José Vadillo Vila

Se conmemoran 90 años del nacimiento de María Dictemia Alvarado Trujillo, Pastorita Huaracina. Su voz, dulce y potente, fue la banda sonora que arropó a los migrantes en la capital.

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Yo soy como los pajarillos, paso mi vida cantando… Aunque era estelar en las marquesinas de los espectáculos, Pastorita Huaracina (1930-2001) tenía una disciplina férrea: siempre llegaba 60 minutos antes de subirse al entarimado. Le gustaba ensayar con el marco musical para que sus éxitos infaltables –encabezados por “Quisiera quererte” y “El borracho”– suenen bien. Era su responsabilidad con el público.

Su hija Luz Elena Romero, quien salvaguarda su memoria, recuerda que cuando el presentador la anunciaba, María Dictemia Alvarado Trujillo colgaba tras bambalinas los problemas caseros, las enfermedades, y se transformaba. Como aquella vez que llegó afiebrada al Teatro Municipal de Lima y, mágicamente, la fiebre la tiró con el saco cuando subió al escenario.

Entregar mi vida, quisiera, a los filos de un cuchillo. Se entregaba totalmente al público y sus blusas terminaban empapadas a pesar de las toallas de papel que se ponía. Era un sacrificio que el público sabía responder con palmas y coreando los estribillos.

Para Pastorita Huaracina, la fecha de su nacimiento –19 de diciembre– merecía celebración porque ese día, en 1942, inició su carrera artística. Una década más tarde, se convertiría en la primera intérprete femenina en ser contratada por una disquera para grabar música andina. Ya no quiero tu cariño, porque tú me has traicionado, ahora tengo un amor nuevo, que me quiere con el alma…

Los “aniversarios” de la “reina de las chuscadas” podían ser multitudinarios (en el Amauta, por ejemplo), o selectos (en el hotel Crillón); caer inclusive domingo, pero al día siguiente, a las siete de la mañana, ella estaba en Radio Santa Rosa, lista para conducir Canta el Perú profundo. Llegaba con sus dos periódicos bajo el brazo y a las ocho en punto arrancaba el programa infaltablemente haciendo una síntesis de las noticias a su manera: había estudiado hasta tercero de primaria, pero era una gran lectora, y de sus giras por el mundo guardaba el recuerdo de los museos que había visitado. Nunca faltar a la radio era su agradecimiento al público que la siguió por décadas.

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José María Arguedas alguna vez la llamó “Pastorita Huaracina, una mujer pasta, pico de oro” y le dio el título de la Reina de la Música Andina. Es que la artista nacida en Malvas, Ancash, tenía su propia mirada sobre el folclor.

Empezó como bailarina y cancionista del famoso conjunto Atahualpa, dirigido por Luis Durand, y luego tomó el nombre artístico de Torcasita Ancashina (en una entrevista recordó que, en 1946, los músicos Aquiles Azurza y Honorato San Miguel la rebautizaron como Pastorita Huaracina).

Eran tiempos cuando las folcloristas solo podían vestirse con la indumentaria característica de su región y supeditarse a un repertorio local. Pastorita se rebeló y grabó y cantó distintos repertorios. Para romper esa coraza, se preocupó por tener múltiples vestuarios. Así pudo interpretar canciones del valle del Mantaro, de Ayacucho, del Cusco, etcétera. Bromeando, decía, “no podré cambiar de cara, pero sí de vestuario”.

Sus trajes recuerdan que la Pastorita tenía una cintura muy delgada, cuenta Luz Elena. En el primer piso de la casa donde vivió –tercera etapa de la urbanización Covida, en Los Olivos–, los dos hijos de la cantautora tienen proyectado inaugurar en mayo del 2021 la Casa de Pastorita Huaracina.

Ahí estarán en exhibición, como testigos de su vida en escena, varias de sus vestimentas y objetos personales, como su máquina de escribir, su máquina de coser o la radiola donde ella ponía sus longplays para ensayar su repertorio.

Era el único momento en que Pastorita escuchaba sus discos. No le gustaba escucharse. Prefería escuchar los discos de folclor de diferentes regiones; música internacional –la mexicana era su favorita– y la música clásica.

Romero ensaya que el gusto por la música académica y realizar su anhelo de tocar junto a la Orquesta Sinfónica Nacional se deba a que la Pastorita empezó a trabajar a los 9 años como trabajadora del hogar, algo que jamás ocultó.

