Ayer, la Comisión Especial a cargo del concurso público de méritos para la elección de los miembros de la Junta Nacional de Justicia (JNJ) publicó en “El Peruano” las bases para seleccionar a las catorce personas (7 titulares y 7 suplentes) que compondrán la institución y que, según el cronograma, deberán jurar el cargo el 6 de enero próximo. Según el presidente de la comisión, Walter Gutiérrez, las bases establecidas para el actual concurso son “completamente distintas” a las del primero, que naufragó hace unos meses.

Como se recuerda, en mayo de este año, luego de que los aspirantes a la JNJ rindieran la evaluación de conocimientos que el proceso original exigía, solo tres de los 104 participantes obtuvieron una nota aprobatoria (a saber, 65% del puntaje total de la prueba). A esto se sumó el hecho de que de los tres restantes postulantes solo uno, Pedro Patrón Bedoya, superó las otras etapas del proceso. Su juramentación, empero, se frustró luego de que se conociera que tenía pendiente un proceso judicial en la Corte Suprema por el presunto delito de falsedad ideológica. Una serie de circunstancias que obligaron a la Comisión Especial a empezar desde cero.

Las bases publicadas ayer, sin embargo, parecen presagiar un proceso más fructífero que el anterior, toda vez que han atendido el problema más evidente del primer concurso: la prueba de conocimientos. Como hemos dicho en un editorial anterior, la referida evaluación, que constaba de una serie de preguntas que los evaluados debían resolver, contenía interrogantes cuestionables por la utilidad de la información (a veces demasiado elemental, a veces absurdamente sofisticada) necesaria para responderlas. Finalmente, el hecho de que la gran mayoría fuese desaprobada demostró que se trató de una valla poco acertada.

La evaluación, por suerte, será ahora completamente distinta. Según describe el documento publicado ayer, constará de un caso práctico que el postulante tendrá que analizar, con acceso a la normativa pertinente, y sustentar ante un comité técnico. Este último deberá luego colocar a los aspirantes en orden de méritos y quienes ocupen los 28 primeros puestos serán considerados competentes para pasar a la siguiente etapa del proceso. Esta manera de evaluar a los que pretenden ser miembros de la JNJ garantiza que, a diferencia de la vez anterior, el número de aprobados no será tan notoriamente pequeño.

Es innegable que estos cambios eran necesarios, no solo como medida para subsanar un proceso que no trajo consigo los resultados que buscaba, sino también para facilitar la ejecución de una reforma anunciada por el presidente en julio del año pasado como respuesta a la crisis generada por los llamados ‘audios de la vergüenza’, que llevaron a la desarticulación del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). Estas grabaciones, como se sabe, terminaron por hacer visible la podredumbre presente en nuestro sistema de justicia, la misma que comprendía a jueces, fiscales e incluso al anterior fiscal de la Nación, Pedro Chávarry.

Así las cosas, solo queda esperar que el proceso de selección vigente para la JNJ se lleve a cabo de la manera más diligente posible, sin caer en los contrasentidos de su versión original. Esta tarea resulta fundamental en una época en la que la política peruana está tan marcada por los escándalos de corrupción y donde la probidad de quienes administran justicia terminará por garantizar que las penas que sean impuestas a quienes rompieron la ley tengan una legitimidad incuestionable.

El Perú ha esperado mucho para ver al reemplazo del CNM salir a flote y está en manos de nuestras autoridades garantizarnos que el proceso no será un fiasco.