Por el coronavirus​, los argentinos comenzaron a cambiar sus hábitos. Dejaron de lado los besos para comenzar a saludarse con el codo o levantando las manos; se dejaron de compartir los mates para que cada uno tome sus individuales y el alcohol en gel es el elemento que hoy no falta en ninguna casa ni oficina.

La cuarentena obligatoria y las medidas precautorias de aislamiento impusieron un concepto que suena nuevo: el “aislamiento social”. Y ya se habla de los efectos que puede tener en las emociones de las personas, más en una sociedad amiguera como la nuestra, en la que necesitamos permanentemente del contacto con los otros.

Los expertos coinciden en que lo primero que aparece es la ansiedad. “La gente tiende a sufrir bastante de ansiedad porque no puede frecuentarse, o si se frecuenta tiene miedo de contagiarse. Suele ponerse muy ansiosa y eso eleva los niveles de ansiedad que ya tiene, considerando que Argentina ocupa el sexto lugar entre los países más ansiosos del mundo”, empieza la licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA).

“Digamos que a lo que se enfrentan es a un posible estado de aburrimiento sin saber qué hacer porque la costumbre son los eventos sociales“, indica la licenciada Silvia Ibarra, directora médica del Centro Espacio Plenus, formado por 40 psicólogos y psiquiatras.

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“En este caso lo que va a haber que poner en práctica es la creatividad para generar otro tipo de encuentros. Obviamente que ahora con las redes sociales podemos empezar a generar encuentros virtuales, grupales o individuales, y poder acceder a una recreación un poco más aislada y no en soledad, sino compartiendo, pero desde otro lugar”, agrega.

No compartir el mate, cambiar la forma de saludar, dejar de darnos besos y abrazarnos, ¿puede provocar carencias afectivas? Según Martínez Castro, “claramente provoca carencias afectivas porque necesitamos el contacto humano, que es fundamental para el sistema inmunológico y para una vida mental equilibrada”. Ibarra disiente y apunta que es una cuestión “involuntaria”: “Yo no me estoy acercando a darte un beso no porque no quiero, sino porque es una recomendación”.

¿Qué pasa con los niños? Ven que sus padres dejan de besarlos y abrazarlos a tal punto de llegar a decir que el coronavirus no les deja dar cariño. Para Gabriela Martinez es un problema porque “cuánto más jóvenes somos, más afecto primario necesitamos” y señala que el contacto piel a piel “nos hace segregar endorfinas, lo cual nos hace sentir más contentos, con menos angustia y ansiedad”. La licenciada en psicología Marta Corrado indica, casi de manera obligatoria, que con los chicos hay que ir con la verdad: “Hay que hablarles y decirles que por un ratito, por un tiempo no pueden estar abrazando a sus tíos ni a sus abuelos ni dejarse abrazar tampoco”.

Toda esta situación tiene impacto en las personas más vulnerables emocionalmente, como los depresivos quienes sufren ansiedad, ya que acentúa los cuadros preexistentes. “Por eso lo importante es poder seguir conectados con el afuera a través de las redes y no perder la comunicación con los otros“, insiste Ibarra.

Otro punto importante es este “estado paranoide” y “psicosis social”, como define Ibarra, que puede generarse en relación al coronavirus porque “vemos al asesino que está posiblemente atrás de la puerta o en cualquier lado persiguiéndonos”. En este sentido, desde el Consejo Consultivo de la licenciatura en Psicología de Fundación UADE remarcaron que “hay que recordar que el virus es peligroso solo para una pequeña parte de la población de riesgo con enfermedades preexistentes” y que “las epidemias y las pandemias terminan en un lapso de tiempo determinado, se autolimitan. Es importante tenerlo en cuenta para combatir la idea de finales apocalípticos y enfatizar la transitoriedad de la situación”.

“La gente está percibiendo un estado de miedo muy grande y en realidad es una esperanza de que nos atengamos a las recomendaciones pautadas por el Ministerio de Salud y que seamos responsables para poder cumplirlas y cuidarnos nosotros y cuidarlos a todos”, agrega Ibarra.

Por último, todos los expertos remarcan justamente que hay que seguir estas medidas de prevención recomendadas por el ministerio, y apoyarse en las personas queridas, incluso de manera virtual. “Lo más importante es pensar en uno y pensar en el otro. Pensar en el vínculo, en que todos estamos relacionados y hacer un protocolo social que signifique cuidar, cuidarnos y que nos cuiden. Todos somos importantes”, cierra Corrado.

Agustín Cassano