e año se ha conmemorado el 250 aniversario del nacimiento de Mozart, quien vino al mundo la tarde del domingo 27 de enero de 1756 en Salzburgo. Numerosísimos actos a lo largo de todo el mundo se han organizado para rendir el homenaje merecido al genial compositor. Aunque más que su nacimiento, es su fallecimiento lo que todavía hoy es tema de controversia. Si bien los médicos saben todo de las enfermedades que sufrió, ha sido muy tentador para los profesionales el intentar aclarar la causa que le procuró la muerte al genio musical. Alguna teoría señala a su compañero y rival Salieri como autor de un posible envenenamie

En el momento de su temprana muerte, el 5 de diciembre de 1791, a los 35 años, Wolfgang Amadeus Mozart había escrito 626 composiciones, incluyendo 23 óperas, 20 misas, 49 sinfonías, 66 arias, 27 conciertos para piano y un largo etcétera de otras obras musicales. La muerte de Mozart sigue siendo en la actualidad tema de controversia. Su carácter de suceso inesperado, en pleno triunfo de una obra recién escrita y estrenada, su conocidísima “Flauta Mágica”, junto con su misterioso entierro, avivaron la leyenda negra sobre su muerte. Al sepelio sólo acudieron un puñado de amigos, entre los que se encontraban Salieri y su discípulo Süsmayer, dos de los acusados de su muerte posteriormente. Su mujer, Constanza, no despidió a su esposo en su entierro e hizo luego muy difícil el que se recordara el lugar donde yacían los restos del genio, ya que se depositaron en una fosa común. En los últimos años de la vida de Mozart su penuria económica fue tan grande que tuvo que pedir frecuentes préstamos a amigos y benefactores. Por ello, su funeral fue el más barato posible, siendo enterrado en la fosa común del cementerio. En esa época los cuerpos se enterraban, junto con otros, en dos capas, que se cubrían con cal.

Posteriormente las tumbas se reabrían y se añadían nuevas capas de cadáveres, sin que se realizase ninguna anotación sobre los allí enterrados. De ahí la imposibilidad de encontrar y estudiar sus restos.

Llama la atención este hecho, pero conocemos el porqué de la decisión de Constanza de no acudir a despedir por última vez a su esposo al cementerio. El rey Luis I de Baviera acudió en 1832 a visitarla, ya que le iba a conceder una pensión vitalicia a la familia de Mozart, y ella le confesó que no acudió al sepelio de su marido porque se encontraba indispuesta, por la misma profundidad de su pena y debido al temporal de frío, lluvia y viento de esa jornada.

Constanza visitó el cementerio donde reposaba su marido 17 años después de su muerte, en 1808, en las vísperas de su segunda boda. Fue entonces cuando se enteró de que no había forma de localizar el sitio exacto donde descansaban los restos del músico, pues el sepulturero había muerto hacía años y los cuerpos de la fosa común se removían con frecuencia. Este hecho llama mucho la atención, ya que al día siguiente del entierro acudió a ver a Constanza un amigo íntimo de la familia y le sugirió que pusiese una cruz en el sitio exacto de la tumba. Ella contestó que eso era asunto de la parroquia y que seguro se habían ocupado ya de ese trámite. Como sabemos, nunca se puso esa cruz.

Tanto les duele a los vieneses el no conocer el lugar exacto donde reposan los restos de Mozart que incluso han creado diferentes comisiones de investigación para encontrarlos, como la del año 1856, o la del 1891, coincidiendo con el primer centenario de su muerte. El resultado lo conocemos todos: no se sabe el lugar vienés exacto donde descansan los restos del genio musical austriaco.

Todas estas circunstancias ayudan a que crezca el mito de Mozart, que sólo con su contribución a la historia de la música podría nutrirse sin problemas, pero sin embargo el florecimiento de todo este tipo de teorías e infundios sobre sus últimos días ayuda a que el público en general siga interesándose por él.

