Fidel Gutiérrez

Alienados, inconscientes, hijitos de papá, poseros. Los epítetos los recibían inmutables hasta que alguien soltaba el primer puñetazo. Como todas las broncas, las que enfrentaban a metaleros y punks tenían casi siempre un inicio verbal e irracional. No fueron tantas como creemos recordar quienes las vimos de lejos, pero se convirtieron en parte del acervo del rock underground peruano, ese que en aquellos agitados años –los 80– empezó a adquirir identidad propia.

Parte de esa búsqueda colectiva es mencionada e interpretada en Espíritu del Metal: La conformación de la escena metalera peruana (1981-1992), libro lanzado hace algunos meses por José Ignacio López Ramírez Gastón y Giuseppe ‘Pino’ Risica Carella. Ellos, como autores, buscan, con este trabajo, visibilizar una historia no desarrollada aun en la cada vez más nutrida bibliografía que tiene al rock local como tema principal.

El primer libro publicado sobre la gestación del movimiento metalero en el Perú
El primer libro publicado sobre la gestación del movimiento metalero en el Perú

“No ha habido interés por el metal peruano en ciertos medios de distribución de información”, dice López Ramírez, docente universitario y músico. “Nadie estuvo interesado en convertirlo en un modelo de discurso o en un sistema de marketing o facción publicitaria del rock nacional”.

Su argumentación suena revanchista, pero es a la vez objetiva: varios de los libros sobre el rock hecho en el Perú están centrados en la explosión de la ‘movida subterránea’ de los años 80, sostenida sobre el punk rock y en letras que estribaban entre lo antisistema y lo politizado. En contraste, el metal y su épica mística e introvertida no han sido puestos de relieve, pese a que en varios momentos su poder de convocatoria superó al de sus contrapartes.

“El metal en el Perú, para los medios de comunicación y los ámbitos universitarios y políticos, era alienante, pues para ellos no tenía un discurso ni una identidad nacional”, recuerda, a su vez, Risica Carella, personaje cuyo activismo en lo musical se prolonga tres décadas. “Su lenguaje era más universal y no hablaban de coche bombas, de Alan García o de un ‘sucio policía’, y eso los hacía difíciles de manejar”.

Jose Ignacio Lopez Ramírez-Gastón, Fidel Gutiérrez y Giuseppe Risica Carella en Agencia de Noticias Andina.
Jose Ignacio Lopez Ramírez-Gastón, Fidel Gutiérrez y Giuseppe Risica Carella en Agencia de Noticias Andina.

APOLÍTICOS

La cuota de data factual en Espíritu del Metal es reducida, si se le compara con la carga interpretativa que sus páginas contienen. Esta, como revelan las explicaciones de sus autores, citadas líneas atrás, busca dejar sentada la relevancia de un género que en los años 80 empezó a asomar la cabeza en nuestro país, alentado por el auge mundial que grupos como Iron Maiden, Scorpions y AC DC habían ganado. De hecho, los autores han evitado conscientemente –y lo dicen en el texto– recurrir a una bibliografía específica, a pesar de que ‘Pino’ ha documentado los vaivenes del metal peruano en Cuero Negro, la publicación (primero  fanzine, luego revista) que fundara en 1988.

Fue de poco a poco que esta suerte de movimiento basado en la música y en el sentimiento (“sus letras hablaban del honor, de la libertad”, resalta Risica) fue ganando público en Lima y el resto del país. Eventos masivos en la capital y la popularidad de bandas como M.A.S.A.C.R.E. y Orgus fueron dándole un espacio y llamando la atención de sectores que vieron su potencial.

“Intentaron politizar al metal y no pudieron, porque los grupos no se dejaban manejar de esa manera”, dice ‘Pino’, quien contrasta esto con lo que ocurría en la acera del frente. “En el rock ‘subterráneo’ sí había una búsqueda de discurso y una cuestión política, panfletaria”, refiere. Para sustentar su idea, afirma que Zcuela Cerrada, notable banda ‘subterránea’, recibió apoyo de la Municipalidad de Lima, entonces encabezada por Izquierda Unida, y que Delpueblo mantenía vínculos con Patria Roja.

DISCURSO Y VALOR

“No es que los metaleros no tuvieran discurso, sino que este no era panfletario o políticamente definido desde una perspectiva en la cual ciertos valores son considerados políticos y otros, no”, sostiene López Ramírez. “¿Cuál es el sistema de filtraje para decir que es lo que tiene valor y qué no? Allí está el problema: el análisis de investigación histórica sobre un movimiento musical no se puede basar en una valoración ética”, agrega.

En estos últimos meses López Ramírez y Risica han presentado su libro en múltiples escenarios. El primero ha aprovechado sus contactos en el mundo académico para llevar este trabajo a la Universidad Autónoma de México, a la de San Diego, en California, y al Instituto Cultural de Baja California, donde desde hace tiempo hay estudios integrales sobre el metal pesado, al igual que en universidades de Chile, Argentina y Brasil. Espíritu del Metal es, pues, un primer paso para resaltar la importancia en nuestra realidad de un fenómeno juvenil y musical hasta hoy activo y vigente.