La economía peruana está lista para recuperarse, pero la incertidumbre empaña las perspectivas.

Al Emid

El número de víctimas de COVID en Perú se vio agravado por la escasez de suministros médicos, pero BBVA Research predice que su economía habrá crecido un 12.2% en el 2021, señala un artículo publicado por la revista estadounidense ‘Global Finance’.

La inversión extranjera directa (IED) constituiría un pilar sólido para una continua recuperación económica. También proporcionaría inversión de capital, transferencia de tecnología e ingresos públicos, explica Raimundo Soto, profesor asociado de macroeconomía y econometría de la Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago.

La IED cayó de US$ 8,900 millones en el 2019 a US$ 3,100 millones en el 2020. Por lo tanto, el gobierno está invirtiendo en tecnología. Perú tiene 12 acuerdos de libre comercio con 58 países, más recientemente el Reino Unido. El país lanzó un plan de reactivación del turismo y se jactó de una tasa de inflación del 5.83% en el cuarto trimestre del 2021.

Antes de la pandemia, Perú había atraído a empresas de todo el espectro empresarial: la energética española Repsol, el Canadian Bank of Nova Scotia a través de su subsidiaria Scotiabank Perú, el fabricante de alimentos Nestlé a través de su subsidiaria Nestlé Perú, el fabricante de automóviles Toyota a través de su subsidiaria Toyota del Perú, el conglomerado minorista chileno Falabella y una serie de empresas mineras nacionales y extranjeras.

Política inestable

Perú generalmente ofrece fuertes protecciones para los derechos contractuales y de propiedad; sin embargo, advierte Soto, los planes de nacionalización del nuevo gobierno no son claros: “Nadie está seguro de si lo harán o no”.

Con cinco presidentes desde el 2016, la política del Perú es inestable. El presidente Pedro Castillo y su partido Perú Libre ganaron por un estrecho margen las elecciones de junio con el 50.13% del voto popular, pero enfrentó una moción de censura, que solo fue eclipsada temporalmente por un terremoto de magnitud 7.5 del 28 de noviembre. Una nación dividida, argumenta Soto, lucha para promulgar reformas innovadoras.

El programa de la nueva administración se basó en algunos movimientos audaces, uno de los cuales es nacionalizar, o al menos intervenir fuertemente, el sector minero, uno de los motores de la economía”, explica. “Así que hay mucha incertidumbre”.

El gobierno también tiene ideas para la reforma agraria; pero los planes reales no están claros, lo que genera incertidumbre para el sector agrícola. En general, el sistema político en Perú está muy fragmentado, con lealtades partidistas más centradas en los líderes que en la ideología o la política.

La inexperiencia de los actores clave es otro comodín. “Los responsables no son necesariamente los que son capaces de entender la política y gestionar el gobierno”, dice Soto. “Varios ministros cambiaron en poco tiempo, lo que dio la impresión de que hay poca coherencia en los planes. [Castillo] no tiene la maquinaria para armar un conjunto coherente de medidas“.

Además, se informó que algunas operaciones mineras han amenazado con cerrar debido a protestas ambientales y el gobierno no ha otorgado algunas licencias por preocupaciones similares.

Dichos factores, tomados en conjunto, quizás recomienden un enfoque de esperar y ver por ahora. Como señala Soto: “No cuesta nada mirar y esperar”.