Por José Ramón Ripoll

El texto bíblico de Las lamentaciones de Jeremías, que contiene cinco poemas sobre la destrucción de Jerusalén, tras haber sido conquistada por Nabucodonosor II en el 587 a. C., ha servido de base inspirativa para muchas composiciones a lo largo de la historia de la música, desde los antiguos antifonarios mozárabes, como el que se conserva en la abadía de Santo Domingo de Silos, hasta las creaciones propias del argentino Alberto Ginastera, en 1946, sin olvidarnos de obras maestras como las del abulense Tomás Luis de Victoria, el ursaonense Alonso Lobo o el inglés Thomas Tallis. Por otra parte, el pianista y compositor americano Uri Caine escribió en 2010 una interesante pieza concebida para cuarteto de violas da gamba, clarinete bajo, piano, mezzosoprano, cantaora flamenca, cantante de jazz y voz grabada, bajo el título Lamentations, por encargo de la Bachakademie de Stuttgart.

El madrileño José Zárate (1972), compositor y musicólogo, autor de un extenso catálogo en el que se insertan casi todos los géneros musicales, estrenó en 2004 la Trilogía vulgata, a partir de un texto del Cantar de los Cantares y dos poemas del profeta Jeremías. Alumno de García Abril y Agustín González Acilu, su estilo se ha ido decantando por un lenguaje directo y expresivo, cada vez más tenso y desnudo, capaz de transmitir emociones y expresar nítidamente la intención de cada uno de sus proyectos.

En el apartado de la música coral, ya son muchas las obras que le otorgan una suficiente experiencia, entre las que destacan Cántico espiritual, para soprano, mezzo, barítono, coro mixto y orquesta, Stabat Mater, Ego flos campi y Zacharias; estas dos últimas fueron galardonadas, en los años 1999 y 2000 respectivamente, con el Premio Europeo de Coros y Maestros de Catedrales de Amiens. Precisamente son estas dos piezas el motor primero de la Trilogía vulgata que se estrena hoy en su versión definitiva, al insertarle una tercera, bajo el título de Zacharias. El texto sobre el que se sustenta la obra procede de diversos textos bíblicos de la versión latina conocida como «vulgata».

Del origen de la Trilogía, el propio autor nos explica:

El proyecto nace en Roma, durante mi estancia en la Academia de España en 1998, como necesidad de indagar en la identidad y característica de la masa coral como parte de un comprometido sentimiento de lirismo no exento de la oportuna investigación especulativa. La elección de los textos me sirvió para acceder a un estado expresivo que me proporcionaría la capacidad necesaria para alcanzar un determinado fin emocional. Así, en 1998 nace Ego flos campi. El texto de esta pieza pertenece al segundo capítulo del Cantar de los Cantares («Yo flor del campo, y tu lirio de valles…») y pretende transmitir la esencia lírica del libro más amatorio, sensual y transgresor de la Biblia. La segunda de las piezas, Lamentatio quarta, ha sido la última en componerse, concretamente en 2001, y su título indica la procedencia del texto: el cuarto capítulo del libro de Jeremías, Lamentaciones. Es la pieza más hiriente, áspera, cruel, agresiva y ambiciosamente contemplativa. La fuerza de su texto («De sed, la lengua de los niños de pecho se pega al paladar…») proporciona la identidad de la obra como una reflexión musical sobre la relación-religión del hombre consigo mismo. La tercera pieza, Zacharias, fue compuesta en 1999. El texto proviene del libro del profeta Zacarías, siendo esta la única de las piezas que posee varias partes: Aperi Libane, Flamea y Exsulta satis. La conformación del texto literario ha sido tratado desde el simple respeto a su significado, transmitiendo una personal visión a la magnificación poética del texto profético.

Pocas veces se puede apreciar con más justeza el trabajo de acercamiento de un compositor contemporáneo a un texto fijado por el tiempo, esculpido en la piedra inamovible de la historia y, aún más, en el libro de las creencias. Zárate explora cada una de las palabras y sabe extraer música de ellas, sin que su intervención personal destaque demasiado, es decir, intentando que suenen esas palabras por sí solas en su concatenación con ellas mismas y con la conciencia de los hombres. Posiblemente no sea Trilogía vulgata la obra más brillante de su producción, pero sí un ejemplo de escucha y de indagación en el poema y en la «lamentación» humana: un alto ejercicio a capela en medio del ruido universal.


Fuente: https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_18/21062018_01.htm