Artículo de información
José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez
30 de abril del 2026
El Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación de Lima forma parte del primer ciclo de instituciones religiosas femeninas establecidas en la capital virreinal durante el siglo XVI. Las fuentes históricas presentan fechas distintas para su origen, pues algunas registran 1558 como el establecimiento inicial del beaterio y otras sitúan la conformación conventual entre 1561 y 1562, diferencia que responde a los momentos sucesivos de recogimiento, autorización eclesiástica, adopción de regla y consolidación institucional. En ese proceso, la Encarnación aparece vinculada a la tradición agustina y a la organización temprana de los espacios de clausura femenina en Lima, dentro de una ciudad que, desde sus primeras décadas, fue articulando su vida social, religiosa y urbana alrededor de iglesias, conventos, monasterios, hospitales y casas de recogimiento (Campos y Fernández de Sevilla, 2020).
La importancia histórica de la Encarnación no se limita a su antigüedad. La ficha municipal de Pueblo Libre la identifica como “Alma Mater” de los conventos de clausura limeños y registra que, durante la Colonia, llegó a albergar una población femenina muy numerosa, integrada por religiosas, mujeres seglares, sirvientas y esclavas. Su emplazamiento original estuvo en el sector que hoy corresponde al entorno de la Plaza San Martín, área que fue profundamente modificada por obras urbanas, estaciones ferroviarias, prolongaciones de avenidas, daños sísmicos y posteriores demoliciones, hasta el traslado definitivo de la comunidad a Pueblo Libre en el siglo XX (Municipalidad de Pueblo Libre, 2008).
Fundación y formación conventual
La tradición fundacional del Monasterio de la Encarnación está asociada a Leonor de Portocarrero y Mencía de Sosa, figuras femeninas vinculadas al nacimiento de una comunidad religiosa que se fue configurando entre la memoria piadosa, la documentación eclesiástica y la crónica conventual. Martina Vinatea examina la crónica de fundación atribuida al ámbito agustino y advierte que estos relatos deben leerse considerando la mezcla de historia, escritura edificante y construcción institucional propia de los textos religiosos del Siglo de Oro. Desde esa perspectiva, la fundación no puede reducirse a una sola fecha aislada, sino que debe entenderse como un proceso en el que una comunidad de mujeres pasó de formas iniciales de recogimiento a una vida conventual organizada bajo autoridad religiosa (Vinatea, 2013).
Javier Campos y Fernández de Sevilla señala que, después de la ejecución de Francisco Hernández Girón y de la confiscación de bienes vinculados a su entorno familiar, Mencía de Sosa y otras mujeres se recogieron en una casa ubicada en la zona que luego sería reconocida dentro de la memoria urbana limeña. El estudio registra que el 25 de marzo de 1558 se fundó un beaterio bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios, con dirección espiritual agustina y relación con la Casa Grande de San Agustín. Este dato permite diferenciar el origen devocional y comunitario del posterior reconocimiento formal del monasterio como institución conventual de clausura (Campos y Fernández de Sevilla, 2020).
La posterior adopción del hábito agustino y la organización de la comunidad bajo reglas de vida religiosa consolidaron la identidad institucional de la Encarnación. Las fuentes consultadas muestran que la comunidad tuvo una evolución gradual: primero como agrupación de mujeres recogidas, luego como beaterio y más adelante como monasterio plenamente incorporado a la vida religiosa limeña. Esta secuencia ayuda a explicar por qué aparecen fechas diversas en las referencias históricas, pues cada fuente privilegia un hito distinto: el inicio de la vida común, la advocación inicial, la autorización eclesiástica, la construcción del edificio o la estabilización jurídica de la clausura (Vinatea, 2013).
La Encarnación se integró tempranamente al sistema conventual femenino de Lima y ocupó un lugar destacado dentro de la expansión religiosa de la ciudad virreinal. Cristina Ratto, al estudiar los conventos de monjas en Nueva España y el Perú, ubica estas instituciones como estructuras urbanas de gran peso, no solo por su función espiritual, sino también por su extensión material, su presencia arquitectónica y su relación permanente con la ciudad. En ese marco, la Encarnación aparece como uno de los primeros y más importantes conventos femeninos del virreinato peruano, con una influencia que se proyectó sobre la organización posterior de otros espacios de clausura en Lima (Ratto, 2009).
