Andrés Rodríguez

La última vez que Geraldine Chaplin (Santa Mónica, EE UU; 1944) estuvo en Bolivia fue hace 25 años. Se encontraba camino a Sorata, un municipio a 145 kilómetros de La Paz. Iba en un vehículo con Jorge Sanjinés, uno de los directores más importantes de este país. Recuerda que le faltaba el aire por la altura. Entonces filmaba la película Para recibir el canto de los pájaros (1995). Chaplin, de nacionalidad británica, ha sido tres veces nominada al Globo de Oro y ganó el Goya en 2002. Con casi 200 películas en su filmografía, volvió a Bolivia, donde filmó en noviembre pasado 98 segundos sin sombra, el segundo largometraje de Juan Pablo Richter. La hija del mítico director y actor Charles Chaplin se mete en la piel de Clara Luz, la abuela de Genoveva, una Ana Frank de los ochenta en un mundo rural latinoamericano avasallado por el narcotráfico. A sus 75 años, la actriz que se hizo famosa en todo el mundo en Doctor Zhivago, está más activa que nunca.

Pregunta. Es la segunda vez que filma una película en Bolivia, ¿Cómo ha sido trabajar con Juan Pablo Richter?

Respuesta. Pablo es impresionante, es tan buen director, entonces la experiencia evidentemente fue buena. La anterior experiencia en Bolivia fue con Sanjinés, también buenísima. He conocido las dos Bolivias, con Sanjinés en los Andes y la otra en Santa Cruz, con dos directores tan maravillosos. Richter es tan bueno, jolín. Sanjinés no te digo, claro.

P. ¿En qué se basa su decisión para trabajar o no con un director?

R. Estoy en la edad de que voy a hacer lo que me gustaría ver. Leí el guion y la verdad me sentía muy atraída. Tiene una magia increíble, como describe esta soledad inexorable de esta niña, de los padres, de Clara Luz, la abuela, tiene mucho humor también. Tiene un lado muy surrealista.

P. ¿Qué rescata de su personaje?

R. Cada personaje es todo un mundo. Yo no sé, me he muerto tantas veces en el cine. Es difícil morir en el cine porque como no es una experiencia que has tenido es difícil reconstruirlo. Entonces uno se mete en el papel a partir de una cosa imaginaria.

P. ¿Cómo lo preparó?

R. La preparación es siempre primero aprender el texto y sabértelo muy bien. Luego todo está en manos del director. Después, para mí es obedecer. Si te equivocas al aceptar una película y un papel, te equivocaste con el director, con todo. Una vez que decides hacerlo, lo que yo intento, es ser la arcilla perfecta para que el director pueda esculpir su personaje. Richter sabe muy bien lo que hace y ha sido un escultor maravilloso.

P. Existe una crítica a la industria por no contratar a actrices por su edad. Usted trabaja mucho a pesar, como usted dice, de “los años que tiene”. ¿Cuál es su secreto?

R. Lo digo medio en broma, pero yo creo que son mis arrugas las que me ayudan a conseguir trabajo. Nunca he tenido tanto trabajo como últimamente y yo digo que son gracias a ellas porque me sería más difícil hacer de vieja retocada [ríe], pero me gusta así. Las arrugas las detesto, pero sí, me dan trabajo.

P. ¿Cree que se le ha encasillado en ciertos papeles?

R. Claro que sí. Por la edad me llaman para interpretar a viejas moribundas o hacer películas de terror, que también es divertido. Estoy ahora en el mundo del terror y de las viejas moribundas [risas].

P. Ha pasado por el cine español, las grandes producciones en EE UU y, en los últimos años, en el cine latinoamericano. ¿Qué es lo que más le atrae de la propuesta de esta región?

R. A mí lo que me atrae es el buen cine y yo pienso que ahora el cine que me gusta ver y hacer está en Latinoamérica. Hay un talento increíble. Lo que siempre faltan son productores buenos, porque los productores a veces simplemente piensan cuántos culos en cuántos asientos pueden hacer en un fin de semana.

