Sergio Salas

Contrariamente a lo que algunos creen, pienso que la fusión en la música no solo es válida, sino también necesaria. La primera acepción de la palabra fusión en el diccionario de la Real Academia de la Lengua es: acción y efecto de fundir o fundirse.

Todo en la vida evoluciona. ¿Por qué la música no tendría que hacerlo? Desde los cantos gregorianos hasta el rock, la música ha evolucionado también. Si aterrizamos en nuestro país, vemos que el Perú tiene música tradicional en la costa, sierra y selva.

En la sierra es maravilloso escuchar un huaino tocado y cantado en forma pura. Luego, el género tuvo una mutación hacia la “chicha” y hoy tenemos la “cumbia”. Este último género mezcla los sonidos de los sintetizadores y la percusión electrónica, y el público lo consume masivamente.

En la música criolla tradicionalmente se utilizaban las guitarras y el piano. Luego, la guitarra toma un mayor protagonismo. Se introducen las castañuelas en el conjunto Fiesta Criolla y este instrumento aporta otro color a las canciones.

Posteriormente, y conforme avanzan los años, se introducen el clarinete, el saxofón y hasta la batería de fondo. El cajón en los valses es posterior. He escuchado grabaciones de música criolla con trompetas, trombones, sinfónicas, acordeón y otros instrumentos.

Estamos aquí ante un primer tipo de fusión en lo que respecta al sonido que se obtiene de incorporar nuevos instrumentos a un determinado tipo de música. Un dato antes de seguir: en los casos descritos solo se trataba de la incorporación del sonido nuevo, pero no se perdía el compás original del género que se interpretaba. Así el vals, sea tocado con el instrumento que sea, siempre mantenía el compás de ¾. El famoso tundete.

En este punto quisiera explicarles que en una canción hay melodía y armonía. Quien hace la primera voz hace la melodía. La segunda voz hace la armonía. La guitarra es un instrumento que tiene la posibilidad de darnos muchísimas armonías. Así, en un momento de la historia, un músico genial comienza a introducir estas armonías a la canción criolla: Carlos Hayre Ramírez.

Para los que tuvimos la suerte de conocerlo, podemos atestiguar que él dominaba muy bien las armonías, sabía en qué momento debía aplicarlas y cuándo no debía hacerlo. El enorme criterio musical que poseía le permitía colocar estos acordes “diferentes” en el momento preciso, y dejarlos de colocar cuando no correspondían. Este criterio lo tenía también otro grande con quien compartí escenario alguna vez: Félix Casaverde. Y de la actual generación, el gran guitarrista Yuri Juárez. Bajo mi punto de vista, esta es una segunda forma de fusión.

Hay un tercer tipo de fusión que es la mezcla de géneros. Baladas, bossa nova y otros vienen siendo fusionados hace ya algún tiempo con la música criolla obteniendo buenos resultados.

Pienso que la música peruana es como el derecho. Tiene diferentes ramas: civil, laboral, comercial, etcétera. Todas conviven porque son necesarias. Para cada una de las ramas de la música peruana hay un público, y es necesario que existan porque cada persona tiene derecho a expresar y desarrollar su arte del modo que mejor le parezca. Es necesario porque la música no es estática, sino dinámica, cambia y se transforma. Es necesario porque ello genera una sana competencia. Así, el músico que hace criollo tradicional tiene que esmerarse para lograr un gran producto, que compita con el músico que hace fusión (la semana pasada, en una canal de televisión, el videoclip de un vals de la guardia vieja grabado con tecnología actual quedó primero en un programa de música criolla). Al final, el que gana es el Perú porque es música hecha aquí, en nuestro país.

Muchos creen erróneamente que porque un músico elige desarrollarse en una especialidad (la mía es la música criolla tradicional), rechaza la fusión, lo que resulta una falacia y, hasta diría, una afirmación de escasa o nula argumentación basada únicamente en un prejuicio.

Por eso, este servidor alienta que la fusión exista. No la practico porque no es mi especialidad. Puede gustarme o no, los gustos son personales, pero al final, sea tradicional o fusión, el público decidirá qué música prefiere, y el público, recuérdelo estimado (a) lector (a), nunca se equivoca.