Mario Suárez

En Japón hay cerca de 1.500 terremotos al año. Es el país del mundo con mayor riesgo de sufrir seísmos con una magnitud superior a 6,5 en la escala de Richter, también el mejor preparado. Sistemas de detección y una arquitectura, impulsada en los años ochenta, a prueba de movimientos tectónicos son parte necesaria de su urbanismo. De rascacielos a factorías. También a cementerios, como el Inagawa Cemetery Chapel en Hyogo, en el centro del país, inaugurado recientemente y que lleva la firma del arquitecto británico David Chipperfield.

“El edificio principal del cementerio se diseñó en respuesta a las condiciones específicas del suelo, con diferentes terrazas en altura y siguiendo las consideraciones estructurales que conlleva construir en un área de alta actividad sísmica”, cuenta Tom Herre, arquitecto del equipo de Chipperfield. Así, esta mole de hormigón pigmentado en rosa se desliza discreta como una manta sobre la montaña de Hokusetsu, a 40 kilómetros al norte de Osaka.

El edificio está concebido para el silencio y diseñado contra los terremotos.
El edificio está concebido para el silencio y diseñado contra los terremotos.Keiko Sasaoka
Una gran escalera divide el cementerio en dos y salva las diferentes terrazas.
Una gran escalera divide el cementerio en dos y salva las diferentes terrazas.Keiko Sasaoka

El cementerio Inagawa se articula como un lugar de esparcimiento más que de duelo, pero lo hace con la discreción nipona. Una gran escalera divide el recinto donde aparece un centro de visitantes y una capilla minimalista de unos 500 metros cuadrados que incita a la reflexión. “Nos pidieron que hiciéramos un edificio atemporal, que fuera un lugar acogedor para todos, independientemente de su religión o cultura, un lugar tranquilo para la contemplación”, añade Herre.

El cementerio tiene vistas a la montaña de Hokusetsu, a 40 kilómetros al norte de Osaka.
El cementerio tiene vistas a la montaña de Hokusetsu, a 40 kilómetros al norte de Osaka.Keiko Sasaoka

La integración de la naturaleza que rodea al camposanto –salvando los diferentes desniveles– y los propios nichos ya existentes fueron claves en la construcción de los edificios. Fue como crear una casa para un jardín ya existente. La luz resultó el otro elemento arquitectónico al que quisieron sacar todo el partido. “La conexión con la naturaleza es algo que prevalece en la cultura japonesa y fue clave en el proyecto; además de los grandes ventanales a cada lado de la capilla que ofrecen vistas al bosque que hay detrás”, cuenta el arquitecto, con el eufemismo de llamar jardines a un lugar plagado de tumbas.

Una capilla y un centro de encuentro son los dos edificios principales, construídos en hormigón rosado.
Una capilla y un centro de encuentro son los dos edificios principales, construídos en hormigón rosado.Keiko Sasaoka

La sensación monolítica que transmite el cementerio es algo buscado: “Que el hormigón fuera pulido y sin orificios visibles fue premeditado para provocar esta sensación de bloque; buscamos el matiz rojizo para tener una apariencia más cercana a la tierra que, además, con la luz y el cambio de las estaciones, tiene un aspecto distinto cada época del año”. Lo más parecido a un monumento megalítico de la Edad de Bronce. pero en pleno siglo XXI.