Enfermedad y muerte de Mozart

Mozart tuvo una infancia delicada. Sufrió de eritema nudoso, reumatismo articular, fiebre tifoidea y viruela a la edad de 11 años, que le dejó con el rostro profundamente marcado. Tenía muchos motivos para quejarse de su aspecto físico: era bajito (1,52 centímetros); complexión delgada, pálido, con numerosas cicatrices de viruela en la cara, pelo castaño, nariz prominente, una anomalía congénita en la oreja izquierda que disimulaba con el peinado, y, eso sí, ojos de intenso color azul.

Según el Dr. Castillo Ojugas, Mozart padecía el Síndrome de Tourette con tics musculares y fónicos, coprolalia y coprografía, además de fases obsesivas, depresivas e hiperactivas en su esfera psíquica. Mejoró en su época adulta y sus quejas más frecuentes en ésta fueron las relacionadas con sus intensos y persistentes ardores de estómago, dificultades digestivas, vómitos, etc. Incluso algunos autores postulan que sufrió de tuberculosis.

Si bien sabemos muchas de las enfermedades que sufrió Mozart, no conocemos la que le llevó a la muerte. Ha sido muy tentador para los médicos que le han sucedido el intentar aclarar la enfermedad que le procuró la muerte al genio musical. La realidad es que no se conoce, que sólo existen meras hipótesis más o menos fundamentadas, y además nunca podrá conocerse la causa de su muerte con certeza ya que, como hemos comentado con anterioridad, sus restos no podrán nunca ser analizados y estudiados por no saber dónde se encuentran. A continuación vamos a exponer las hipótesis más plausibles que existen en la actualidad:

– Según nuestro añorado Vallejo Nájera, amante de la música y persona de Mozart, sobre el que escribió en extenso, la explicación más verosímil de la muerte prematura del músico fue la de una uremia, fruto de la descompensación de una nefropatía crónica.

– Adolfo Martínez Palomo, médico mexicano, recientemente defendió la tesis de que no se conoce la enfermedad que le procuró la muerte a Mozart, pero sí que se conoce que las prácticas médicas de la época pudieron precipitar la muerte del músico: ”Si este hombre estaba en enfermedad terminal, los purgantes, la extracción de sangre (mediante sangrías) y los eméticos (usados para provocar vómito) seguramente dieron la puntilla”.

– La Dra. Faith Fitzgerald es una afamada internista, a la vez que vicedecana y profesora de Medicina de la Universidad de California en Davis. En el anfiteatro Davidge de la Universidad de Maryland, expuso que su último episodio de enfermedad comenzó el 20 de noviembre de 1791, con fiebre alta, dolor de cabeza, sarpullidos cutáneos, dolor e inflamación en brazos y piernas, irritándole fuertemente el canto de su canario preferido. La semana siguiente sufre de vómitos y diarreas e hinchamiento corporal, necesitando ayuda para sentarse en la cama. Siguió deteriorándose, permaneciendo consciente hasta la noche del 4 de diciembre, cuando comenzaron sus delirios y entró en la situación de coma que desemboca en su muerte, que sus médicos atribuyeron a una “severa fiebre miliar”, un concepto vago e impreciso. Según ella, Mozart falleció por una fiebre reumática. Los síntomas podrían apuntar, en principio a tres direcciones:

