Artículo de información

José Carlos Botto Cayo y Abel Marcial Oruna Rodríguez

De las conferencias de Borges entre el 1 de junio y el 3 de agosto de 1977, en el Teatro Coliseo de Buenos Aires (Borges, 1977).

17 de marzo del 2024

Para Jorge Luis Borges, la poesía no se reduce a un mero objeto de estudio erudito, sujeto a análisis históricos, bibliográficos o de fuentes. En su concepción, la esencia de la poesía trasciende estos enfoques y reside en la experiencia estética inmediata, en esa conexión visceral con la belleza que se siente física y directamente, sin necesidad de juicios racionales ni aplicación de reglas preconcebidas.

En una conferencia ofrecida en 1976, el célebre escritor argentino ahondó en su particular visión sobre la naturaleza intrínseca de la poesía. Lejos de enfoques teóricos o disquisiciones abstractas, Borges situó la poesía en el ámbito de lo sensorial, de aquello que se percibe de manera primordial e indefinible, al igual que el amor, el sabor de una fruta madura o la contemplación del vasto horizonte marino.

Para Borges, la poesía no habita entre las páginas encerradas de los libros, sino que cobra vida en el encuentro vivo del lector con el texto, en ese instante de descubrimiento en el que la obra se revela en toda su plenitud. Esta experiencia es análoga a la del poeta en el acto mismo de la creación, al ir desvelando las palabras que emergen desde las profundidades de su ser como una expresión espontánea.

En este sentido, Borges comparte la visión del filósofo italiano Benedetto Croce, quien concibió la poesía como expresión en su forma más pura. Cada palabra, cada verso, es en sí mismo una expresión poética. De ahí que el lenguaje mismo sea considerado por Borges un fenómeno estético, una manifestación de belleza intrínseca que trasciende las barreras idiomáticas y las convenciones culturales.

Con una mirada abarcadora y celebratoria, Borges ensalza la universalidad de la poesía, esa capacidad de engendrar belleza en todas las lenguas, desde el español hasta el alemán, el inglés, el italiano, el persa y más allá. La poesía, según su visión, no entiende de fronteras ni de nacionalidades, pues la belleza poética está desparramada por igual en todas las culturas y rincones del mundo.

Pero más allá de su dimensión universal, la poesía es también para Borges una experiencia profundamente individual, un “hecho estético” que se siente o no se siente, que no requiere de justificaciones racionales. Es esa presencia inmediata de la belleza, tan indefinible como el amor o la contemplación de un paisaje sublime.

En última instancia, la autenticidad de un poema no radica en su origen o autoría, sino en la belleza imperecedera que transmite, independientemente de si fue escrito por un poeta anónimo o un autor consagrado. Lo relevante es esa conexión visceral con la esencia misma de la poesía, ese dejarse atravesar por la fuerza arrolladora de las palabras y las imágenes que brotan de la página.

Para ilustrar su concepción, Borges analiza en detalle dos sonetos: uno de Francisco de Quevedo y otro del poeta argentino Enrique Banchs. En el caso del soneto de Quevedo, dedicado a la memoria de Pedro Téllez Girón, duque de Osuna, Borges identifica la presencia inmediata de la poesía en dos versos memorables: “Sus tumbas son de Flandes las campañas / y su epitafio la sangrienta luna”.

Estos versos, según Borges, son ambiguos y felices precisamente por esa ambigüedad. La “sangrienta luna” puede referirse tanto a la luna roja sobre el campo de batalla como al pabellón otomano. Pero más allá de su significado concreto, estos versos transmiten de manera directa la belleza poética, ese “contacto inmediato” que no requiere de interpretaciones complejas.

Por otro lado, en el soneto de Enrique Banchs, Borges destaca cómo la poesía se halla “diluida” y “dispersa” a lo largo del poema, en una expresión más pudorosa y sutil. El tema central, la presencia del amor, no se revela sino hasta el final, en un giro que Borges califica de “admirable”.

A través de estos ejemplos, Borges demuestra que la poesía no reside en los estudios eruditos o las interpretaciones complejas, sino en esa conexión directa con la belleza que se experimenta en el acto mismo de la lectura. La poesía, en su esencia, es una vivencia estética inmediata, una sensación física que se siente con todo el cuerpo.

Borges celebra también la capacidad del lenguaje para crear belleza en sí mismo, más allá del significado racional de las palabras. Cita ejemplos de diversos idiomas, desde el español hasta el alemán, el inglés antiguo y el persa, en los que la sonoridad y la musicalidad de las palabras adquieren una dimensión estética propia.

En este sentido, Borges cuestiona la noción de que la prosa está más cerca de la realidad que la poesía. Para él, ambas son formas de creación estética, alejadas por igual de la percepción directa de la realidad. Un ejemplo citado es la supuesta frase prosaica “un viento frío sopla del lado del río”, que Borges considera igual de compleja y alejada de la realidad inmediata que un verso poético.

A lo largo de su conferencia, Borges recurre a numerosas citas y ejemplos de diversas tradiciones literarias, demostrando su vasto conocimiento y su capacidad para encontrar la belleza poética en los rincones más insospechados. Desde versos de la Divina Comedia hasta plegarias de marineros fenicios, pasando por la poesía persa y la obra de autores como Shakespeare y Góngora, Borges teje una red de referencias que enriquecen y sostienen su particular visión de la poesía.

En última instancia, para Borges, la poesía trasciende los enfoques eruditos y las disquisiciones teóricas. Es una experiencia visceral, una conexión directa con la belleza que se siente física y emocionalmente, sin necesidad de interpretaciones complejas. Es esa capacidad de asombro, de dejarse conmover por las palabras y las imágenes que brotan de la página como una revelación.

En un mundo cada vez más dominado por la razón instrumental y los análisis fríos, la voz de Borges se alza como un faro que nos guía de vuelta al hogar de la poesía, a ese ámbito sagrado donde las palabras no son meros signos vacíos, sino vehículos de revelación, canales por donde fluye la corriente inagotable de la belleza, ese río imperecedero que nutre nuestras almas y nos recuerda nuestra condición de seres sensibles, capaces de estremecerse ante el milagro de la existencia.

Referencias

Borges, J. L. (1 de Junio de 1977). bottocayo. Obtenido de ¿Qué es la Poesía?: conferencia de Jorge Luis Borges: https://www.youtube.com/watch?v=nwCHA4s7MZo&t=220s