Según la historia un 29 de junio se recuerda el fallecimiento de estos dos santos

Como cada 29 de junio en Perú se celebra el Día de San Pedro y San Pablo, fecha que guarda un significado en la tradición católica. Y es que ambos santos están considerados fundamentales para la posterior difusión de la doctrina católica en los inicios del cristianismo dentro del Imperio Romano. La fecha, según la tradición, es el aniversario de sus muertes o del traslado de sus reliquias y en el Santoral católico, es por eso que es celebrado como solemnidad.

San Pedro

Simón Pedro (Betsaida, finales del siglo I a. C.-Roma, c. 67), conocido también como san Pedro, uno de los discípulos más destacados de Jesús de Nazaret. Por su seguimiento de Jesús, se constituyó en el apóstol más conocido y citado del Nuevo Testamento en general y de los cuatro Evangelios canónicos y los Hechos de los Apóstoles en particular, que lo presentan bajo muy variados aspectos. También es citado por San Pablo en sus epístolas, incluyendo la Epístola a los gálatas donde lo refiere como una de las tres columnas de la Iglesia de Jerusalén.

La tradición católica narra que Pedro acabó sus días en Roma, donde fue obispo, y que allí murió martirizado bajo el mandato de Nerón en el Circo de la colina vaticana o en sus proximidades, sepultado a poca distancia del lugar de su martirio y que a principios del siglo IV el emperador Constantino I el Grande mandó construir una gran basílica sobre su sepultura. Se supone que murió crucificado, como Jesús, pero en posición invertida, cabeza abajo.

San Pablo

Pablo de Tarso, originalmente Saulo de Tarso o Saulo Pablo, también llamado san Pablo, nacido entre los años 5 y 10 d. C.,3 en Tarso de Cilicia (actual Turquía centro-meridional), es conocido como el Apóstol de los gentiles, el Apóstol de las naciones, o simplemente el Apóstol, y constituye una de las personalidades señeras del cristianismo primitivo. De sus epístolas auténticas surge que Pablo de Tarso reunió en su personalidad sus raíces judías, la gran influencia que sobre él tuvo la cultura helénica y su reconocida interacción con el Imperio romano.

Pablo no cambió su nombre al abrazar la fe en Jesucristo. Se constituyó en artífice de primer orden en la construcción y expansión del cristianismo en el Imperio romano, merced a su talento, a su convicción y a su carácter indiscutiblemente misionero. Tras ser detenido y juzgado, apeló al César en calidad de ciudadano romano y fue ajusticiado. La tradición cristiana considera que fue muerto martirizado bajo el gobierno de Nerón entre los años 58 y 67 en Roma y que habría sido decapitado. Otra tradición señala que habría sido crucificado.