Una guerra a lengua armada, un bombardeo de reproches íntimos que duelen y retratan la naturaleza dual del ser humano y del lenguaje, así es “Hermanas”, la obra del dramaturgo francés Pascal Rambert, que, tras un periplo por siete países, llega por primera vez a Suramérica, con su estreno este sábado en Perú.

El director, de ojos claros y pelo canoso y alborotado, asegura que en este espectáculo pintó, sin adornos, ni bromas, ni fisuras, la polarización de la sociedad contemporánea y las “contradicciones” que ve “en la vida” a través de un mano a mano entre dos mujeres que, pese a todo lo que las une, son profundamente dispares y están condenadas a convivir sin entenderse por hablar lenguas distintas.
“La obra solo habla de qué es el lenguaje y como este es, al mismo tiempo, una herramienta maravillosa para entendernos y algo que produce exactamente lo contrario de lo que queremos”, cuenta en una entrevista con Efe el dramaturgo, durante su visita en Lima, en vísperas del estreno.
“Hermanas” es una hazaña teatral “violenta”, dice, que persigue la máxima sencillez e intenta “dar forma a la complejidad”. Todo, bajo la premisa de que el arte escénico es capaz de “cicatrizar heridas” y “transformar vidas”, como le pasó al Rambert de 16 años cuando vio en Francia, por primera vez, una pieza de la alemana Pina Bausch, rememora el autor, que acaba de entrar en su sesentena.
Durante una hora y media, sobre un escenario con decenas de sillas de plástico de vivos colores, dos mujeres se reprochan su pasado en una batalla dialéctica llena de odio, rencor y rivalidad. Un texto sin puntos ni comas, que, en palabras de su artífice, solo “dos actrices muy poderosas” pueden interpretar.
El germen de “Hermanas” fue la actriz española Bárbara Lennie. Tras su papel protagonista en “La clausura del amor”, de Rambert, el dramaturgo concibió la idea de escribir una pieza “dura y difícil” para ella, quien pidió tener como compañera a Irene Escolar.
Y así nació “Hermanas”, que se exhibió por primera vez tras un telón en 2018, en paralelo en Madrid y París, con las prestigiosas Marina Hands y Audrey Bonnet.

El ring peruano

Al ring peruano, que mantiene la adaptación francesa, se suben Lucía Caravedo y Denise Arregui, dos actrices que coinciden por primera vez en un mismo escenario, donde, aseguran, “sacan la fiera” que tienen dentro y, casi en un estado de “trance”, llevan la tensión “al límite”.
“Es un regalo en el sentido que permite provocar todo pudor de expresividad”, resume a Efe Denise, quien interpreta a la hermana menor, una periodista mediática que irrumpe en el trabajo de Lucía, quien es trabajadora social, para reprocharle por qué no le avisó que su madre estaba por morir tras sufrir una enfermedad.
Con este detonante, empiezan las palabras, a modo de cuchilladas, entre los personajes, que mantienen los nombres de las actrices y la “idiosincrasia” peruana.
“Es muy interesante poner en escena una obra francesa, en un contexto de Europa, (…) y ver la lectura que puede darle este público. (Los peruanos) tenemos otras vivencias, otro tipo de mujeres, de lenguaje, de espíritu, de manera de ser y de pensar”, apostilla Lucía, quien fue la impulsora de llevar “Hermanas” al país andino, tras su papel en “La clausura del amor”.
Comentan que la obra de Rambert “habla mucho sobre olas migratorias” y hoy puede ser reinterpretada por la pandemia de la covid-19, que extirpó a muchos la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.
Pero destacan que, en Perú, con probabilidad calará el duelo político que “atraviesa toda la obra”.
“En este país, ahorita estamos en una polarización impresionante (…) son dos mundos que se enfrentan, la izquierda contra la derecha, y lo único que hacen es atacarse, no hay ningún proyecto de país, no hay ningún deseo de encontrar algo en común”, dice Lucía.

Escribir para mujeres

Una polarización que es denominador común a nivel global, asevera Rambert, a quien le brillan los ojos al sentenciar que ha dado “toda su vida al teatro” y “trabajado alrededor de todo planeta” sin dejar de escribir un solo día, con especial inclinación hacia las mujeres.
“He escrito durante más de cuarenta años y, por alguna razón, siempre he preferido escribir para mujeres. Me gusta escribir para personas que no son yo (…) y para mí es una suerte de compromiso, también”, declara el director, quien se jacta de poner a las actrices en el centro de sus obras con un “texto grande”, capaz de romper con la tradición dramática que ha tendido a relegarlas siempre a “un costado”.
Cuando era niño, recuerda, mientras sus compañeros de clase jugaban al fútbol, él se pasaba el recreo sentado en un banco, con chicas.
“Tuve acceso a un mundo femenino que no era mi mundo y eso, para mí, fue totalmente fascinante. Supongo que por eso hago lo que hago ahora. De cierta manera, devuelvo a las chicas de mi clase lo que recibí”, reflexiona.
Las próximas paradas de “Hermanas” serán Venezuela y Burkina Faso, y las de Rambert, Madrid y Milán.
En la ciudad italiana estrenará una obra aún inconclusa, que ha estado cocinando en el cuarto que lo acoge en Lima, desde el que tiene vistas a la Huaca Pucllana, un sitio arqueológico prehispánico que se ha convertido en una “obsesión” para el dramaturgo, quien confiesa su intención de colarlo en su nuevo texto.
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