Naiara Galarraga Gortázar

Los brasileños asisten atónitos este viernes a un intercambio televisado de acusaciones y golpes bajos impensable hasta hace solo unas horas. El presidente, Jair Bolsonaro, ha rechazado “las acusaciones sin fundamento” lanzadas seis horas antes por su ministro de Justicia al dimitir por lo que considera “injerencias políticas”. El mandatario ha presentado al antiguo magistrado Sergio Moro, su ministro más popular, como un ególatra oportunista que ha puesto en duda su autoridad.

Bolsonaro ha negado cualquier interferencia para proteger a sus hijos: “Nunca pedí blindar a nadie de mi familia (de investigaciones), nunca haría eso”. Ha sido un discurso deslavazado, repleto de reproches a Moro y en el que ha habido mención hasta para “tacógrafos de taxistas” y “una señora o señorita partidaria de la ideología de género”. Entre las acusaciones contra Moro destaca la de, según Bolsonaro, haber aceptado el relevo del director de la Policía Federal, pero a cambio de ser designado por el presidente juez del Tribunal Supremo.

También le ha acusado a Moro de estar más interesado en que la policía investigara el asesinato de la concelaja izquierdista Marielle Franco, asesinada de cuatro tiros en la cabeza en marzo de 2018, que en averiguar “quién ordenó matar a Jair Bolsonaro”, en referencia a la puñalada que recibió en un mitin de campaña cuando era candidato presidencial. Algo más fácil de averiguar, ha dicho, porque el autor fue detenido in fraganti.

Arropaban al presidente durante la comparecencia en el palacio de Planalto sus ministros, incluido el de Economía, Paulo Guedes, y solo uno de sus hijos. Estaba Eduardo, diputado federal, pero faltaban el senador Flavio, investigado por corrupción, y el diputado estatal Carlos, que según la prensa local es sospechoso de diseminar noticias falsas.

El presidente de Brasil atraviesa el peor momento desde que llegó a la presidencia hace 16 meses. A la pandemia, que en dos días ha matado a 764 personas en Brasil, se suma el reciente relevo al frente del Ministerio de Salud, la investigación abierta por el acto golpista en el que participó el fin de semana pasado, los problemas de caja para entregar el segundo plazo de la renta básica del coronavirus y ahora la dimisión de Moro, con el daño añadido de que al confirmarse la salida la Bolsa ha cerrado con una caída superior al 5%.

Guedes ha comparecido con mascarilla de protección junto a sus compañeros de Gabinete. Un detalle que llama la atención en vista de la oposición activa del presidente a las recomendaciones sanitarias y las medidas de aislamiento social decretadas por las autoridades en los Estados, algo que Bolsonaro ha calificado esta misma tarde como “coercitivas”.

En su discurso, el jefe del Ejecutivo relató que el primer encuentro que tuvo con Moro fue en 2017 en un aeropuerto. El juez era ya entonces una estrella; Bolsonaro, un diputado del bajo clero. Este ha contado que fue ignorado entonces, pero que el magistrado le quiso visitar cuando estaba hospitalizado tras ser apuñalado en la campaña electoral, a lo que se negó. Solo se volvieron a encontrar tras ganar el ultraderechista la primera vuelta. Le recibió junto a Guedes en su casa de Río de Janeiro. Para entonces estaba claro que el militar retirado tenía muchas opciones de alcanzar la Presidencia.

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Naiara Galarraga Gortázar

Los brasileños asisten atónitos este viernes a un intercambio televisado de acusaciones y golpes bajos impensable hasta hace solo unas horas. El presidente, Jair Bolsonaro, ha rechazado “las acusaciones sin fundamento” lanzadas seis horas antes por su ministro de Justicia al dimitir por lo que considera “injerencias políticas”. El mandatario ha presentado al antiguo magistrado Sergio Moro, su ministro más popular, como un ególatra oportunista que ha puesto en duda su autoridad.

Bolsonaro ha negado cualquier interferencia para proteger a sus hijos: “Nunca pedí blindar a nadie de mi familia (de investigaciones), nunca haría eso”. Ha sido un discurso deslavazado, repleto de reproches a Moro y en el que ha habido mención hasta para “tacógrafos de taxistas” y “una señora o señorita partidaria de la ideología de género”. Entre las acusaciones contra Moro destaca la de, según Bolsonaro, haber aceptado el relevo del director de la Policía Federal, pero a cambio de ser designado por el presidente juez del Tribunal Supremo.

También le ha acusado a Moro de estar más interesado en que la policía investigara el asesinato de la concelaja izquierdista Marielle Franco, asesinada de cuatro tiros en la cabeza en marzo de 2018, que en averiguar “quién ordenó matar a Jair Bolsonaro”, en referencia a la puñalada que recibió en un mitin de campaña cuando era candidato presidencial. Algo más fácil de averiguar, ha dicho, porque el autor fue detenido in fraganti.

Arropaban al presidente durante la comparecencia en el palacio de Planalto sus ministros, incluido el de Economía, Paulo Guedes, y solo uno de sus hijos. Estaba Eduardo, diputado federal, pero faltaban el senador Flavio, investigado por corrupción, y el diputado estatal Carlos, que según la prensa local es sospechoso de diseminar noticias falsas.

El presidente de Brasil atraviesa el peor momento desde que llegó a la presidencia hace 16 meses. A la pandemia, que en dos días ha matado a 764 personas en Brasil, se suma el reciente relevo al frente del Ministerio de Salud, la investigación abierta por el acto golpista en el que participó el fin de semana pasado, los problemas de caja para entregar el segundo plazo de la renta básica del coronavirus y ahora la dimisión de Moro, con el daño añadido de que al confirmarse la salida la Bolsa ha cerrado con una caída superior al 5%.

Guedes ha comparecido con mascarilla de protección junto a sus compañeros de Gabinete. Un detalle que llama la atención en vista de la oposición activa del presidente a las recomendaciones sanitarias y las medidas de aislamiento social decretadas por las autoridades en los Estados, algo que Bolsonaro ha calificado esta misma tarde como “coercitivas”.

En su discurso, el jefe del Ejecutivo relató que el primer encuentro que tuvo con Moro fue en 2017 en un aeropuerto. El juez era ya entonces una estrella; Bolsonaro, un diputado del bajo clero. Este ha contado que fue ignorado entonces, pero que el magistrado le quiso visitar cuando estaba hospitalizado tras ser apuñalado en la campaña electoral, a lo que se negó. Solo se volvieron a encontrar tras ganar el ultraderechista la primera vuelta. Le recibió junto a Guedes en su casa de Río de Janeiro. Para entonces estaba claro que el militar retirado tenía muchas opciones de alcanzar la Presidencia.

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