enfermedad hepática, enfermedad renal y fallo congestivo cardíaco. La enfermedad hepática la descartó al no existir signos de ictericia. Tampoco existen sospechas sobre disfunciones renales en el compositor y las enfermedades renales avanzadas suelen ocasionar delirios en etapas más previas de la enfermedad. El fallo cardíaco debido a la fiebre reumática sería el candidato ideal. La fiebre reumática es una enfermedad inflamatoria que afecta a articulaciones y al corazón y tiene lugar por una fuerte reacción del sistema inmune ante las bacterias estreptocócicas infectantes. En la época de la muerte de Mozart se ha señalado que una epidemia, posiblemente de fiebre reumática, castigó fuertemente Viena. Y las investigaciones de la Dra. Fitzgerald le revelaron que Mozart había sufrido, al menos, dos episodios de fiebre reumática en su infancia y que la descripción de sus padecimientos crónicos indicaba infecciones de garganta y tonsilitis frecuentes, indicadoras de que tenía una infección estreptocócica recurrente que le ocasionaba una predisposición a los fallos cardíacos. El hinchamiento corporal del compositor se causaría por una carditis o inflamación cardiaca. Incluso la petición de que sacasen de la habitación a su canario cantor se interpreta fácilmente por el hecho de que la irritabilidad es uno de los síntomas clásicos de la fiebre reumática.

– El Dr. Jan Hirschmann, especialista en enfermedades infecciosas del Centro Médico de Veteranos de Seattle, cree que Mozart murió de una triquinosis. Su trabajo de investigación sobre literatura médica, documentos históricos y biografías de Mozart se publicó en un artículo de ocho páginas en la revista médica Archives of Internal Medicine. “¿Qué huelo?… ¡Chuletas de cerdo! ¡Qué gusto! Como a tu salud”. En esta frase, escrita por Wolfgang Amadeus Mozart a su esposa, 44 días antes de su muerte, ha encontrado la pista para diagnosticar la probable causa de su temprano fallecimiento. La triquinosis suele ser ocasionada por carne de cerdo infectada por triquina y no suficientemente cocinada. Su periodo de incubación es de hasta 50 días y podría explicar todos los síntomas de Mozart, es decir, fiebre, sarpullidos, dolor en los miembros e inflamación.

No podríamos finalizar este apartado sin exponer el diagnóstico que dio su médico personal, Dr. Closset. Según él, Mozart murió por una afección cardiovascular con probable accidente cerebrovascular por una posible embolia cerebral. No hicieron autopsia y el certificado de la causa de defunción no se publicó y ha desaparecido, como tantos datos sobre su muerte y sepelio.

Apuntes biográficos de Salieri

Antonio Salieri nació en Legnago (Italia) el 18 de agosto de 1750. Fue un compositor de música sacra, clásica y ópera, a la vez que director de orquesta. Pasó la mayor parte de su vida en la Corte Imperial de Viena para la que fue compositor y maestro de capilla. Su filosofía artística se resume en el título de una de sus óperas célebres: Primero la música y luego las palabras. Músico de gran valía y dotado de gran talento, se dedicó a la enseñanza, Salieri ha visto su nombre unido a una presunta rivalidad con Wolfgang Amadeus Mozart, rivalidad que contiene además de acusaciones de plagio, una más grave, que es la de haber causado la muerte del compositor de Salzburgo. Hecho que posteriormente analizaremos con mayor detalle. Durante su carrera, tuvo como alumnos a futuros músicos destinados a ser famosos: desde Beethoven a Schubert, desde Liszt a Czerny y Hummel. Entre sus pupilos estuvo incluso uno de los hijos del propio Mozart.

Salieri, que había estudiado violín con Giuseppe Tartini, siendo muy joven se traslada tras la muerte de sus padres junto a su hermano Francesco primero a Padua y luego a Venecia para aprender el arte del contrapunto en la escuela de Giovanni Pescetti. En Venecia conoció a Leopoldo Gassmann, kapellmeister en Viena, el cual se lo llevó con él en 1770 a la capital austriaca, a la corte de José II de Habsburgo. A la muerte de Gassmann, acaecida cuatro años después, asumió el papel de compositor de la corte.

