«Me quedan muchos problemas por resolver, no tengo tiempo de morirme», decía Mario Bunge en una entrevista concedida a la agencia SINC en 2014. Estuvo acertado, como tantas veces, el prolífico filósofo de la ciencia argentino. Bunge se tomó su tiempo para llegar al final. El físico y humanista falleció la pasada noche a los 100 años de edad en Montreal (Canadá), donde residía y ocupaba una prestigiosa cátedra. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1982. [Aquí puedes leer una Tribuna abierta que escribió en 1989 en ABC sobre la bondad y la maldad humanas].

Mario Augusto Bunge (Buenos Aires, 1919) provenía de una familia alemana emparentada con españoles oriundos del País Vasco y de Asturias. Recibió una formación de corte humanista y filosófica, basada en la lectura de autores como Hegel, Marx, Freud y Rusell, de los que más tarde se distanciaría críticamente.

Estudió física y matemática en la Universidad Nacional de La Plata y se doctoró en 1952 en Ciencias Fisicomatemáticas. Interesado en la nueva física, se especializó en fundamentos de la física y epistemología. Cofundador en 1944 de la prestigiosa Asociación Física Argentina, vio truncada su carrera universitaria a causa de sus compromisos éticos y políticos. A la caída de Perón, fue reincorporado en la Universidad de Buenos Aires y nombrado catedrático de Física Teórica y de Filosofía de la Ciencia. Abandonó su país en 1963 y pasó por universidades norteamericanas y alemanas. En 1966 se unió a la Universidad McGill de Montreal, donde ocupaba la cátedra Frothingham. Fue también profesor visitante en otras universidades de prestigio por todo el mundo.

Su interés por la filosofía fue temprano y mayúsculo. Irrumpió como autor en 1959 en el campo de la Teoría de la Ciencia con su obra «Causality: The Place of the Causal Principle in Modern Science», traducida a siete idiomas, y en la que defiende un principio ampliado del determinismo en la ciencia moderna. También escribió el tratado de teoría de la ciencia «La investigación científica» (1969), cuya repercusión entre los estudiosos de la filosofía de la ciencia ha sido notoria.

Entre sus obras en español destacan, además, «Teoría y realidad, Filosofía de la física», «Epistemología, Materialismo y ciencia», «El problema mente-cerebro», «Economía y filosofía», «Filosofía de la psicología» (en colaboración con R. Ardila) y «Mente y sociedad», etc.

Rechazo a las pseudociencias

Entre 1969 y 1989 Bunge trabajó en la construcción de un sistema filosófico que abarca la ontología, la semántica, la teoría del conocimiento, la filosofía de la ciencia y de la tecnología, la teoría de valores y la ética. Sistema que ha expuesto en «Treatise on Basic Philosophy», formado por ocho tomos (1974-1989). Aparte de su ingente obra escrita, Bunge también ha participado en congresos, coloquios y seminarios en todo el mundo. Fundó la Society for Exact Philosophy (1971) y la Asociación Mexicana de Epistemología (1976).

Distinguido con una veintena de doctorados honoris causa, en 2009 recibió el Guggenheim Fellowship y en 2014 el Premio Ludwig von Bertalanffy.

Padre de cuatro hijos, Bunge era defensor del realismo científico y de la filosofía exacta. Era conocido por expresar públicamente su rechazo a las pseudociencias, entre las que incluía al psicoanálisis, la praxeología, o la homeopatía, además de por sus críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo (especialmente, la obra de Martin Heidegger), la fenomenología, el posmodernismo, la hermenéutica​ y el feminismo filosófico.