth, Horus y Nephtys, fechas que reforzaban el orden sagrado del universo. Solo en época ptolemaica comenzaron a celebrarse los natalicios de los gobernantes humanos, siempre como actos públicos que reafirmaban su vínculo con lo divino. La Biblia recoge incluso la fiesta de cumpleaños de un faraón, reflejo del carácter solemne y político que tenía este acontecimiento en el mundo antiguo (Muoneke, 2025).
Los persas introdujeron una transformación decisiva al convertir el cumpleaños en una costumbre social extendida. Según Heródoto, cada persa celebraba el día de su nacimiento con un banquete cuya magnitud dependía de la posición social del festejado. Aunque existían diferencias económicas, todos rendían homenaje a su día natal, lo que supuso una democratización temprana de la práctica. En el caso del monarca, el cumpleaños era la celebración más espléndida del año: se realizaban rituales de purificación, se ofrecían presentes y se renovaba públicamente la lealtad de los súbditos, convirtiendo la fecha en un acto de afirmación comunitaria (May, 2025).
Así, en Mesopotamia, Egipto y Persia, el cumpleaños estuvo inicialmente ligado al poder y a lo sagrado. No era una fiesta privada ni familiar, sino una ceremonia colectiva destinada a proteger la vida del homenajeado y a reforzar el orden social. La creencia de que el día del nacimiento abría un umbral entre lo humano y lo divino explica la presencia de sacrificios y ofrendas, elementos simbólicos que, transformados, sobrevivirían en la celebración moderna (Rey, 2024).
Grecia y Roma: del mito al hogar
En Grecia, la celebración del cumpleaños personal no era una práctica habitual, pero existían rituales religiosos que anticiparon elementos centrales de la tradición moderna. En honor a Artemisa, diosa lunar, se ofrecían tortas redondas de miel adornadas con cirios encendidos. La forma circular evocaba el ciclo de la luna, mientras que las velas simbolizaban la luz divina que acompañaba a los hombres en la oscuridad. Aunque no se celebraban los nacimientos individuales, estos ritos establecieron una conexión duradera entre el nacimiento, la luz y la protección espiritual (Rincón, 2017).
Roma dio un paso decisivo al trasladar la celebración al ámbito doméstico. El dies natalis se convirtió en una fiesta privada en la que el homenajeado ofrecía sacrificios a su genius, el espíritu protector personal. Además de recibir regalos y compartir un banquete con familiares y amigos, el festejado debía agradecer al genius la vida recibida y pedir prosperidad para el nuevo año. Por primera vez, el cumpleaños se consolidó como un acto de reconocimiento individual, aunque profundamente marcado por lo religioso y lo simbólico (Muoneke, 2025).
Los cristianos primitivos rechazaron esta práctica por considerarla pagana. Padres de la Iglesia como San Jerónimo denunciaron las fiestas de cumpleaños como reminiscencias idolátricas, asociadas a sacrificios indebidos. Durante siglos, esta oposición contribuyó a que la costumbre decayera en Europa, aunque pervivió en tradiciones populares y en la conmemoración de los natalicios de santos y mártires, lo que mantuvo viva la idea de marcar el nacimiento como fecha significativa (May, 2025).
Grecia y Roma aportaron así dos pilares fundamentales a la tradición actual: el simbolismo del pastel con velas y la dimensión personal del cumpleaños como ocasión para honrar la vida individual. La unión de estos elementos definió el carácter íntimo de la celebración, alejándola de los grandes rituales estatales y preparándola para su expansión posterior en la cultura occidental (Rey, 2024).
De Asia a la modernidad
Mientras en Europa el cumpleaños evolucionaba hacia un rito doméstico, en Asia se desarrollaban tradiciones paralelas. En China, desde el siglo V, se celebra el zhuāzhōu, el primer cumpleaños del niño, en el que se colocan objetos simbólicos frente al bebé para augurar su futuro. Este ritual, acompañado de un banquete familiar y del culto a los ancestros, refuerza la dimensión espiritual del nacimiento y la continuidad del linaje. En otras culturas asiáticas, como la india, los natalicios de líderes espirituales se conmemoran con festivales religiosos que trascienden lo individual (Rincón, 2017).
En la Europa medieval, el rechazo cristiano impidió que la costumbre se generalizara, aunque los natalicios de santos, héroes y monarcas mantuvieron viva la práctica. Fue durante el Renacimiento y la modernidad cuando el cumpleaños recobró fuerza, vinculado al individualismo emergente y al creciente valor otorgado a la infancia. La celebración dejó de estar asociada a sacrificios rituales y se transformó en una expresión de afecto y reconocimiento personal (Muoneke, 2025).
La Revolución Industrial del siglo XIX consolidó definitivamente el cumpleaños infantil como costumbre familiar. Las clases medias urbanas popularizaron la fiesta con torta, velas y regalos, mientras la producción masiva de dulces, juguetes y tarjetas impulsó su mercantilización. A partir de entonces, el cumpleaños se expandió como una de las celebraciones más reconocibles de la cultura global (May, 2025).
Hoy, el cumpleaños es a la vez una ocasión íntima y social. Reunir a familiares y amigos para conmemorar la vida de alguien reafirma la identidad individual y los lazos comunitarios. De los sacrificios mesopotámicos a los pasteles contemporáneos, la celebración ha demostrado una notable capacidad de adaptación sin perder su sentido esencial: reconocer la existencia, renovar la esperanza y afirmar la pertenencia a un grupo humano (Rey, 2024).
Referencias
May, J. C. (18 de Mayo de 2025). Medium. Obtenido de What’s the history of birthdays?: https://medium.com/@QuestionClass/whats-the-history-of-birthdays-99e04006f79d
Muoneke, C. (22 de Noviembre de 2025). National geographic la. Obtenido de El misterioso origen de las velas de cumpleaños: una de las prácticas más antiguas del mundo: https://www.nationalgeographicla.com/historia/2025/11/el-misterioso-origen-de-las-velas-de-cumpleanos-una-de-las-practicas-mas-antiguas-del-mundo
Rey, S. (22 de Octubre de 2024). Meer. Obtenido de El origen de los cumpleaños y sus rituales: https://www.meer.com/es/84207-el-origen-de-los-cumpleanos-y-sus-rituales
Rincón, D. (10 de Agosto de 2017). El Tiempo. Obtenido de ¿Cómo empezó la costumbre de celebrar el cumpleaños?: https://www.eltiempo.com/cultura/gente/por-que-celebramos-los-cumpleanos-107640?utm_source=chatgpt.com



