El monasterio dentro de la ciudad virreinal
El antiguo conjunto de la Encarnación tuvo dimensiones considerables dentro de la trama urbana limeña. Samuel Amorós señala que la casa religiosa fue establecida a cinco cuadras al sur de la Plaza Mayor y que el monasterio ocupaba una manzana de más de dos cuadras y media de largo, característica que explica su peso dentro de la ciudad virreinal. La descripción recogida por el autor a partir de Bernabé Cobo indica que, hacia el siglo XVII, el inmueble albergaba a centenares de mujeres y contaba con una iglesia de cubierta de madera, capilla mayor y crucero de bóveda, elementos propios de una arquitectura religiosa amplia y funcionalmente compleja (Amorós, 2020).
La vida interna del monasterio respondía a una organización social diferenciada, compuesta por religiosas de coro, legas, novicias, donadas, mujeres seglares, criadas libres y esclavas. Campos y Fernández de Sevilla recoge cifras documentales que permiten observar la magnitud de esa población intramuros y su evolución a lo largo del tiempo, con registros que muestran centenares de mujeres en distintos periodos del siglo XVII. Esta composición refleja una realidad conventual donde la clausura religiosa coexistía con jerarquías internas, labores de servicio, vínculos familiares, aportes económicos y formas de sociabilidad reguladas por normas eclesiásticas (Campos y Fernández de Sevilla, 2020).
Los grandes conventos femeninos funcionaban como recintos cerrados, pero no estaban desligados de la ciudad. Ratto plantea que estos conjuntos pueden entenderse como “ciudades dentro de la gran ciudad”, debido a la variedad de espacios internos que contenían y al modo en que su arquitectura participaba de la imagen pública del orden urbano. La Encarnación, por su extensión y número de habitantes, se ajusta a esa descripción: albergaba celdas, zonas de oración, espacios de servicio, áreas de circulación, iglesia, huerta y dependencias internas, formando una estructura compleja que reproducía, en escala conventual, una organización semejante a la de un pequeño núcleo urbano (Ratto, 2009).
Dentro de ese conjunto existieron también espacios de retiro y penitencia. Amorós registra que las religiosas hicieron construir una ermita de gran tamaño dentro del monasterio, destinada al aislamiento y a prácticas de recogimiento espiritual. Ese dato permite identificar que la clausura no era un espacio uniforme, sino un sistema con distintos niveles de separación, disciplina y devoción. La presencia de una ermita interna revela una dimensión adicional de la vida conventual, en la que la comunidad mantenía lugares específicos para el apartamiento religioso dentro de un edificio ya separado del mundo exterior por la propia regla de clausura (Amorós, 2020).
Transformaciones urbanas y pérdida del antiguo edificio
La ubicación original de la Encarnación estuvo en un sector de Lima que luego sería transformado por proyectos urbanos de gran escala. La ficha de la Municipalidad de Pueblo Libre registra que sus terrenos se redujeron progresivamente: en 1858, para dar lugar a una estación de trenes, y en 1910, para prolongar la avenida Nicolás de Piérola. Estos cambios deben entenderse dentro de la modernización urbana de Lima, cuando varias edificaciones virreinales fueron recortadas, alteradas o eliminadas para abrir vías, levantar estaciones, reorganizar manzanas y adaptar la ciudad a nuevas formas de circulación pública (Municipalidad de Pueblo Libre, 2008).
Amorós describe que, a mediados del siglo XIX, se estableció en la parte sur del monasterio la estación del ferrocarril que unía Lima con Chorrillos, lo que afectó el área del antiguo conjunto religioso. Más adelante, el trazado de la avenida La Colmena —actual avenida Nicolás de Piérola— dividió el área monástica y redujo severamente su presencia urbana. Según el mismo estudio, hacia el siglo XX solo quedaban como remanentes el claustro mayor y la iglesia reconstruida, hasta que el terremoto de 1940 dañó parcialmente la bóveda del templo y aceleró el proceso de abandono del antiguo emplazamiento (Amorós, 2020).
La Municipalidad de Pueblo Libre consigna que el terremoto de 1940, seguido de un incendio devastador, destruyó el convento y la iglesia en tal medida que las religiosas se vieron obligadas a trasladarse desde 1943 a su ubicación actual. Esta información coincide con el proceso general de pérdida del antiguo patrimonio conventual limeño, afectado por sismos, incendios, obras públicas, cambios de uso y demoliciones. En el caso de la Encarnación, el traslado no significó la desaparición de la comunidad, sino la separación definitiva entre la institución religiosa y el espacio urbano original donde había permanecido durante varios siglos (Municipalidad de Pueblo Libre, 2008).
