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Entrevista a José Ignacio López Ramírez-Gastón sobre la situación de los estudios del metal en el Perú

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Lucía Gómez[1]

El motivo de este conjunto de artículos denominado “Reflexiones de la escena del metal en los estudios de música popular” tiene como base ampliar el horizonte sobre los estudios de la música popular que tanta falta hacen, pues la música, como actividad social que tiene un gran alcance en un mundo globalizado como el actual, no puede ser indiferente a sus diferentes formas de representación e identidad. El estudio de un género en particular como el heavy metal tiene un sustento tanto social como personal; por lo que se mostrará una reseña acerca de su posición en el ambiente académico a través de un documental sobre metal en América Latina y también en relación a la investigación musical en el Perú. Además, se expondrá una propuesta personal dentro del área de estudios de música popular en relación al metal para incentivar futuras investigaciones en este campo y en relación a otros géneros musicales. Finalmente, se realizará una entrevista con un docente especializado no sólo en el área de la musicología sino especialmente en temas de música popular con un libro publicado acerca de la escena del metal peruano.

Más allá de las diferentes aristas y problemáticas que pueden surgir en diferentes partes del mundo con relación al metal, es importante recabar en la historia y sus circunstancias para poder comprender el surgimiento y desarrollo de la escena del metal aquí en el Perú. Doctorando en Filosofía con especialización en Música de la University of California, actual docente de la Universidad de la Música, anteriormente el Conservatorio Nacional de Música de Lima, y de la Maestría de Musicología de la PUCP, José Ignacio López Ramírez Gastón ha enseñado a lo largo de su carrera profesional diversos cursos en relación a la música popular y la música en general. La siguiente entrevista tiene como objetivo ahondar en los temas que abarca el libro Espíritu del Metal (2018), escrito conjuntamente con Giuseppe Risica Carella, como un libro pionero en el ámbito del metal en el Perú con sus respectivas implicancias.

Fig. 1: “José Ignacio López Ramírez-Gastón, coautor del libro Espíritu del Metal (2018)”. [Foto: Isabel Rojas]
Fig. 1: “José Ignacio López Ramírez-Gastón, coautor del libro Espíritu del Metal (2018)”. [Foto: Isabel Rojas]
Como investigador musical, ¿cómo ves el panorama general de la investigación musical en música popular hecha en el Perú? ¿Qué le falta y en qué se podría mejorar?

Bueno, primero está el término ‘música popular’ y cómo es entendido en el Perú. Tienes el problema de que ‘música popular’ se entiende no como esa música que está en contraste con la música académica sino como aquella música que representa contextos específicos sociales del Perú como nación; incluidos discursos ideológicos, discursos nacionalistas y una serie de otros discursos. Entonces, es muy difícil que haya un estudio de música popular sin que haya una comprensión de qué significa esto de música popular. ‘Popular’ es problemático, ‘música’ es problemático. Pero en el caso del Perú yo creo que es más problemático el tema popular que el tema de lo musical. Entonces, hay muchos estilos que no han sido apropiados o que no han sido aceptados como parte de la representación de la música popular peruana a veces por tener un componente muy fuerte extranjero o por no representar a grupos grandes –es un tema demográfico a veces– y no los declaramos como música popular. Lo primero que tenemos que hacer es tener una definición clara de música popular y qué cosas abarca, y aceptar que una serie de estilos de música popular pueden ser en el Perú analizados e investigados.

Siguiendo esa línea, ¿qué te llevó a ti y a Giuseppe Risica a escribir un libro sobre la escena del metal en el Perú?

Con respecto a lo que te estoy comentando de música popular, el metal es uno de los temas en conflicto: el metal, el punk, el rock en general, la música electrónica; todos son estilos que son vistos en el Perú como principalmente foráneos o que representan otros países y que no nos representan. Entonces, es difícil hablar de estos temas en los ambientes académicos de música ya que a veces no se les da importancia, les parece una tontería, gracioso o anecdótico; pero no algo que debe ser tratado de forma seria. Y ése es el caso del metal. Por ejemplo, yo crecí metalero desde muy chico y justo pertenecí un poco a toda esta movida que se generó en Lima a principio de los ochentas de metal, de Heavy Metal ya, pero siempre había estado interesado desde esas épocas en el tema. Pero una vez que empecé a entrar en el ambiente académico, a pesar de estar haciendo otras cosas, siempre me quedaba un poco como una pequeña incomodidad de que no tenía tiempo: no me he dedicado a hablar del metal dentro de lo que yo hago como investigador musical.

