Ayer, por medio de una carta, el presidente Martín Vizcarra aceptó formalmente la invitación al diálogo extendida por el titular del Poder Legislativo, Pedro Olaechea, y lo citó a Palacio de Gobierno hoy a las cinco de la tarde.

En la misiva, además de anunciar que estará acompañado por el primer ministro y los titulares de las carteras de Economía y Justicia, el jefe de Estado delineó los puntos que serán abordados en el cónclave. A saber, el proyecto de ley de reforma constitucional para el adelanto de elecciones, el Plan Nacional de Competitividad y de Infraestructura y el proyecto de ley de presupuesto para el año fiscal 2020.

En buena cuenta, con el oficio enviado, el mandatario ha dejado claro que no tranzará con los puntos que tratará en el encuentro y que este tendrá como eje central el adelanto de elecciones propuesto por su gobierno. Lamentablemente, esta actitud, sumada al hecho de que el presidente no incluyó en la agenda el resto de los puntos propuestos por el presidente del Congreso para tratar en el encuentro, parece vaticinar, como muchos temíamos, que la conversación entre ambos no terminará en humo blanco…

Desde este Diario, sin embargo, esperamos estar equivocados y que la reunión entre el señor Olaechea y el presidente Vizcarra resulte en acciones concretas en beneficio del Perú. Y es que, con prescindencia de cuándo vayan a dejar sus cargos ambos funcionarios, es evidente que el país exige que estos dos poderes del Estado se pongan de acuerdo y tomen decisiones que, además de remediar la incertidumbre que agota a la ciudadanía, permitan alcanzar mejoras en puntos claves, como el crecimiento económico, la reforma del sistema de justicia y la seguridad ciudadana.

En suma, Vizcarra y Olaechea deben procurar un pacto. Uno que tenga el futuro de los peruanos como prioridad y por el que ambos estén dispuestos a hacer concesiones.