Giovanna Castañeda Palomino

“La compra de la propiedad, fruto del esfuerzo de toda su vida, es una inversión privada, transparente”. El expresidente Alejandro Toledo dio esas declaraciones en enero del 2013, cuatro días después de que el diario “Correo” publicara en su portada que la madre de Eliane Karp, la ciudadana belga Eva Fernenbug, había comprado al contado una casa en Las Casuarinas por casi US$4 millones.

“No es decente ni permisible utilizar a familiares para atacar al adversario”, continuó aquella vez para justificar la costosa adquisición de su suegra, en ese entonces de 86 años.

Esa fue su primera versión.

Seis años y medio después, sabemos que ese inmueble ubicado en la cuadra 7 de la calle Cascajal (Surco) fue –es– el inicio de un entramado que olía a lavado de activos desde su destape. Esa vivienda, de 2.500 metros cuadrados, se convirtió en el punto de partida para una serie de investigaciones periodísticas y fiscales. Las Casuarinas nos llevó a Ecoteva y Ecoteva, finalmente, a Odebrecht.

Seis años y medio después, Toledo está cada vez más cerca de ser extraditado al Perú para cumplir una orden de prisión preventiva por la investigación que se le sigue tras revelarse que la constructora brasileña le habría pagado US$20 millones como soborno por el proyecto de la carretera Interoceánica Sur. Coima que él pidió –según Jorge Barata declaró a los fiscales– y que habría usado para sus compras inmobiliarias y el pago de hipotecas, a través de intermediarios y ‘offshores’. Este ‘shopping’ fue el que despertó la alerta de las autoridades peruanas. Fue la señal de que el dinero invertido no tendría un origen lícito.

—Nacimiento de Ecoteva—
Cuando se conocieron las sospechosas compras, y cada vez que aparecía una revelación, Toledo caía en contradicciones.

La primera entrevista que Toledo dio exclusivamente por el tema fue en febrero del 2013. A la periodista Graciela Villasís -que entonces trabajaba en “Cuarto poder”- le dijo que su suegra era una ciudadana judía sobreviviente del Holocausto y que el dinero con el que compró ‘al cash’ la casa de Las Casuarinas era la acumulación de la indemnización que, mes a mes, el Gobierno Alemán le daba. Él, decía, no tenía nada que ver con esa compra. Ni la conocía, aseguraba.

“Ella es una sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Ha perdido tres generaciones, no tiene a nadie porque los llevaron los nazis. Ha acumulado su dinero de toda su vida. […] Todo está en regla. Pero porque es la suegra de Alejandro Toledo es dinero oscuro”, afirmó aquella vez desde la Universidad de Stanford, en California, estado donde estará arrestado hasta que se resuelva su extradición al Perú.

Poco después, el programa “Abre los ojos” reveló otra compra, de setiembre del 2012, dos meses después de la de Las Casuarinas. También era de la suegra de Toledo, con dinero al contado y en Surco.

Fernenbug compró una oficina, tres estacionamientos y un depósito en la Torre Omega, ubicada en la avenida Manuel Olguín. Costaron más de US$832 mil en total. Entonces, la fiscalía provincial penal 48 de Lima ya investigaba a la madre de Karp por el delito de lavado de activos, pero aún no incluía a Toledo ni a su esposa. Hasta que en mayo del 2013 apareció Ecoteva.

En el Perú se supo de Ecoteva cuando el programa “Panorama” reveló que la compra en Las Casuarinas fue hecha por esta empresa. El nombre completo era Ecoteva Consulting Group. Esta ‘offshore’ fue creada el 23 de enero del 2012, en Costa Rica, con un capital de 3 dólares. Fue fundada exclusivamente para compras inmobiliarias. La presidenta del directorio era Fernenbug; los directores eran una trabajadora de limpieza y un agente de seguridad. El expresidente había viajado al país con su suegra días antes de su creación, aunque él aseguraba que solo fue para acompañarla sin participar de la transacción. Ecoteva tenía US$17 millones en sus cuentas en el Scotiabank, en Costa Rica. Desde entonces, Toledo entró en un laberinto.

Tras conocerse de la nueva propiedad de su suegra y de la existencia de Ecoteva, Toledo se desdijo de su primera versión: el dinero ya no se trataba de un ahorro por la pensión vitalicia que recibía su suegra del Gobierno de Alemania, sino de un crédito hipotecario.

En otra entrevista con “Cuarto poder”, desde su casa de Camacho (La Molina), Toledo dio otra versión: que Ecoteva fue creada por su amigo, el empresario peruano-israelí Josef Maiman –ahora uno de los principales colaboradores del equipo especial–, y Fernenbug, ambos unidos por una vieja amistad de más de 40 años.

“No sé cuántos ahorros tiene mi suegra. ¿Tú sabes cuántos ahorros tiene tu suegra?”, dijo. También afirmó que Maiman, quien era de su círculo más cercano, lo vio como una inversión para luego “alquilar”.

—Más revelaciones—
En julio del 2013, el Congreso empezó a investigar el Caso Ecoteva. Además, apareció un reporte de la Unidad de Inteligencia Financiera que revelaba que Ecoteva no solo compró la casa de Las Casuarinas y la oficina de la Torre Omega, sino que pagó las hipotecas de los dos inmuebles del expresidente en Camacho y Punta Sal (Tumbes). Montos de US$217.007 y US$277.308, respectivamente.

Asimismo, aparecieron los correos que Karp intercambió con Paul Allemant, el corredor que les mostró a ella y a Toledo entre 15 y 20 casas en Las Casuarinas. Las comunicaciones revelaron que ambos estaban involucrados en la adquisición. Nunca le pagaron a Allemant por este trabajo, aproximadamente US$12 mil, según este reveló a los medios. “Ya lo dejé porque en verdad el dinero es mal habido”, declaró Allemant a este Diario el último jueves.

En febrero del 2014, la fiscalía de lavado de activos incluyó a Toledo y a Karp en la investigación del caso. Tres años después, en febrero del 2017, cuando se empezó a conocer sobre los sobornos de Odebrecht, la fiscalía lo acusó de recibir pagos ilícitos de la constructora y lavar activos. Empezó a cerrarse un círculo…