Mirada. Precariedad de las instituciones públicas y grietas en su manejo normalizaron la desigualdad, según los especialistas.

Desde los noventa hasta un año antes de la pandemia, los indicadores del crecimiento económico, desempleo y pobreza monetaria –con sus idas y venidas– lograron mantener la estabilidad suficiente para acercarnos al bicentenario dispuestos a no alterar la economía de mercado.

No obstante, el economista Juan José Marthans alega que si bien se logró alcanzar un nivel respetable macroeconómico, no se refleja en los indicadores políticos, sociales, culturales, sanitarios y educacionales, por lo cual este desarrollo inconcluso genera traspiés en cada proceso electoral, y más en los recientes comicios, en donde los peruanos tendrán que elegir entre “posiciones extremas asociadas a la corrupción o ideas trasnochadas de un comunismo que no existe en ninguna parte del mundo”, en referencia a la eventual segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo.

A su criterio, observamos un desgaste extremo del mercantilismo en el Perú, modelo que se esconde tras el disfraz de economía social de mercado, dado que hay distorsiones en el comportamiento de diferentes ramas de la actividad productiva, organizaciones monopólicas que crean desigualdades y dificultan la competencia, sumado a una débil institucionalidad y exceso de trabas al crecimiento de pequeños emprendimientos.

Dejadez

Pablo Secada considera, por su parte, que se comete un error al hablar de un modelo económico en nuestro país, dado que desde 1990 a 1994 solo se hicieron reformas económicas para “luego esperar que Dios nos toque con su varita mágica”.

El especialista señala que se adoptaron estas medidas, pero se las abandonó en esencia, poniendo como ejemplo las reformas de pensiones, protección social, fondos soberanos de riqueza, electorales y congresales, entre otras.

Mientras que Armando Mendoza argumenta que el resultado de las recientes elecciones presidenciales expresa el enorme descontento de la población en general a un modelo de Estado que no atendió las necesidades del peruano promedio durante la pandemia.

Mendoza cree que sí hay un modelo tejido desde los años noventa que marcó la pauta del crecimiento económico, pero que entró a una especie de piloto automático –aupado por el boom de las industrias extractivas–, lo cual se traduce en “una clase política que está completamente divorciada del país”, posponiendo las reformas en salud, educación y recaudación tributaria, pese a que la población lo demanda.

En esa línea, Secada condenó la débil institucionalidad para que las reformas vean la luz, y siempre estén presionadas por los grupos de interés y el desinterés de los políticos de turno.

Visto bueno, a medias

Para Javier Zúñiga, el modelo económico sí ha dado resultados, poniendo sobre el tapete la reducción de hasta en 10 puntos de la pobreza y el crecimiento de los ingresos del sector minero y agroindustrial.

“Decir que el modelo no ha dado resultado no es verdadero, yo creo que sí los ha dado, y como todo tiene que mejorarse, tiene que haber más apertura para corregir la desigualdad, corregir el tema del Estado (presencia) en todo el Perú; por lo tanto, el modelo debería seguir con alteraciones propias de los años”, argumentó para La República.

Sin embargo, Zúñiga enfatizó en la necesidad de canalizar adecuadamente los recursos a los lugares más pobres para impulsar la actividad comercial, lo cual iría de la mano con un mejor manejo de la descentralización para acabar con la corrupción en gobiernos regionales, así como evaluar el sistema de monopolios en el mercado, como el farmacéutico.

Reacciones

Juan José Marthans, exjefe de la SBS

“Nos falta constituir la base de una nueva institucionalidad. No existe igualdad de oportunidades (…) Somos una economía más próxima al mercantilismo. Necesitamos nueva clase política y empresarial”.

Armando Mendoza, economista

“Hay un modelo desde los noventa que, para bien o mal, tejió la evolución económica (…) luego estuvo en piloto automático, y al mismo tiempo, generó sensación de que no hay que cambiar nada”.

Infografía - La República

Infografía – La República

Infografía - La República

Infografía – La República