Así comenzó una carrera fulgurante que lo habría llevado a convertirse en maestro de capilla en la corte de los Habsburgo (aunque sólo hubiera sido durante el breve período de 1778 a 1790), si no hubiera sido porque a ese cargo prefirió el de compositor y profesor de la corte. A sus primeras óperas, Las mujeres letradas (Le Donne letterate), de 1770, y Armida, del año siguiente, siguió la composición de la ópera que lo consagró en el panorama musical de la época, L’Europa riconosciuta, encargada por la emperatriz María Teresa de Austria y que inauguró, el 3 de agosto de 1778, el Nuovo Regio Ducal Teatro (actual Teatro de La Scala) de Milán. Hay que señalar que esa misma ópera ha servido para la reapertura del teatro el 7 de diciembre de 2004 tras un largo período de restauración.

Salieri, que había conocido en Venecia a Metastasio y Haydn, del que fue muy amigo, viajó mucho durante su vida para seguir las representaciones de sus muchas óperas. Por eso, vivió durante cierto tiempo en París (en donde conoció a Gluck, Piccinni y Hasse), Milán, Venecia y Roma. Fue uno de los autores más prolíficos, tanto en música de cámara y sacra como de óperas a la italiana de su época.

Entre sus treinta y nueve composiciones para el teatro recordamos los títulos siguientes: Armida (1771), La escuela de los celosos (La scuola de’ gelosi, 1778), Der rauchfangkehrer (1781), Les danaïdes (1784, atribuida en un primer momento al mismo Gluck), Tarare (1787), Axur, rey de Ormus (Axur, re d’Ormus, 1788), Palmira, reina de Persia (Palmira, regina di Persia, 1795), Falstaff o Las tres burlas (Falstaff o sia le tre burle, 1799, tema sacado de Las alegres comadres de Windsor de Shakespeare y que retomará más adelante Giuseppe Verdi en su Falstaff).

Entre sus composiciones instrumentales destacan dos conciertos para piano y un concierto para órgano escritos en 1773, un concierto para flauta, oboe y orquesta en 1774, un conjunto de ventiséis variaciones sobre La follia di Spagna (1815) y diversas serenatas.

En sus últimos años de vida, Salieri vió cómo su salud empeoró repentinamente y de modo irreversible. Quedó ciego y pasó los últimos años de su vida internado en un hospital. En ese período el mismo Salieri se pudo haber autoacusado de la muerte de Mozart, o al menos eso es lo que testimonian dos de sus enfermeras. Salieri está enterrado en el cementerio Zentralfriedhof de Viena. En su funeral, Schubert (su alumno predilecto) dirigió el Requiem que el propio Salieri había escrito tiempo atrás para su propia muerte.

La actividad artística de Salieri se ha revalorizado en los últimos tiempos. En el Teatro Salieri de Legnago, su ciudad natal, en la que trabaja una Fundación cultural que también lleva el nombre del compositor, se desarrolla el “Festival Antonio Salieri”. En el ámbito de este festival se llevó a cabo en 2004 la primera representación en época moderna de una extraña ópera suya, Il ricco d’un giorno, escrita sobre textos del libretista de su rival Mozart, Lorenzo da Ponte.

Este compositor es citado frecuentemente como el personaje que más intrigó contra Mozart en la corte de Viena; algunos llegaron a afirmar, inclusive, que lo mandó envenenar cuando ya estaba enfermo. Esta versión, por descabellada que sea, llegó a creerse por algunas personas y ha dado lugar a una pequeña ópera de Rimsky Korssakoff titulada “Mozart y Salieri”.

