Hace 20 años, en seis días, el doctor Valentín Paniagua Corazao se convirtió en presidente del Congreso y presidente de la República, tras la difusión de los vladivideos. Su gobierno de transición condujo al país durante los siguientes 8 meses, hasta el 28 de julio del 2001.


José Antonio Vadillo Vila

Periodista


Él tenía 64 años cuando se puso la banda presidencial, entre vítores de las tribunas y el gesto apurado de la vicepresidenta del Congreso. El único espacio libre en el hemiciclo era la curul vitalicia del Miguel Grau. El Himno Nacional hizo vibrar los muros del Legislativo. Él saludó sin gestos grandilocuentes. Y  con voz serena, inició su discurso:

“Nace hoy un nuevo tiempo. Se cierra una etapa y se abre otra en la historia del Perú. Un sentimiento de fe anima los espíritus de la nación y una ilusión, acaso excesiva, sacude a todos los peruanos”.

Sucedió hace dos décadas.

000

¿Quién era ese político casi desconocido para las mayorías?, empezaban a preguntarse en el país, cuando el nombre de Valentín Paniagua Corazao (1936-2006) empezó a vocearse con más fuerza como el candidato del consenso para presidir el Congreso de la República en esas semanas de zozobra en el país.

Era un político cusqueño. Había estudiado Derecho en las universidades de San Antonio Abad del Cusco y San Marcos. En las aulas fue uno de los fundadores del Frente Universitario Reformista Independiente (1955-1956); luego pasó a integrar la Democracia Cristiana y fue electo diputado por el Cusco en 1963.

Durante el primer gobierno de Fernando Belaunde Terry se convertiría en uno de los ministros más jóvenes: con 26 años se encargó de la cartera de Justicia, entre 1965 y 1966. Luego, durante el segundo gobierno del arquitecto, fue ministro de Educación.

Tanto durante el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1968-1980) como el de Alan García Pérez (1985-1990), el constitucionalista se retiró de la política y se dedicó a la enseñanza universitaria.

000

Desde 1998, Paniagua era secretario general de Acción Popular (AP) y había sido crítico del gobierno de Alberto Kenya Fujimori. Cuando este lanzó su campaña por la rereelección en el 2000, Paniagua habló claro: el régimen “solo cubre las apariencias”, dijo.

Ya en marzo, a un mes de las elecciones, Paniagua decía que la candidatura de Fujimori debía de ser anulada, pues la “inscripción fraudulenta de [la alianza] Perú 2000 no solo implican ilícitos de carácter penal y electoral”.

Pero el proceso electoral significó un revés para AP, que logró solo 3 escaños, frente a los 52 de Perú 2000 y los 29 de Perú Posible. El partido de Alejandro Toledo se había convertido en una fuerza política importante.

El 14 de setiembre, todo el Perú vio el primero de los vladivideos, cuando el congresista Alberto Kouri recibía dinero del asesor del gobierno Vladimiro Montesinos para dejar la oposición. En total, 18 congresistas tránsfugas se habían sumado al oficialismo.

Ante la gravedad de los hechos, la oposición presionaba para la reestructuración de la Mesa Directiva del Congreso. La Organización de los Estados Americanos auspiciaba una mesa de diálogo que se desarrolló durante 15 semanas. Paniagua opinaba que el siguiente gobierno debía reformar la Constitución y restablecer el sistema bicameral para permitir un mejor funcionamiento del Estado.

000

A las 8:55 horas del 15 de noviembre del 2000, Paniagua fue inscrito por los grupos políticos de la oposición como candidato de consenso. Se trataba de una figura con amplia experiencia parlamentaria y actitud conciliadora, “sin anticuerpos”, como dijo Mercedes Cabanillas, del PAP.

Lo respaldaban 62 firmas para que asuma la Mesa Directiva que encabezaba hasta entonces la lingüista Martha Hildebrandt (Perú 2000). El aún partido gobernante había nombrado a Ricardo Marcenaro como su candidato. Mientras se encaminaba la votación, Paniagua aprovechaba los micrófonos para aconsejar a Fujimori que, debido a las graves circunstancias, lo mejor era que se aparte del poder.

