Militar español de origen francés, nacido en Castel-Jaloux (Guyenne, Francia) en 1787 y muerto asesinado el 18 de enero de 1835 en Madrid.

Realizó grandes servicios a la causa realista en Indias. Durante siete años dirigió las tropas españolas que se enfrentaron a los patriotas en Perú y en el Alto Perú (Bolivia), al cabo de los cuales tuvo que capitular en la batalla de Ayacucho (1824), que puso fin a la dominación española en el continente americano.

Nacido en el seno de una familia de tradición realista (su padre fue ejecutado por la Revolución), su familia le trasladó a España siendo niño. En 1801, con 15 años, ingresó en el regimiento de guardias walonas, desde donde pasó a ser destinado al Estado Mayor en el Alto Perú, bajo las órdenes de La Serna. Pasó a América con el ejército de Morillo (1815) y tras algún tiempo de permanencia en Tierrafirme, embarcó en Panamá (4 de noviembre de 1817) hacia su destino en el Perú. Canterac entró inmediatamente en combate con los patriotas. En 1818 luchó contra las guerrillas de la región de Tarija y al año siguiente dirigió una gran operación hasta Jujuy, población que conquistó. Tuvo que abandonarla por órdenes del virrey La Serna, que le mandó regresar al Perú ante la amenaza de una invasión sanmartiniana. En septiembre de 1819 La Serna pidió permiso para volver a España y Canterac quedó como jefe supremo de las tropas españolas, a las órdenes del virrey Pezuela. Propuso entonces atacar Tucumán, para evitar la reorganización de San Martín, y se le autorizó a hacerlo en 1820. Tomó Jujuy (25 de mayo) y Salta, pero fracasó en su objetivo de apoderarse de Tucumán. Se retiró entonces a Arica, desde donde volvió a Lima por vía marítima. Incorporado al campamento de Aznapuquio como jefe de Estado Mayor, sustituyó a La Mar. El 29 de enero de este año 1821 fue uno de los protagonistas del pronunciamiento que destituyó a Pezuela (acusado de contemporizar con los revolucionarios) y que restituyó a La Serna (no se había ido aún a España) como virrey. Canterac fue nombrado entonces jefe del ejército español en el Perú. Vino luego la campaña libertadora de San Martín con el Ejército de los Andes que presagiaba el fin de la dominación española. Canterac asistió a la entrevista de Punchauca y abandonó luego Lima con dirección al Alto Perú, que pensó convertirlo en baluarte de la resistencia española. Reestructuró y disciplinó el ejército realista en Jauja y en agosto del mismo año (1821) se dirigió al Callao, que tomó fácilmente. Tuvo que abandonar este puerto por falta de abastecimientos, pero su acción significó un resurgimiento de la resistencia española, que obligó a San Martín a pedir ayuda a Bolívar. La guerra se estancó, pues Canterac tampoco tenía efectivos suficientes para vencer a San Martín. Se retiró a Jauja y actuó en forma autoritaria y despótica para evitar las deserciones, por ejemplo en la destrucción de la población de Cangallo.

Ascendido a mariscal de campo, volvió a salir de la sierra en marzo de 1822. Derrotó en Machacona (Nazca) a Domingo Tristán (7 de abril), pero tuvo que volver a los Andes y a Cuzco, ante la amenaza de Rudecindo Alvarado desde Arica. Derrotó a éste en Moquegua y atacó Lima, que tomó en junio de 1823. Impuso al virrey La Serna y decretó grandes contribuciones para sostener las tropas del rey. Comprendiendo la dificultad de sostener la capital y ante la amenaza de la llegada de las tropas colombianas de Bolívar, decidió evacuarla al cabo de un mes. El virrey La Serna dividió entonces el ejército realista en dos para hacer frente a la invasión libertadora colombiana: el del norte, mandado por Canterac, y el del sur, por Valdés. Esto dio origen a la rebelión de Olañeta, ya que era partidario del absolutismo contra el liberalismo del virrey y de Canterac. El desastre español se venía encima y Canterac no pudo hacer nada por detenerlo. Trató de ganar tiempo negociando con el presidente del Perú, marqués de Torre-Tagle, y envió algunas fuerzas al Callao con Rodil y Monet cuando surgió el movimiento realista.

La ofensiva de Bolívar en 1824 fue demoledora, pues llevaba numerosas fuerzas veteranas de las campañas de Colombia. Canterac fue derrotado en Junín (6 de agosto) y tuvo que retirarse a Huamanga y luego a Cuzco. Su ejército había perdido más de 3.000 hombres, víveres, municiones y casi todo el parque. Intentó cortar la marcha a Sucre hacia el Alto Perú, pero tuvo que enfrentarse con él en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. La batalla fue un triunfo rotundo de los patriotas y el propio virrey La Serna fue herido y hecho prisionero. Canterac tuvo que firmar el armisticio como teniente general de los reales ejércitos de S.M. Católica en el mismo campo de batalla. En él se dispuso la entrega total al Perú y se permitió que los españoles que lo desearan regresasen a España. Con la victoria de Ayacucho se puso fin a más de tres siglos de dominación española en la América continental.

De vuelta a España, tuvo que soportar el desprecio con que los peninsulares designaban a los “ayacuchos”. Tras años de postergación, fue nombrado comandante del campo de Gibraltar y, al morir Fernando VII, capitán general de Castilla la Nueva (1835). Su primera y última acción como tal fue actuar contra el pronunciamiento del oficial Cayetano Cardero, realizado en la casa de Correos de la Puerta del Sol de Madrid. Canterac se trasladó a dicho lugar al frente de algunos soldados y fue asesinado allí el 18 de enero de 1835. Su viuda recibió el título de condesa de Casa-Canterac.

Bibliografía

Antología de la Independencia del Perú. Lima: Publicaciones de la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la independencia del Perú, 1972.

DÍAZ VENTEO, FERNANDO: Las campañas militares del virrey Abascal. Sevilla: 1948.

MENDIBURU, Manuel de: Diccionario Histórico-Biográfico del Perú. Lima, 1931-35, 11 vols.

PEZUELA, Joaquín de la: Memoria de Gobierno. Ed. y pról. Vicente Rodríguez Casado y Guillermo Lohmann Villena. Sevilla, 1947.


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