El antiguo emplazamiento de la Encarnación quedó integrado a la Lima republicana y moderna, mientras que la comunidad continuó su vida religiosa en Pueblo Libre. Amorós señala que el claustro y la iglesia fueron demolidos en 1944 y que en el lugar se construyó un edificio neocolonial, conservándose apenas una referencia nominal al antiguo conjunto. Este dato permite distinguir entre continuidad institucional y pérdida material: la comunidad religiosa se mantuvo, pero el edificio virreinal que había formado parte de la estructura histórica de Lima desapareció casi por completo del paisaje urbano visible (Amorós, 2020).
La Encarnación en Pueblo Libre
El actual Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación se ubica en Pueblo Libre, en la cuadra 17 de la avenida Brasil, según la ficha oficial del recurso turístico municipal. La misma fuente lo clasifica dentro de la categoría de “Manifestaciones Culturales”, tipo “Arquitectura y Espacios Urbanos” y subtipo “Iglesias”. Esa clasificación permite reconocer el inmueble no solo como espacio religioso activo, sino también como parte del patrimonio cultural distrital, asociado a una comunidad de clausura que conserva prácticas de oración, vida contemplativa y celebraciones litúrgicas vinculadas a su advocación principal (Municipalidad de Pueblo Libre, 2008).
La ficha municipal registra que el ingreso al recurso es libre, aunque la visita se realiza principalmente en horario de misa. Esta precisión es importante porque se trata de un monasterio de clausura, no de un museo ni de un inmueble turístico convencional. La condición de clausura establece límites naturales al acceso público y diferencia el lugar de otros templos patrimoniales abiertos de manera permanente. En consecuencia, su relación con la ciudad actual se produce mediante celebraciones religiosas, horarios litúrgicos y prácticas devocionales, antes que por un circuito turístico de visita amplia o exposición continua (Municipalidad de Pueblo Libre, 2008).
El calendario religioso registrado para la Encarnación incluye la festividad de Nuestra Señora de la Encarnación, el 25 de marzo; la Virgen del Carmen, el 16 de julio; la Virgen del Rosario, el 7 de octubre; y la Virgen de las Nieves, el 5 de agosto. La ficha municipal añade que las novenas tienen una duración de una semana y que el último día se realiza una procesión. Estos datos muestran la permanencia de una vida ceremonial vinculada a advocaciones marianas y a prácticas devocionales que conectan la historia institucional del monasterio con la comunidad religiosa y el entorno urbano de Pueblo Libre (Municipalidad de Pueblo Libre, 2008).
La Encarnación actual reúne dos dimensiones históricas: por un lado, la continuidad de una comunidad religiosa femenina nacida en el siglo XVI; por otro, la memoria de un conjunto virreinal desaparecido del centro de Lima por efecto de transformaciones urbanas, desastres y demoliciones. Las investigaciones de Ratto, Campos y Amorós permiten situarla dentro de una red más amplia de conventos femeninos que tuvieron gravitación social, arquitectónica y urbana en las capitales virreinales. En ese sentido, el monasterio no se estudia únicamente como edificio religioso, sino como institución de larga duración dentro de la historia urbana de Lima (Ratto, 2009).
Referencias bibliográficas
Amorós, Samuel. (2020). Inmuebles religiosos demolidos de la Lima virreinal. Instituto de Investigación del Patrimonio Cultural. https://patrimonioculturalperu.com/wp-content/uploads/2020/08/inmuebles-demolidos-de-lima-virreinal.pdf
Campos y Fernández de Sevilla, Francisco Javier. (2020). La “ciudad penitencial” del convento de la Encarnación de Lima, clausura decana del continente americano. En La clausura femenina en España e Hispanoamérica: Historia y tradición viva (Vol. 2, Tomo 2, pp. 931-966). Estudios Superiores del Escorial. https://javiercampos.com/fls/dwn/ciudad-penitencial-convento-encarnacion-de-lima.pdf
Municipalidad de Pueblo Libre. (2008). Iglesia y Monasterio Nuestra Señora de la Encarnación [Ficha de recurso turístico]. Municipalidad de Pueblo Libre. https://portal.muniplibre.gob.pe/wp-content/uploads/2023/04/FICHA-8.pdf
Ratto, Cristina. (2009). La ciudad dentro de la gran ciudad: Las imágenes del convento de monjas en los virreinatos de Nueva España y Perú. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 31(94), 59-92. https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.2009.94.2285
Vinatea, Martina. (2013). Ficción y realidad en la crónica de la fundación del convento de la Encarnación de Lima. Hipogrifo. Revista de Literatura y Cultura del Siglo de Oro, 1(2), 125-133. https://www.revistahipogrifo.com/index.php/hipogrifo/article/view/44


















