La Navidad está asociada, de forma irremediable, a una serie de imágenes y símbolos. En España el principal sería el de los Reyes Magos, los personajes que traen regalos a los más pequeños desde Oriente. Sin embargo, la llegada de la cultura estadounidense a nuestro país ha hecho que cada vez sea más habitual esperar, el 25 de diciembre, el paso por nuestras casas de Santa Claus. Con todo… ¿cuál es la verdadera historia de este personaje?

En «Breve historia de la Navidad» (reeditada este 2019 por Nowtilus), Francisco José Gómez Fernández explica que el personaje del que bebe nuestro actual Santa Claus fue el obispo cristiano Nicolás de Bari (nacido en el siglo III d.C. en Patara).

Tras la muerte prematura de sus padres, este joven repartió sus posesiones entre los necesitados y abrazó la religión para paliar su dolor. A la postre acabó convirtiéndose en obispo de la ciudad de Mira, en Licia. «Según narran las historias recogidas en siglo IX, a lo largo de su vida destacó por su caridad con los necesitados y por su preocupación por los más pequeños hasta el punto de ser conocido como “episcopus puerorum”, el “obispo de los niños”», explica el experto en la mencionada obra.

Hasta aquí, la historia como tal. A partir de entonces su biografía se debate entre la realidad y la mitificación. Ejemplo de ello es que se le atribuyen milagros como el de los «tres hermanos», una leyenda de la que existen decenas de versiones.

La mayoría de autores coinciden en que este episodio se sucedió en una posada de Nicea en la que el religioso se vio obligado a hacer noche durante uno de sus recurrentes viajes. Mientras descansaba, Dios le mostró que el tabernero había asesinado a tres niños y había escondido sus cuerpos en tinajas para irse deshaciendo de ellos poco a poco. Al despertar, narra la leyenda que nuestro protagonista se presentó ante el homicida quien, arrepentido, le llevó hasta las improvisadas tumbas. El santo revivió a los pequeños haciendo sobre sus restos la señal de la cruz.

Sin embargo, el milagro más conocido de San Nicolás fue el de «las tres hermanas». Se afirma en «Breve historia de la Navidad» que esta leyenda se ubica en Patara, donde un trío de chicas iba a ser vendido «una vez alcanzada la mayoría de edad» para trabajar, con total probabilidad, como prostitutas. Todo ello, debido a que su padre carecía de dinero para pagar su dote matrimonial.

Cuando conoció la tragedia de las jóvenes, el obispo entró en su casa por la ventana para entregarles, en secreto, tres bolsas repletas de monedas de oro. «El mencionado rescate cayó dentro de unos calcetines que se estaban secando sobre la chimenea», añade el autor de la obra. La leyenda narra que actuó de la misma forma con dos de las tres afectadas. Cuando la más pequeñas de ellas creció hizo lo mismo, pero fue descubierto por el padre quien, regocijado, contó a todo el mundo la bondad del religioso.

Estos son solo algunos de los diversos milagros que se le atribuyen, aunque existen otros tantos como resucitar a un marinero. Más míticos, lógicamente, que la verdadera historia.

La realidad, en palabras Gómez, es que fue un religioso que trabajó una infinidad por el bienestar de los niños y que salvó a muchos romanos de morir injustamente. En todo caso, el autor no niega que los mitos que se generaron a su alrededor influyeron de forma directa en la celebración de la Navidad y en la creación de Santa Claus. Así queda claro al observar que la chimenea y los calcetines son símbolos que, todavía en la actualidad, están asociados a las fiestas que celebramos estos días.

Pero, ¿cómo se forjó, entonces, la instantánea que tenemos de este personaje en la actualidad? Según se narra en «Breve historia de la Navidad», hay que acudir hasta el siglo XVIII. Fue entonces cuando una imagen que mostraba a San Nicolás «vestido de obispo de edad avanzada» arribó a Estados Unidos. Sinterklaas (la americanización del nombre del religioso) derivó pronto en Santa Claus. A partir de entonces, y siempre en palabras del autor, su figura ha ido variando dependiendo de quien haya querido representarla.

Así, primero fue mostrado como un hombre enjuto, de escasa estatura, que repartía regalos ataviado con una chaqueta de piel. Poco después se le mostró de forma contraria: orondo y con un tocado de plumas. Pero ninguna de estas imágenes se consolidó.

«Su aspecto más popular se debe a Thomas Nast, un dibujante alemán, nacido en 1840, que […] en 1863 hizo su primera ilustración sobre él», explica el español. La instantánea que dio de él cuajó. «Le mostró como un gnomo barbudo, de talla gruesa, vestido con pieles de un tono rojizo, que procedía del Polo Norte». Los últimos retoques se los dio el dibujante de EEUU Habdom Sundblom. Trabajador de Coca Cola en los años treinta, forjó la imagen que tenemos hoy de Santa Claus para una campaña de esta marca en 1931.