En realidad, Salieri fue un consumado diplomático que no desperdiciaba ninguna oportunidad para sacarle partido. Supo acercarse a los poderosos usando la lisonja, explotando su vanidad, compartiendo sus ideas y adaptándose a sus gustos: sabía que éste era el camino más seguro, cuando sabe usarse, para alcanzar honores, bienes y prerrogativas; a sus colegas también supo cómo tratarlos: si eran serviles los ayudaba hasta donde no hicieran peligrar su situación y sí, en cambio, pudiesen favorecer sus intenciones; si eran mejores, se humillaba ante ellos con la idea de que no estorbasen su ascenso: en esta forma procedió con Glück; este gran maestro había alabado la ópera cómica de Salieri titulada “Le donne letterate”, estrenada en 1770, por eso cuando la estrella de éste empezaba a palidecer se acercó al propio Glück para rogarle que le diera clases para conocer y adaptarse a su estilo: así se granjeó no solamente su amistad, sino también su influencia, a tal grado que, cuando representó en París, en el año de 1784, su ópera “Las Danaides”, la hizo anunciar como si la hubiesen compuesto entre los dos, y no fue sino hasta la duodécima representación, cuando ya el éxito estaba asegurado, que manifestó que él sólo la había escrito.

Escribió alrededor de 40 óperas, 3 oratorios, 5 misas, un réquiem, 4 Te Deum, más de 200 cánones, (de 2 a 4 voces), motetes, una sinfonía, un Concierto para órgano y otras piezas más. Murió en Viena el 7 de marzo de 1825.

Realidad y ficción de la relación de Mozart y Salieri

La relación entre Mozart y Salieri fue muy estrecha. Su relación fue compleja. Hubo momentos de máxima colaboración y confidencia entre ambos, y otros donde los celos y las envidias fueron los protagonistas. Así parece que en 1790, Mozart, entonces en la cúspide de la fama, acusó a Salieri, cuya popularidad decaía, de plagio y de querer atentar contra su vida. Según el historiador Alexander Wheelock Thayer las sospechas de Mozart podrían tener origen en un episodio ocurrido diez años antes, cuando Mozart vio cómo Salieri le quitaba el puesto de profesor de música de la princesa de Württemberg. El año siguiente, Mozart no consiguió ni siquiera el puesto de profesor de piano de la princesa.

Otro momento de diferencia fue a propósito de “Las bodas de Fígaro”. Cuando la ópera de Mozart tuvo en principio un juicio negativo, tanto del público como del propio emperador, el compositor acusó a Salieri del fracaso y de haber boicoteado el estreno (“Salieri y sus acólitos moverían cielo y tierra con tal de hacerlo caer”, comentará el padre de Mozart, Leopold, refiriéndose al primer fracaso de su hijo, fracaso sólo temporal, como demostrará más adelante el éxito de esta ópera). Pero en aquella época, Salieri estaba ocupado en Francia con la representación de su ópera Les Horaces, lo que nos hace dudar sobre las posibilidades que habría tenido de decidir a esa distancia el éxito o el fracaso de una ópera.

Mucho más probablemente (y siempre siguiendo a Thayer), quien debió de instigar a Mozart contra Salieri podría haber sido el poeta Giovanni Battista Casti, rival del poeta de la corte Lorenzo da Ponte, autor del libreto de Figaro. Una confirmación indirecta de hasta qué punto esta disputa entre Mozart y Salieri pudo haber sido algo artificialmente montado está en el hecho de que cuando en 1788 éste es nombrado kapellmeister, en lugar de proponer para la ocasión una de sus óperas prefirió reeditar Las bodas de Fígaro.

Muchos artistas y escritores se ocuparon de esta dualidad entre Mozart y Salieri. En el terreno musical y dramático hay que citar al compositor Nikolái Rimsky Korssakoff, que escribió en 1898 una ópera, Mozart et Salieri. En el teatro, el dramaturgo Peter Shaffer escribió en 1979 la obra de teatro Amadeus. La generación actual debe gran parte de su idea de la vida de Mozart a la película de Milos Forman de 1984, basada en la obra de Shaffer, ganadora de varios Oscar y reeditada recientemente con la inserción de fragmentos censurados en la primera edición. En la película, un Salieri comido por la envidia se queja de que “Dios inspiró a Mozart” en vez de escogerle a él. Porque, cuando Constanza le lleva las partituras de su marido, ve que Mozart escribía sin tachones, sin enmiendas, como si fuera al dictado divino: “¡Primeros y únicos borradores de su música!”, exclamaba sobresaltado. Y, sin embargo, parecían copias en limpio. Era extraño, Mozart estaba simplemente transcribiendo música totalmente compuesta en su cabeza.