A la par, en el seno del Congreso se creó la comisión Montesinos, encabezada por David Waisman, para investigar el origen, montos y movimientos del dinero que tenía Montesinos Torres en cuentas en el país y el extranjero.

000

El jueves 16 de noviembre, con el respaldo de 64 votos, Paniagua Corazao fue elegido presidente del Congreso para el período anual de sesiones 2000-2001. Sumó votos de los congresistas de los partidos de la oposición (Perú Posible, Somos Perú, Para, FIM, AP, UPP) y el grupo de “independientes”. Su contrincante, Marcenaro, logró 54 votos.

Al asumir el máximo puesto congresal, siempre conciliador, el político cusqueño pidió que las “pasiones de circunstancia” no nos cieguen y alejen del objetivo:

“Construyamos en medio del turbión de esta crisis y emprendamos, juntos, la responsabilidad de redemocratizar al país, de reconciliar a nuestro pueblo con sus instituciones y, de modo especial, con el Congreso, así como de abrir el camino a un proceso electoral libre y democrático que devuelva al pueblo su genuino derecho a gobernarse por obra de su voluntad y a emanciparse de cualquier tutela o vigilancia que no sea la de su propia soberanía expresada libremente en las ánforas”.

Ya ante la prensa, el nuevo presidente del Legislativo subrayó que la prioridad de su gestión sería recuperar “del modo más resuelto y decidido, las atribuciones de legislación y fiscalización”.

Al día siguiente, Valentín Paniagua recibía un homenaje por sus correligionarios de su partido, encabezados por el expresidente Fernando Belaunde Terry.

000

Fue una semana de agitación y renacer democrático. El domingo 19, la oposición anunciaba sus deseos para que el titular del Congreso asumiera las funciones de mandatario de la nación. Pero el oficialismo cerraba filas. Tras la renuncia semanas antes del primer vicepresidente Francisco Tudela, querían que el segundo vicepresidente, Ricardo Márquez, gobierne hasta el 28 de julio del 2001.

Ese domingo será recordado porque fue cuando Fujimori, a través de un fax, envió desde el Japón su renuncia a la máxima representación del Gobierno. Al día siguiente, el consejo directivo se reunió para declarar el martes 21 la vacancia de Fujimori por “permanente incapacidad moral”, con 62 votos a favor, 9 en contra y 9 abstenciones.

No podía haber un “vacío de poder” y esa misma mañana se debía declarar al doctor Paniagua presidente de la República. El artículo 115 de la Constitución Política permitía que el titular del Parlamento asuma la presidencia transitoria del país.

Paniagua debía de juramentar ante la primera vicepresidenta Luz Salgado. Era otro problema, ya que se pedía que la congresista deje el cargo de presidenta de la Mesa Directiva del Legislativo porque Perú 2000 ya no representaba a la mayoría. Era el fin de una época.

La ceremonia de aquel miércoles 22 de hace 20 años fue breve. Valentín Paniagua tomó juramento a las 13:30 horas. En el hemiciclo resonó su juramento: “Defenderé la soberanía y la integridad de la República, cumpliré y haré cumplir la Constitución Política y las leyes del Perú”.

A las 14:05 horas del mismo día, Paniagua ingresaba a Palacio de Gobierno, donde cumpliría labores en la primera magistratura de la nación durante los siguientes 8 meses. El resto es historia.

000

En su libro Ciudadanos sin República (reeditado este año por editorial Planeta), Alberto Vergara señala que el gobierno de transición de Valentín Paniagua encarnó un “republicanismo” que buscó “reinstitucionalizar” el país. El político cusqueño buscó crear un discurso de consenso. Ningún gobierno posterior lo siguió, afirma el politólogo. Ninguno.

En cambio, el modelo que ha primado en los últimos 17 años es el del “hortelanismo” (resumido en el texto del entonces presidente Alan García, “El síndrome del perro del hortelano”, del 2007), que antepone la modernización por la vía económica y deja de lado el Estado de derecho, la democracia, las instituciones y la representación de los ciudadanos, sostiene Vergara.