“Nos pusimos de acuerdo y empezamos a trabajar y también decidimos, justamente por eso, para representar el hecho de la problemática de la aceptación de la música popular en los ambientes académicos, publicarlo nosotros”

Entonces, siempre estaba interesado, siempre pensaba cosas, siempre escribía cosas pero nunca publicaba nada y nada se publicaba. Y justamente como me parece que es un tema que era muy difícil de publicar, hablé con Pino (Giuseppe Risica) que era amigo mío desde los ochentas y que también había trabajado mucho en el ambiente dentro de la misma escena con Cuero Negro sobre todo, entonces a él le interesaba mucho también el análisis de qué pasaba con las escenas. No desde el punto de vista académico, a lo mejor desde el punto de vista más periodístico de la escena. Nos pusimos de acuerdo y empezamos a trabajar y también decidimos, justamente por eso, para representar el hecho de la problemática de la aceptación de la música popular en los ambientes académicos, publicarlo nosotros: uno, para que pudiéramos decir lo que nos dé la gana; dos, para que no hubiera el posible sesgo o prejuicio de que ese era un tema que no era de interés; y tercero, porque si lo hubiéramos intentado, probablemente la mayoría de los ambientes académicos no lo hubiera aceptado o no hubiera querido publicarlo o no le hubiera interesado.

La idea era realizar algo, y como en el Perú sucede mucho que todo el mundo dice que va a hacer algo, todos decimos que vamos a hacer algo y nunca hacemos nada y se pasan las décadas y nunca sucede. O sea, hay un montón de gente que está escribiendo y que puede ser que vaya a sacar trabajos muy interesantes de metal pero, ¿dónde están? Necesitamos que estén ya, necesitamos publicarlos. ¿Por qué? Porque esto no es solamente el hecho de publicar un libro, sino que esto genera conversación, genera discusión, genera pelea, genera contraste de ideas. Entonces, si no tenemos eso, no pasa nada; todo el mundo se queda en su casa escribiendo su libro privado y así no vamos a llegar a ningún lado, por lo menos en este tema.

En el libro Espíritu del Metal narras el surgimiento y la conformación de esta escena entre el 81’ y el 92’, ¿cómo fue el proceso de investigación para poder estructurar este libro?

Lo que pasa es que ya esos eran temas que yo venía pensando por mucho tiempo y que Pino venía pensando por su cuenta por mucho tiempo. La data histórica ya estaba ahí porque nosotros hemos vivido esa etapa: la gente con la que podríamos conversar ya habíamos conversado con ella, o eran amigos nuestros o conocidos nuestros, las bandas que habíamos escuchado mil veces; esa parte era relativamente sencilla. Lo que podría ser difícil era lograr definir qué queríamos decir al respecto porque no hemos sacado un libro histórico, no hemos sacado un libro descriptivo; sino hemos presentado una serie de problemas, una serie de ambientes, una serie de circunstancias y lo que teníamos que lograr pulir era justamente eso: ¿Cuáles son las cosas que intentamos o que son importante para nosotros decir sobre el metal en el Perú durante esta etapa? Entonces eran varias cosas: era una cuestión reivindicatoria de una cultura que existió y que tuvo importancia, o por lo menos para nosotros tuvo importancia en ese momento, y qué cosas queríamos decir que hacían de alguna forma esta escena, no única, pero simplemente contextualizada en el Perú más allá de que si esto sea equivalente o no; es decir, no nos interesaba, o por lo menos a mí no me interesaba tanto, declarar obligatoriamente que somos peculiares, que somos únicos, que somos especiales. Nada. Yo simplemente quería decir “esto es lo que ha pasado aquí, si esto tiene correlación con lo que ha pasado en otro lugar, eso no es el punto central”. El punto central es que ésta es la comunidad que existió aquí, esto es cómo se comportó esta comunidad y éste es el valor que tuvo culturalmente esta comunidad en ese momento.

¿Tú y Giuseppe tuvieron algunas diferencias para ponerse de acuerdo a la hora de escribir el libro?

No. Ninguna. Yo creo que no tuvimos ninguna diferencia porque creo que respetamos mucho el trabajo mutuo. Es decir, él sabe un montón de cosas específicas de la escena, de los momentos, de los conciertos, de las bandas –por estar metido– y él no tiene mucho el trasfondo académico porque no es académico; yo soy académico. De alguna forma, yo tengo herramientas que se complementan perfectamente con las herramientas de él; y a lo mejor es porque nos conocemos de tantos años. Es difícil escribir un libro entre dos personas pero no ha habido ninguna bronca, se hizo de forma fluida. Lo que pasa es que yo creo que nos creemos mutuamente; es decir, si yo le digo algo que tiene un fundamento académico, se lo explico, él me lo entiende y me dice “ah, qué interesante”. Y si él me explica algo de lo que ha visto en vivo, en la escena, me dice “mira no, tu teoría académica está buena pero ha pasado esto o aquello” y tiene otra data. Entonces con eso reconstruyo mi idea, porque lo más importante en estos trabajos académicos es dejar el ego de lado. No interesa quién lo ha escrito: si tienes una idea interesante, si otro tiene una idea interesante, ¡genial que tenga otra idea interesante! Acoplas la idea interesante y ves qué puedes aprender de la idea del otro. Así que no ha habido ningún problema de verdad.

