La cuarta temporada de “Cobra Kai” es la mejor hasta el momento. Es la menos espectacular de todas en cuanto a peleas, infaltables en una historia de artes marciales, pero no las necesita para subir puntos; para imponerse como depredador en este hábitat hostil llamado Netflix donde ninguna serie está a salvo y cualquiera puede ser cancelada (si tienes dudas, pregúntale a “Cowboy Bebop”).

¿Qué hizo “Cobra Kai 4″ que no consiguió antes? Llevó al siguiente nivel el crecimiento de todos sus personajes, incluso los “villanos”. Esto lo hace con la regla básica de la ficción televisiva, el conflicto, que para existir se necesita la oposición de dos o más fuerzas, y la serie lo representa en las luchas entre el dojo que da nombre a la serie, liderado por John Kreese (Martin Kove); contra la breve alianza de Eagle Fang Karate y Miyagi-Do; liderados respectivamente por Daniel LaRusso (Ralph Macchio) y Johnny Lawrence (William Zabka).

Pero dentro de estos dojos también hay problemas. En Cobra Kai las cosas no andan precisamente bien entre Kreese y Terry Silver (Thomas Ian Griffith), villano de “Karate Kid 3″ (1989) que tiene su propio plan; mientras que los rivales convertidos en aliados comprenden, en la práctica, que sus estilos son demasiado distintos como para trabajar juntos. Todo esto está envuelto en un conflicto amplio, el de cada temporada: la agresión contra la reacción, la violencia contra la templanza.

En el caso de LaRusso y Lawrence, el conflicto hace que surja algo nuevo. Pero no son ellos quienes lo entienden primero, sino sus alumnos: Miguel, Samantha, Tori y Robby superan a sus maestros, no necesariamente en habilidades de lucha, sino como solucionadores de conflictos. De todos estos chicos, quien gana más como personaje es Miguel Díaz (Xolo Maridueña), que al no pelear en el torneo toma la mejor decisión para sí mismo. También destaca Tori Nichols (Peyton List), que la temporada previa estuvo algo acartonada y ahora, al enfrentarse a las consecuencias de sus acciones, empieza a redimirse.

John Kreese (Martin Kove) en el momento definitorio de su personaje. Foto: Netflix.
John Kreese (Martin Kove) en el momento definitorio de su personaje. Foto: Netflix.

En redención también destaca el arco de Robby Keene (Tanner Buchanan), desencantado de “Cobra Kai”, pero no de los métodos violentos y sin mesura, que no necesariamente lo dañaron solo a él esta temporada, sino al jovencísimo Kenny (Dallas Dupree Young), que se convierte en un bully para defenderse del bullying.

Pero el verdadero desarrollo ocurre en el sensei John Kreese, villano definitivo de la serie, que crece como personaje. Lo consigue al internalizar que su camino no siempre estuvo en lo correcto, esto al ver cómo sus alumnos han avanzado, pero también por las palabras de Silver; quien le hace ver sus errores. No es una transformación radical, sino que se construye episodio a episodio. De ahí que duela tanto verlo arrestado por un crimen que no cometió, algo por lo que Terry Silver es responsable y, en menor medida, Stingray.

Este crecimiento de ambos lados del conflicto, que termina en una revelación doble, la situación en la que protagonistas y antagonistas se influencian mutuamente; convierte a “Cobra Kai” temporada 4 en la mejor de todas hasta el momento. La cereza del pastel es el desarrollo de la rivalidad LaRusso-Lawrence, bandos que tienen más en común de lo que podrían pensar. Por cosas como esta da gusto que Netflix haya salvado la serie, que de seguir en YouTube habría terminado en su temporada 3, pero que en este “nuevo hogar” ya tiene garantizada al menos su temporada 5. Esta nostalgia sí se deja ver.

Foto: Netflix.
Foto: Netflix.