Catherine Chen

Una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump el miércoles pasado puede sentar las bases para prohibir la venta de equipos Huawei en los Estados Unidos al declarar una “emergencia nacional”. Además, una orden emitida por el secretario de Comercio Wilbur Ross, que entró en vigencia el viernes, impedirá que Huawei –el líder mundial de abastecimiento de equipos de telecomunicaciones– compre componentes y tecnología a empresas estadounidenses sin la aprobación del gobierno.

La decisión del Departamento de Comercio de exigir que dichas compañías obtengan licencias especiales para vender componentes a Huawei podría dificultar –hasta imposibilitar– que la empresa obtenga elementos claves para sus equipos de conmutación de red y teléfonos. Pero una prohibición no hará que las redes sean más seguras. En cambio, perjudicará a los ciudadanos y a las empresas comunes al negarles el acceso a la tecnología líder, reducir la competencia y aumentar los precios.

La prohibición perjudicará financieramente a los estadounidenses empleados por las compañías que hacen negocios con Huawei, que cada año compra más de US$11 mil millones en bienes y servicios a las empresas americanas. Una prohibición total de Huawei podría eliminar decenas de miles de empleos en Estados Unidos.

Debido a que el equipo de Huawei se instala en docenas de redes 4G en zonas rurales y subatendidas del país, una prohibición evitaría que los pequeños operadores de telecomunicaciones estadounidenses de propiedad independiente desarrollen nuevos servicios y brinden conexiones de banda ancha más rápidas a millones de personas. En cambio, esos operadores se verían obligados a gastar sus fondos limitados para reemplazar los equipos de Huawei con equipos más costosos suministrados por sus competidores.

Huawei es el líder reconocido de la industria en tecnología 5G. Bloquearlo podría dañar la economía estadounidense al impedir que América siga el ritmo del resto del mundo en el despliegue de redes 5G. EE.UU. podría terminar quedándose atrás de los países europeos y asiáticos que planean introducir dichas redes.

A los funcionarios estadounidenses les preocupa que el uso de los equipos chinos le permita a Pekín desconectar teléfonos, energía, servicios bancarios, etc. La seguridad de las redes de telecomunicaciones es una responsabilidad compartida por los operadores, los vendedores de equipos y los proveedores de servicios. Los operadores de telecomunicaciones controlan la red y los datos que se mueven a través de ella. Eludir sus controles sería extremadamente difícil, dados los procesos de mitigación de riesgos disponibles. Huawei ha dicho en repetidas ocasiones que rechazaría cualquier orden de atacar o espiar a sus clientes.

Por otra parte, señalar a Huawei solo porque tiene su sede en China tiene poco sentido. Las compañías de telecomunicaciones como Nokia y Ericsson se basan en una cadena de suministro global, así como lo hace Huawei. Utilizan equipos desarrollados o fabricados en China, que representan gran parte de los equipos de telecomunicaciones e Internet, que actualmente están instalados en las redes estadounidenses. Poner en una lista negra a una compañía no hace nada para moderar el riesgo global de la cadena de suministros y terminará por reducir sustancialmente la competencia.

La orden ejecutiva y la regulación del Departamento de Comercio tienen como objetivo evitar que actores malintencionados inserten un malware en las redes que podría supervisar de manera encubierta el tráfico de la red o lanzar un ataque cibernético. Este objetivo refleja la realidad de que las redes de comunicaciones del mundo son vulnerables a los ataques de Estados nación sofisticados. Pero dicho código puede comprometer el producto de cualquier proveedor de equipos –incluso aquellos de países que puedan parecer amigables con Estados Unidos–.

EE.UU. ha suscrito acuerdos para la mitigación de riesgos monitoreados por el gobierno con Nokia y Ericsson, que tienen sede en Europa, lo que les permite hacer negocios en este país a pesar de sus amplias operaciones en China. Huawei agradecería la oportunidad de discutir acuerdos similares.

Si la Casa Blanca y el Departamento de Comercio quieren proteger las redes estadounidenses, no se centrarán en prohibir a las empresas individuales, sino en establecer un enfoque integral de gestión de riesgos que se base en las mejores prácticas reconocidas.

Un movimiento para bloquear a cualquier compañía debilitará la competencia, retrasará la acogida de la red 5G, reducirá la innovación y evitará que los consumidores y las empresas estadounidenses tengan acceso a algunas de las tecnologías de comunicaciones más avanzadas del mundo. La administración de Trump debería desarrollar un marco transparente para probar y proteger todas las partes de las redes de comunicaciones de EE.UU.

–Glosado y editado–
© The New York Times