Después de casi cien años de existencia, el turf nacional tiene un hogar propio, un Hipódromo construido por su propio esfuerzo, cuya inauguración representa un acontecimiento sin precedentes en sus anales, que llena de or-gullo y satisfacción a las legiones de aficionados al deporte de los reyes en la capital del Perú.

El vecino Puerto del Callao, y especialmente la llamada “Cancha de la Mar Brava”, fue el teatro de la primera reunión de carreras organizadas en forma pública, la que se realizó el 29 de febrero de 1864 bajo el patrocinio del Prefecto del Callao Coronel Miguel Medina. Con un tabladillo de made-ra a guisa de tribuna, con una pista netamente al estilo inglés, con variadas ondulaciones y demarcada con sogas, se realizaron varias reuniones de ca-rreras, con bastante éxito. Los aficionados limeños trataron de acercar más su espectáculo favorito y se intentó construir un hipódromo rudimentario en la Pampa del Pino, zona en que actualmente se encuentra parte del populoso barrio de El Porvenir, realizándose allí en 1866 una reunión de carreras, pero el terreno pedregoso impidió seguir utilizándolo.

Posteriormente se disputaron carreras en la cancha de Chacra Colorada, hoy el barrio del mismo nombre, y por último se escogió un lugar intermedio entre Lima y Callao, en La Legua. Parece quo esa fue la zona que resultó más adecuada, porque fue en la Legua donde se construyó el primer hipódromo permanente de nues-tro país.

Ese Hipódromo se conoce con el nombre de “Cancha Meiggs”, porque su construcción se debió a la generosidad del Ingeniero norteamericano don Enrique Meiggs, el constructor de nuestro Ferrocarril Central, que delineó la pista en el mismo terreno de La Legua y construyó tribunas de madera. Este Hipódromo se inauguró en 1877 y duró hasta 1902 y en él se dieron los Pri-meros pasos para la organización de nuestras carreras de caballos, que cul-minaron en la Sociedad de Carreras del Perú, que presidió el Sr. Waldo Graña y el Jockey Club de Lima, fundado en 1895, cuyo primer Presidente fue el Dr. Ricardo Ortiz de Zevallos.

Pero para despertar la afición del grueso público limeño era necesario construir Así lo comprendieron los dinámicos dirigentes del jockey Club y a fines del siglo XIX se obtuvo de la Municipalidad de Lima la concesión de una enfiteusis por 99 años en los terrenos del fundo “Santa Beatriz”, nombre inolvidable en nuestros anales hípicos. Así pudo inaugurarse en julio de I903 el pintoresco hipódromo de tribunas rnoriscas, que albergó durante 35 años a la afición limeña. El Sr. Al-fredo Benavides, mediante una emisión de bonos construyó las tribunas mo-riscas, a la que se agregó en 1909 la Tribuna de Segunda. Fue la etapa más brillante de “Santa Beatríz” entre 1921 y 24, construyéndose al final de esa llamada “Edad de Oro” una hermosa pista de 2,400 metros en terrenos cedidos por el Presidente Sr. Augusto B. Leguía.

Allí se disputaron carreras internacionales celebrando el Centenario de la Independencia y el Centenario de Ayacucho, y se construyó la tribuna de Socios que es lo único que aún existe, en 1927. A la caída del Gobierno de Leguía hubo que volver a la pista de 1,600 metros, que duró hasta el año 1938.

El extraordinario crecimiento de Lima determinó la desaparición de “Santa Beatriz” y el Sr. Enrique Ayulo Pardo, Presidente del Jockey Club consiguió del Gobierno del Mariscal Oscar R. Benavides la construcción de un nuevo Hipódromoque quedaría en poder de la Institución hasta el vencimiento del plazo de la enfiteusis a cambio de la devolución de los terrenos situa-dos ya en el corazón de Lima. El lugar escogido fue la recién inaugurada Avenida Salaverry, en la zona del fundo “San Felipe”, nombre con que se hizo conocer el nuevo centro de carreras.

La inauguración tuvo lugar el 4 de diciembre de 1938, con un extraordi-nario suceso social y deportivo. Su historia es muy reciente, pero no debemos olvidar sus grandes carreras corno el “Gran Premio Internacional Presidente de la República del Perú” de 1952, y la serie de pruebas internacionales que culmina con el “Jockey Club del Perú” de 1959. Pero a partir de 1951 el desarrollo sin precedentes de la afición limeña hizo estrecho a “San Felipe” para albergarla, por lo que se pensó en un nuevo centro hípico, digno del actual grado de progreso de nuestro turf.

El nuevo Hipódromo de Monterrico ofrece perspectivas de un brillante porvenir y es la culminación de la obra realizada en solo 15 años por el “Jockey Club del Perú”. Nacido en 1946 al impulso arrollador de todas las fuerzas vivas del turf ha hecho superar al deporte de los reyes las más ambiciosas expectativas. Su crecimiento pujante e incontenible tenía que plasmarse en una realidad extraordinaria como es el Hipódromo de Monterrico. En él han colaborado todos cuantos han trabajado incesantemente por el bien del turf peruano, desde la Junta Ejecutora de la Ley 10345, pasando por los Directorios presididos por los Sres. Miguel J. Fort, Pedro García Miró, Ernesto Ayu-lo Pardo, Oscar Berckemeyer Pazos, y Gustavo Prado Heudebert, hasta llegar al que preside el Sr. César A. del Río Suito, que hoy rige los destinos institu-cionales.
Los primeros sentando la base de vida económica del Jockey Club, y los restantes adquiriendo el terreno para la construcción dél nuevo Hipódromo y llevándola adelante, a costa de inmensos sacrificios, superando todos los obstáculos, en una tarea de grandes proyecciones, con la mirada pues-ta en el mañana para convertir un sueño en realidad.

Ha correspondido al Directorio que preside el Sr. César. del Río, la satisfacción y la gloria de inaugurar el nuevo hogar de la afición límeña. Nada más justo que reconocer los méritos que tiene para ello, porque la termina-ción de la obra trascendental emprendida por sus antecesores, ha sido su preocupación y afán constantes, su esfuerzo cotidiano, su problema de cada día. Ese fué su programa y su bandera, y la ha cumplido sin desmayos y con decidido empeño, coronando una obra que ha de hacer historia en el turf nacional.

Jorge L. Young Bazo.
(Diciembre de 1960)