En esta película se defiende la tesis de que Salieri envenenó a Mozart por envidia. Esta tesis pudo ser defendida en la obra de teatro que sirvió de base del largometraje, ya que Salieri en 1823, 32 años después de la muerte del genio, se autoacusó de envenenar a Mozart en el hospital donde estaba ingresado con un trastorno mental que incluso le llevó a un intento de suicidio. En uno de los “cuadernos de conversación”, que debido a su sordera utilizaba Beethoven para comunicarse, aparece escrito: “las cosas vuelven a ponérsele mal a Salieri. Está completamente desequilibrado. Se deja arrastrar por la fantasía, y cree ser culpable de la muerte de Mozart por medio de un veneno. Quizá sea verdad, puesto que así lo confiesa”. Según estos testimonios podría haber una base fiable para la defensa de la tesis del envenenamiento. Pero parece que la realidad fue otra.

Por un lado, poco antes de la muerte de Mozart, en una representación de “La flauta mágica”, éste invitó a Salieri y a su amiga la “Cavalieri” a que lo acompañaran a la misma. Sus invitados quedaron gratamente sorprendidos por la ópera y comentaron que “nunca habían visto un espectáculo más hermoso y agradable”. Este hecho se lo comentaba Mozart a su mujer en su última carta a Baden. La conducta de Salieri en esta última velada no sugiere que precisamente estuviera empeñado en el envenenamiento de su amigo.

Otro hecho en contra de esta teoría, es el de la ausencia de toda sospecha por parte de Constanza, la mujer de Mozart, que incluso encomendó a Salieri la educación musical del segundo de sus hijos. Por todos estos motivos consideramos poco probable la hipótesis del envenenamiento de Mozart. A esto se suma gran parte de las hipótesis actuales sobre la muerte de Mozart expuestas por los estudiosos de la misma, y que con antelación hemos resumido.

Epílogo

Existe una gran tentación para elucubrar sobre las causas de la muerte de Mozart, por todo lo que hemos expuesto con anterioridad, pero nosotros no queremos caer en ella. Quisiéramos ir un poco más allá y nos gustaría centrarnos en la esencia de la relación de Mozart y Salieri. Ambos músicos, de renombre en su época, tenían clara conciencia de sus virtudes y miserias. Más allá del reconocimiento de los valores del otro, fueron presas de una historia de envidias, celos y rencores, sobrellevada en muchas ocasiones por la educación y el respeto profesional de cara a la galería. Sucede entre las personas bien dotadas intelectualmente, o según la expresión bíblica, con más talentos, que se generan muchas polémicas estériles que tienen más que ver con la miseria humana que con la grandeza artística. Estas polémicas dibujan el perfil auténtico del hombre y emborronan las virtudes del artista. En esa relación especial ganaron en alguna ocasión ambos, pero sin duda perdieron mucho más cada vez que la confianza daba paso al rencor. En este contexto, podemos entender que Salieri, anciano y enfermo, pudiera pensar en el daño causado a su supuesto amigo, que aunque no parece que lo envenenara de una forma real, sí que tuvo conciencia de haberle dañado a lo largo de su vida. Sugeriría algún tipo de arrepentimiento su postrera declaración, por no haber podido crecer junto a su amigo. Posiblemente la palabras del escritor C.S. Lewis le vengan muy bien a Salieri en su lecho final: “un hombre satisfecho en su injusticia no siente la necesidad de corregir su conducta equivocada. En cambio, el sufrimiento destroza la ilusión de que todo marcha bien. Por eso el dolor es la única oportunidad que el hombre injusto tiene de corregirse, porque quita el velo de la apariencia e implanta la bandera de la verdad dentro de la fortaleza del alma rebelde”.