P. ¿Cómo ve al cine europeo y al estadounidense?

R. He visto muy poco del cine estadounidense. Nosotros recibimos las películas que están haciendo campaña para el Oscar. La verdad es que empiezo a verlas y me canso después de muy poco tiempo, pero tengo que hacer mis deberes. No he visto Joker y dicen que es fantástica. En el cine europeo hay mucho talento también, no creo que el cine europeo esté moribundo.

P. A más de 40 años de la muerte de su padre, ¿cómo ha preservado su legado?

R. Últimamente me han preguntado sobre él, sobre su legado, de cómo era el cine antes, sobre Charlot. Yo no estoy consciente de eso, porque vivo en un pueblo de Suiza donde está el museo de Chaplin. Está presente en todo. No puedes ir a un restaurante y no ver en el menú un sándwich con su nombre. Yo pienso que sigue vivo, muy vivo. Y pienso que el discurso de El gran dictador está más vigente ahora que nunca. Se debería enseñar a Chaplin desde chiquititos. Enseñar El chico a un crío debería ser una obligación. Hay toda una generación en Estados Unidos que se lo ha perdido porque sus películas estuvieron prohibidas durante muchos años. Ven el cine de Chaplin y dicen ¿pero qué es esto?

P. ¿Cómo considera que sigue vigente El gran dictador?

R. Si ves el discurso final primero, creo que es la cosa más moderna que he visto en mi vida. También está vigente con relación al crecimiento de la ultraderecha en el mundo. Estamos viviendo en un mundo de locos. Da un poco de miedo, pero claro, su mensaje es muy vigente.

P. ¿Qué opina del movimiento #MeToo?

R. Acabo de leer el libro de Ronan Farrow, el hijo de Mia Farrow, que escribió sobre este caso (Catch and kill, 2019), y es de una complejidad, pero madre mía, qué mundillo, qué miedo. Me parece todo lo que está haciendo el Movimiento #MeToo está muy bien. Yo no voy a parar de protestar hasta que llegue el momento en que las mujeres recibamos un pago igualitario a la par de los hombres.

P. ¿Cree que ha habido algún cambio en la industria?

R. Las revoluciones no se hacen en un día. Ha sido un mundo espantoso y todo el mundo lo sabía. Se hablaba mucho del casting couch, o sea el sofá del casting. La verdad es que creía que no existía. En el fondo sabes que existe, pero no lo crees. Me parece muy bien que las cosas estén empezando a cambiar a raíz de este caso.

P. Desde que trabajó con Carlos Saura, haciendo carrera en el cine español, pasaron muchos años hasta que volvió a filmar en España…

R. Hice una película en Galicia, no me acuerdo cómo se llamaba, pero sí, de repente me llamaron de nuevo, y luego [Pedro] Almodóvar y luego [Juan Antonio] Bayona. He vuelto al cine español, bueno, me han aceptado de nuevo en realidad…

P. ¿Sintió rechazo en algún momento?

R. No lo sé, yo lo siento como una cosa quizás al no estar con Carlos Saura, quizá el cine español pensó “a esta ya no la llamamos más”. Ha coincidido con la separación con Carlos, y ya no volví a trabajar en el cine español durante muchos años. Patricio [Castilla, su actual pareja] dice que porque estoy ahora con un chileno me llaman para hacer películas bolivianas [ríe].

P. ¿Qué representa para usted haber regresado al cine español?

R. A mí me ha gustado mucho. Trabajar con Almodóvar es un lujo increíble y además, en la que considero una de sus mejores películas. Me encanta la película que hemos hecho. Ha sido como volver a algo que no me había animado en mucho tiempo. Luego con Bayona ha sido impresionante. Era un chico que vino a casa un día, un domingo, llamó a la puerta y dijo: “tengo un guion y me gustaría…” Y yo: ¿qué? Era un adolescente y su primera película. Por supuesto que le dije que sí, porque se notaba que respiraba cine. Esta película fue El orfanato y tuvo un éxito mundial enorme. Después me llama para todas sus películas, hago un papelito en todas, hasta en Jurassic World: El reino caído. Cree que le traigo suerte. Ojalá que no cambie de idea [risas].