En Lima y Callao la gran mayoría de viajes motorizados se realizan por medio de buses, combis, coaster y mototaxis (9.4 millones de viajes al día), seguidos por los vehículos particulares (3.7 millones) y los taxis formales (2.8 millones) e informales (2.2 millones), de acuerdo al último estudio de la Fundación Transitemos.

En cambio, el uso de los sistemas de transporte público masivo –que implica el Metropolitano, la Línea 1 y los corredores complementarios– que en principio deberían ser de mayor calidad y más eficientes, es mínimo, ya que estos solo representan un 8.1% del total de viajes (1.6 millones).

En otras palabras –refiere Comex en su último semanario– predominan las opciones de transporte individual, que ocupan el mayor espacio vial por pasajero, y las flotas de transporte público de peor calidad, que generan más desorden y, según el proyecto de ley del Ejecutivo que promueve la renovación del parque automotor a través del chatarreo de vehículos, la mayor cantidad de emisiones contaminantes.

En este contexto –apunta Comex en su último semanario– surgen los altos niveles de congestión y caos vehicular, lo que tiene efectos perjudiciales en la sociedad, las denominadas externalidades negativas, que vemos día a día: demora en los tiempos de desplazamiento, accidentes, la ya mencionada contaminación, entre otras.

Es la suma de todos estos factores lo que genera un costo para la economía. Por ejemplo, de acuerdo con un reporte de la Fundación Transitemos, solo en Lima y Callao los días laborales perdidos producto de la congestión representan aproximadamente un costo anual de S/ 27,000 millones, mientras que el costo del sobreuso de combustibles se estima en casi S/ 3,000 millones.

Ante este contextos, el gremio considera que las políticas para reducir estas pérdidas económicas deben atacar la congestión vehicular, lo que a su vez implica lidiar con las múltiples problemáticas que la ocasionan.

Es así que el Estado debería –plante el gremio– dar más énfasis a colocar en marcha su Programa Nacional de Transporte Urbano Sostenible, creado en julio de este año por el Decreto Supremo 027-2019-MTC.

El programa busca promover sistemas integrados de transporte en ciudades con más de 100,000 habitantes, por medio de intervenciones en los Gobiernos Locales que impulsen el planeamiento y accionar de políticas de tránsito ceñidas a estándares de calidad, eficiencia y sostenibilidad ambiental.

En ese sentido, un sistema de transporte sostenible orienta la movilización urbana hacia los medios de transporte masivo, lo que genera una reducción en el uso de los vehículos particulares, para luego, en un mediano plazo, apuntar a un incremento del transporte no motorizado.

“Es decir, volviendo al caso de Lima y Callao, se trata de revertir la distribución de los viajes motorizados antes descrita, de forma que el tren, los corredores y el Metropolitano se vuelvan las opciones más atractivas para el ciudadano. Claramente, esto significa armonizar dichos tres medios de transporte, mejorar la fiscalización de otros vehículos en sus rutas y resolver problemas de circulación en la ciudad de forma efectiva”, dice Comex.

“Así, creemos que el proyecto de chatarreo y otras medidas que sean promovidas en el futuro con respecto al transporte deben estar articuladas bajo el Programa Nacional de Transporte Urbano Sostenible. No es una tarea fácil, ya que su gestión dependerá también de la capacidad de las instituciones a cargo, en los diferentes niveles de gobierno, para actuar sin trabas y en coordinación mutua. Pero, al menos en la capital, la primera pieza del rompecabezas ya está puesta gracias a la creación de la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao. Que el resto del país siga este camino”, remarca.