José Vadillo Vila

Hace 40 años, el 28 de julio de 1978, se instaló la Asamblea Constituyente con presencia de los principales grupos políticos del momento. Los diputados asambleístas elaborarían la nueva Carta Magna que permitiría celebrar las elecciones generales de 1980 y el retorno a una era de presidentes civiles.

Fue 28 de julio de 1978 y cayó viernes. El día que se instaló la Asamblea Constituyente, el hemiciclo de la Cámara de Diputados del Congreso tenía las galerías repletas de militantes del Partido Aprista Peruano (PAP) y de los partidos de izquierda, ambos sumaban la mayoría de votos. Con gritos y cánticos, unos querían opacar a otros. Era un ejercicio –a voz en cuello– de la democracia por venir.

Se trató de una primavera democrática mientras el país vivía una crisis económica, ratificábamos ante la OEA la Convención Americana sobre Derechos Humanos y se inauguraba la Undécima Feria del Hogar. Te llama la llama. Los enemigos políticos juraban ante Víctor Raúl Haya de la Torre. A sus 83 años, el líder histórico del APRA finalmente llegaba al poder. Era la revancha del grupo político que había sido expulsado de la Constituyente de 1931 (el Perú celebra asambleas constituyentes desde el 1° de setiembre de 1822).

Ser consecuentes

En su primer discurso como presidente de la Constituyente del 78, Haya de la Torre recordó a los representantes que por respeto a los millones de electores su primer deber era ser “consecuentes” con las mayorías nacionales. Estaban obligados a realizar un trabajo “infatigable y fecundo, y a una austeridad sin mácula”. El martes 1° de agosto de 1978, la Asamblea Constituyente inició sus sesiones de trabajo.

Haya de la Torre, quien por vez primera en su vida asumía un cargo público, se declaraba “de una izquierda democrática”. De los asambleístas, 34 representaban a los distintos grupos de izquierda: Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP), el Partido Socialista Revolucionario (PSR), la Unidad Democrática Popular (UDP), el Partido Democrático Cristiano (PDC), el Partido Comunista Peruano (PCP) y el Frente Nacional de Campesinos y Trabajadores (FNTC), en los que sobresalían Hugo Blanco, Antonio Meza Cuadra y Genaro Ledesma. Ellos sumaron un total de un millón 293,913. Con un millón 241,174 votos, el Partido Aprista llevó a la Asamblea 37 representantes. El Partido Popular Cristiano (PPC), del Tucán Luis Bedoya, alcanzó los 25. Ellos se unieron con el PAP para elegir, con 62 votos, a Haya de la Torre como presidente de la Asamblea.

Equilibrio y mesura

Desde Palacio de Gobierno, el jefe de Estado, el general Francisco Morales Bermúdez, pronunció un discurso de 80 minutos por Fiestas Patrias, en el que pedía a los asambleístas que procedieran “dentro del equilibrio y la mesura” para lograr “el punto de partida de un proceso democrático sólido y estable”.

Subrayó que el gobierno de las Fuerzas Armadas ofrecía a la Asamblea “las más plenas garantías para que cumplieran su alta misión dentro de la libertad y seguridad que ella exige”. Y estas se mantendrían durante todo el proceso de democracia.

Llevando agua para su molino, Morales Bermúdez enfatizó que el retorno a la democracia “no significa el fracaso de la Revolución Peruana, sino más bien un avance hacia la democracia”; “para instaurar la verdadera democracia en el país era necesario transformar las estructuras sociales, económicas y políticas de la Nación”.

Voto preferencial

La elección de los miembros de la Asamblea Constituyente se realizó el 18 de junio de ese año. Las juntas preparatorias de la Asamblea se instalaron el 18 de julio, día en que juramentaron 82 representantes y Haya de la Torre juró ante Luis Bedoya Reyes, quien había alcanzado el segundo lugar por votación preferencial.

El periodista liberal Manuel d’Ornellas, en su columna de la revista Caretas, ya hablaba de esta figura que aparecía y ha creado tantos debates desde entonces en la democracia peruana: el voto preferencial.

“Se suponía que la posibilidad de que cada elector privilegiara con su voto a determinado candidato, pasando por encima del orden de prioridades establecido por las respectivas dirigencias partidarias, desembocaría en la incorporación de una nueva hornada de líderes, escogidos por su talento o versación, con menoscabo de la vieja jerarquía, supuestamente inclinada a la demagogia. Nada de ello ha ocurrido […]”, escribió D’Ornellas.

Mario Vargas Llosa escribió entonces que tras los resultados oficiales de las elecciones a la Asamblea, había una conclusión clara: “La más obvia es que se trata de un voto masivo, casi uniforme, contra las botas, o, mejor dicho, contra el régimen militar que gobernó el Perú desde octubre de 1968”. Empezaba un nuevo capítulo para la vida democrática del país.

El dato

100 Representantes fueron elegidos para la Asamblea Constituyente.