Carlo Frabetti

El problema de los caramelos y las cajas planteado la semana pasada es trivial si nos limitamos a tres sabores -fresa, naranja y limón- y dos caramelos de cada sabor, pues es evidente que en este caso, y sea cual sea la distribución de los caramelos en tres cajas con dos caramelos por caja, siempre podremos obtener uno de cada sabor sacando un caramelo de cada caja. Basta con ver todas las distribuciones posibles: FF NN LL, FF NL NL, FN FN LL, FN FL NL, FL FL NN… Pero la cosa se complica al ampliar el número de sabores y cajas, así como el número de caramelos de cada sabor. Veamos, al respecto, la reflexión de Francisco Montesinos, que fue quien planteó este interesante problema:

“El caso de 2 caramelos/caja se sigue de observar que extrayendo 1 caramelo de una caja de sabor digamos s1 y a continuación si el 2° de esa caja es de sabor s2 alguna otra caja contiene el otro de ese sabor. Vamos a dicha caja y lo extraemos. Si continuando de esta manera conseguimos extraer los m caramelos de sabores distintos, hemos terminado. Si solo hemos conseguido extraer k de k sabores distintos y k cajas distintas, se inicia el proceso en las m-k cajas restantes que contienen m-k sabores…” (Ver el comentario nº100 de Día solar y día sidéreo).

El planteamiento clásico del teorema del matrimonio, que es una de las vías para abordar el problema de los caramelos, es un tanto machista, y al formularlo no se suele contemplar la voluntad de las mujeres, como si el mero hecho de tener varios pretendientes garantizara que van a casarse. Puesto que no es así, siempre cabe la posibilidad de que alguna (o varias, o todas) quiera seguir soltera por más pretendientes que tenga. La discusión suscitada por el teorema del matrimonio puede verse en los comentarios de la semana pasada (especialmente en los nos. 13, 15 y 17).

Superficie de Venus
Superficie de Venus NASA

Nuestro hermano infernal

Y tras este dulce paréntesis de bodas y caramelos, volvamos al fascinante asunto del agua en el Sistema Solar. En semanas anteriores hemos hablado de la presencia de hielo en los polos de la Luna, Marte y Mercurio, por lo que parece inexcusable ocuparse de nuestro restante vecino cósmico, el planeta Venus.

Con una masa y un volumen ligeramente inferiores a los terrestres (su radio mide algo más de 6.000 km), Venus ha sido considerado siempre el “planeta hermano” de la Tierra, y es probable que hace unos 700 millones de años tuviera grandes océanos de agua líquida. Pero actualmente su atmósfera, con enormes cantidades de CO2 y otros gases de efecto invernadero, retiene el calor solar en tal medida que la temperatura en la superficie del planeta supera los 460º C, que, junto con una presión unas 90 veces mayor que la terrestre y sus abundantes nubes de ácido sulfúrico, lo convierten en un planeta “infernal” muy poco apto para la vida tal como la conocemos, y donde el agua solo se encuentra en forma de vapor, y ya en pequeñas cantidades, pues la radiación solar la descompone en hidrógeno y oxígeno. Aun así, podría haber bacterias extremófilas en la inhóspita atmósfera venusina.

Pero las observaciones más recientes sugieren que en Venus pudo haber agua líquida durante unos 2.000 millones de años, tiempo suficiente para la aparición de formas de vida primitivas similares a las terrestres.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿tendría sentido intentar la instalación de una base en Venus? ¿Cómo tendría que ser y qué utilidad tendría? Invito a mis sagaces lectoras/es a contribuir con sus sugerencias a la hipotética colonización de nuestro hermano infernal.