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Fue mujer valiente y adelantada. “No era su misión ser solo una cantante, y eso lo demostró en su historia”, dice Luz Elena Romero. Pastorita hacía de su voz una denuncia y no le importaba si estaba frente a las autoridades. Lo hacía sin clichés, le importaba el pueblo. Ella, que se casó con un cerreño, conocía de los abusos de la minería y denunciaba en “Pobre obrero minero” que esa actividad no favorecía al país sino a un puñado. Grabó una canción en la que reclamaba una universidad para Áncash. O hacía una performance antes de “El borracho” para dar un mensaje de equidad de género y reivindicar a las mujeres pobres y quechuahablantes. La amaban.

En su casa están sus “libros”, como los llamaba, los cuadernos en los que hasta con faltas de ortografía copiaba las canciones y con lapicero rojo marcaba dónde debía de extender las notas de su voz.

Sus trajes también hablan de las etapas de su música. Los primeros, sencillos, de los cuarenta y cincuenta, una indumentaria 100% tradicional. Luego, hay una segunda etapa, en la cual la propia cantautora diseñaba sus propias vestimentas, como las del Escudo Nacional, la de los catorce incas, la de la puya de Raimondi, que confiaba a los bordadores con los que trabajó, como Aquilino Ramos, Willy Carhuallanqui y Rafael Herrera.

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Cuando a ti te estén llevando, los padrinos a la iglesia, a mí me estarán llevando cuatro amigos a la tumba… Hasta 1977 vivió en Los Jaspes 122 letra B, en Balconcillo, La Victoria, una casa que alquiló y donde vivió los 13 años que duró su matrimonio con el director musical Carlos Antonio Romero.

Ahora, ahí funciona un colegio. La hija mayor espera que se pongan una placa que recuerde ese paso de su madre porque mientras vivió ahí se hicieron ensayos de los grandes éxitos de Pastorita, que grabó al lado de su entonces esposo.

En Covida, ya era una mujer divorciada, a cargo de su hija (mucho tiempo después tendría a su hijo Kimilsun Hipólito), que se enfrenta al mundo sola. Los viejos vecinos la recordarán porque ella compró el poste e hizo el cableado de la cuadra porque necesitaba urgente contar con teléfono (entonces, un lujo y la única forma de comunicarse con el resto de la ciudad y el planeta) para continuar viviendo de sus contratos.

Pastorita Huaracina no vivió en la estrechez económica, pero tampoco fue millonaria. La hipótesis de su hija es que “compartió su economía”, ayudó sus hermanos (María Dictemia era la menor de 12) y a muchos paisanos ancashinos.

La fama la abrazó desde que en 1953 empezó a grabar para las disqueras. Cuando firmó con El Virrey llegó a grabar mensualmente cuatro discos de 45 revoluciones por minuto (r. p. m.). Se calcula que cuando en 1968 apareció por vez primera en la televisión, Pastorita ya había grabado 14 elepés y 120 discos sencillos de 45 y 78 r. p. m.. Por ese carisma, condujo en los setenta, en la televisión, Alma folklórica (Telecentro). Fue su revancha a Danzas y canciones del Perú, el programa de la competencia al cual siempre criticó porque casi nunca daba tribuna a la música andina. La Pastorita falleció en mayo del 2001 producto de un cáncer agresivo.

A las montañas me voy a llorar mi soledad… Hallarás quien te bese, quien te abrace, pero quien te quiera como yo, eso nunca…

Su canto es trino vigente.

Datos:

21 elepés, 2 minilongplays y más de un centenar en discos de 45 y 78 r.p.m. registró a lo largo de su carrera artística.

Es considerada la Decana de la música andina. A partir de 1970 realizó giras por Europa, Asia y América. Decía que, al salir, no representaba solo a Áncash, sino a todo el Perú.

Fue reconocida como Palmas Artísticas en el Grado de Maestra (1986), Patrimonio Cultural Viviente de la Nación (1987), Comendadora de la Nación (1987), y la Orden El Sol (1999).

La Municipalidad de Lima presentará el concierto “Pastorita Huaracina, mujer del bicentenario, a los 90 años de su nacimiento”. El sábado 19, a las 19:30 horas, se transmitirá por la cuenta oficial en Facebook de la comuna capitalina.