La muerte del científico iraní Mohsen Fakhrizadeh, el responsable del programa nuclear de la República islámica que fue ayer abatido a tiros, reabre la puerta de las tensiones entre Washington, Tel Aviv y Teherán. Subiendo el tono, tanto el líder supremo iraní, Ali Jameneí, como el presidente, Hasán Rohani, han exigido que se aclaren los hechos, haciendo hincapié en su deseo de encontrar a los culpables para que sean castigados. En ambos casos, los mandatarios lanzaron sus dardos contra Israel y Estados Unidos.

«Primero, la investigación de este crimen, y el castigo definitivo de sus autores y de aquellos que lo ordenaron; y segundo, el seguimiento de los esfuerzos científicos y técnicos del mártir en todas las áreas en las que él se desempeño», exigió Jameneí.

«Una vez más, las manos malvadas de la arrogancia mundial (EE. UU.) con el mercenario del régimen sionista usurpador (Israel) se tiñeron con la sangre de un gran hijo de este territorio», expresó Rohani, sosteniendo que Irán responderá al asesinato «en el momento apropiado y de la forma adecuada».

Reaccionando a la noticia, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, Mohamad Baqerí, también pronunció palabras amenazantes, prometiendo «una dura venganza» contra los responsables del suceso. Ante ese clima de hostilidad que puede tener consecuencias inesperadas, las embajadas de Israel, al que se culpa del asesinato, están en alerta máxima, según varios medios del país.