Milagros Asto Sánchez

La devoción por Santa Rosa de Lima en Filipinas es tan palpable como en el Perú. En este país ubicado a más de 18 mil kilómetros de nuestra nación, la santa limeña no solo cuenta con fieles católicos que también conmemoran su fiesta en agosto, sino que incluso tiene una ciudad y un municipio que llevan su nombre.

Peruanos y filipinos comparten la fe por la santa y conocen su historia. Nacida como Isabel Flores de Oliva en 1586, Santa Rosa entregó su vida a la religión y al camino de la penitencia y de la contemplación mística. Fue canonizada por el Papa Clemente X en 1671 convirtiéndose así en la primera Santa de América.

Dos años antes de su canonización, la limeña fue proclamada Santa del Perú y, en 1670, se convirtió en Santa del Nuevo Mundo y de Filipinas. Para ese entonces nuestra santa ya era venerada en el país asiático, aunque con el nombre de Santa Rosa Laguna debido a que uno de los múltiples milagros que se le atribuyen tuvo lugar en la provincia filipina de Laguna.

La historia, que ha sido transmitida oralmente con el paso de los años, cuenta que Santa Rosa se apareció a cientos de filipinos que huían del asedio japonés durante la Segunda Guerra Mundial y los guió hasta una iglesia en la que encontraron comida y protección. El episodio tuvo lugar cerca de un poblado llamado Bucol, que luego fue rebautizado como Santa Rosa.

Como muestra de la devoción a la limeña en Filipinas, en estos días se puede visitar el pueblo Santa Rosa, que según un censo del 2015 tiene 353,767 habitantes. También existe el municipio de Santa Rosa en la provincia de Nueva Écija. Sin embargo, en el país asiático la fiesta de la santa peruana se celebra el 23 de agosto (fecha estipulada en las reformas al calendario litúrgico introducidas en el Concilio Vaticano II) y no el 30, como ocurre en nuestro país desde que fue canonizada.

Para Juan Fonseca, historiador especializado en temas religiosos, la devoción por Santa Rosa en Filipinas se puede entender, por un lado, por la “historia común que ese país tiene con Latinoamérica por el hecho de haber sido parte del imperio hispánico durante mucho tiempo, lo que constituyó una religiosidad o un trasfondo religioso bastante parecido donde el catolicismo tiene una fuerza mayoritaria muy importante y, por otro lado, porque se ha construido además una identidad que, aunque depende de lo hispano, tiene unas características muy propias”.

Filipinas es el país asiático con mayor número de católicos. Más del 85% de sus 106 millones de habitantes profesan esta religión como herencia de los tres siglos de colonización española hasta 1898, según la agencia Efe.

En general, la figura de Santa Rosa no está presente solo en el Perú y Filipinas, sino que tiene el alcance internacional propio de muchas devociones enmarcadas en el gran número de países que forman parte del universo católico.

Así, no resulta sorprendente que la santa peruana sea patrona de la Policía de Paraguay y de las Fuerzas Armadas de Argentina o que la Universidad Católica Santa Rosa, fundada en 1999 en Caracas, Venezuela, lleve su nombre.

“En el caso particular de Santa Rosa de Lima, un punto importante en el caso latinoamericano y filipino es que, como lo ha señalado el historiador Ramón Mujica, hay una identificación entre Santa Rosa y la identidad católica criolla. Ella es un personaje que representa a un catolicismo nacido y desarrollado en América, que ya no solo refleja los valores de lo español, sino que también muestra la manera en la que se construye y desarrolla la fe católica en Latinoamérica”, explica Fonseca a El Comercio.

“Santa Rosa de Lima se convirtió en un emblema hasta de orgullo patriótico continental de los criollos y eso ha hecho que quede una impronta hasta la actualidad”, concluye.

La devoción por la limeña, que paradójicamente nunca salió del Perú, ha llegado a tal punto que ahora los fieles pueden enviarle sus deseos a través de su página web (www.rosadelima.pe) y hasta por WhatsApp, lo que, sin duda, es una buena opción para los fieles que viven lejos.