Diana Gonzales Obando

El profesor de castellano y literatura y abogado Iván Rodríguez Chávez (Cajamarca, 1941) recibió el Rectorado de la Universidad Ricardo Palma hace 22 años. Ha sido alumno de intelectuales como Augusto Salazar Bondy, Luis Alberto Sánchez, José Jiménez Borja, Alberto Tauro del Pino, entre otros.

Respecto a la educación actual, nos dice que debería considerarse la opinión de quienes más saben para organizar un buen sistema educativo, como se hacía antes: “Ahora las opiniones alarman. Se está desarrollando una suerte de clima de intolerancia; si no piensas como quieren, entonces eres lo peor. Vivimos en una época muy especial”. Además de su formación en Letras y Humanidades, su labor como rector de una universidad identificada con la formación de arquitectos lo ha llevado a conocer esta disciplina. Para Rodríguez Chávez, el estudio de las ciencias no debe descartar el de las humanidades. En su opinión, la identidad peruana debe atravesar la educación en el país, por eso resalta la enseñanza del quechua como una manera de no olvidar de dónde venimos.

La Universidad Ricardo Palma acaba de cumplir 50 años de fundación y de llevar el nombre de uno de nuestros principales escritores. ¿Qué representa para ustedes?
Ricardo Palma representa los valores humanos y la identidad. Su literatura tiene un sitial en la historia porque es uno de los primeros en darle identidad cultural a nuestra literatura. Es uno de los escritores peruanos que verdaderamente ha materializado el romanticismo en sus tradiciones. Además, dio lugar a un nuevo género narrativo: la tradición.

Respecto a la arquitectura, una de sus principales carreras, ¿cómo percibe el desarrollo de esta disciplina en nuestro país?
En estos momentos, la arquitectura se desarrolla sobre el principio del ‘bien estar’. Quiere decir que las casas, los edificios, los espacios públicos no se construyen por construir, sino que parten de la concepción de que todo lo que se hace debe ser confortable para el ser humano y propicio para su salud, no solo física sino también mental. Antes, primaba cualquier otro criterio; ahora prima el criterio antropológico porque se privilegia al ser humano que es el que ocupará la casa o el edificio. Por eso se les debe proveer a las edificaciones las condiciones que contribuyan a generar más confort, a provocar una vida más amigable, y no que sean espacios de contaminación.

¿A qué se refiere con espacios de contaminación?
Se debe evitar y tener cuidado con el tipo de materiales que se usan porque algunos son cancerígenos y contaminantes. Estos ya están excluyéndose. Por ejemplo, el plomo para la fijación del color de algunas pinturas puede ser cancerígeno. En la iluminación eléctrica ha entrado el sistema LED, que es menos contaminante. Está cambiando todo. También las tuberías, que antes generaban óxido, están siendo reemplazadas por otros materiales. La arquitectura es una profesión muy dinámica porque se van descubriendo factores que no son recomendables para una persona que va a estar permanentemente en un espacio. Las condiciones de habitabilidad deben garantizar cero toxicidad.

¿Y cuáles serían las manifestaciones de la nueva arquitectura?
El aulario de nuestra universidad es una muestra de esto: está hecho de acero y cero cemento. Los pisos de este edificio son una especie de ‘sánguche’ de láminas metálicas que llevan al centro un poco de concreto con la finalidad de silenciar el ruido. Por otro lado, tenemos la tensoestructura, que son construcciones con lonas y bambú. La arquitectura es importante, pero en la universidad también desarrollamos otras carreras, como Psicología, Biología, Turismo, Ingeniería Civil, que ahora está en auge y tienen mucho mercado. En Medicina, seguimos la orientación clásica de la formación médica y, actualmente, usamos tecnología 3D.