A través del libro mencionas diferentes temas que fueron importantes para entender las etapas por las que el metal en el Perú tuvo que pasar en sus inicios. ¿De qué modo participó la confrontación clasista en el desarrollo inicial del metal?

Lo que declaramos de alguna forma es que generalmente, se entiende que en algunos otros lugares el metal puede o no haber sido un movimiento musical de clase media o clase media-baja. Pero en el caso del metal peruano, llegó normalmente a un sector de clase media y de clase media-alta más bien, y eso es interesante porque normalmente hasta en los escritos lo ponen como algo de clase baja por definición en el Perú, lo cual no es cierto. Entonces, esta percepción del metal como un movimiento obrero, por ejemplo, como en el caso de Birmingham o de clases bajas en los Estados Unidos, no tiene un reflejo aquí. Aquí, justamente por las condiciones económicas y las condiciones sociales, quien podía escuchar esta música era gente de clase media o media-alta que podía acceder por ejemplo a LPs –que eran carísimos– o a vinilos, comprarlos o que se movía en ese circuito, o que tenía un circuito de conexión en el extranjero a veces, que podía viajar o tener contacto con otros países, etcétera; que ahora es lo más normal del mundo pero en los ochentas no era lo más normal del mundo. Entonces, si no tenías el contacto o las posibilidades de viajar, o las posibilidades de comprar discos, era un poco más difícil.

Pero ahora, lo que normalmente sí no se ve, es que el metal peruano, sin ser político, empieza un proceso de declaración anti-clasista; los metaleros peruanos no tenían ningún interés en los discursos tradicionales de los entornos en los cuales convivían. Mucha gente de clase media y de clase media-alta empieza a romper las barreras tradicionales de clasismo de Lima y empiezan a unirse más bien en torno a la comunidad metalera, que suena como un cliché pero en la práctica sí fue así: ese cliché de ‘formemos comunidad’ y ‘todos somos amigos’ y la camaradería del movimiento metal; pero sí fue así. Yo salía de Miraflores con los metaleros de mi barrio, de mi zona, y salíamos todos en mancha y mi mamá les tiraba la puerta porque eran unos asquerosos, horribles; por cuestiones de raza, de clase, de imagen, de todo lo que tú quieras: había un rechazo muy fuerte por la generación que le había tocado a ella. Para mi generación era “a mí me importa un pepino”, lo que importaba es que es metalero; entonces todos metaleros, todos parábamos con metaleros, no interesa. El metal es el primer movimiento, para mí, que tiene una ruptura de clase muy fuerte dentro de los movimientos de rock juvenil.

Otro de los temas que me pareció interesante fue la presencia de discursos nacionalistas que excluían la música metal por ser considerada una escena musical ‘pro-yanqui imperialista’. ¿Podrías explicar brevemente el contexto en el cual al metal se le atribuyen estas críticas?

El problema es que ese tema no es un tema de los ochentas, es un tema hasta el día de hoy. Por eso se habla un poco de la crisis peruana, de la fragmentación, de la falta de identidad porque nunca hemos logrado una identidad y estamos continuamente desesperados por declarar nación, por declarar quiénes somos y normalmente estas declaraciones se realizan a través de modelos nacionalistas, modelos indigenistas, modelos autoctonistas, modelos ancestralistas, modelos incaístas; una serie de modelos que sirven para construir esta especie de historial nacional de peruanidad. Y esto ha afectado muchísimo la música. Primero tienes los discursos anti-hispanistas, luego tienes los discursos anti-yanqui, etcétera; son una serie de discursos. Nosotros, desde la época temprana de la independencia, venimos teniendo esta serie de obstáculos; somos bien bipolares: le generamos un obstáculo al extranjero al mismo tiempo que admiramos lo extranjero. No sabemos qué hacer: ¿cómo hacemos para disfrutar de estas cosas que provienen de otro contexto y al mismo tiempo no sentir que somos unos alienados que no comprenden su realidad supuestamente?

“Tú puedes declarar perfectamente de manera metafórica una situación sin necesidad de decir el nombre. Entonces, ése ha sido el problema: el metal no ha cumplido con las obligaciones del texto explícito nacionalista político”

El metal, en ese sentido, se vio en problemas en determinado momento porque no declaraba identidad de acuerdo a los modelos y parámetros nacionalistas que existían y que han existido hasta el día de hoy. Si el metal de pronto te hablaba de dragones y de satanás y del honor y de la guerra y de la violencia, etcétera, como términos completamente universalistas, lo que hubiera pedido de alguna forma el nacionalismo peruano es que dijeran ‘Perú’ en algún lado, o que dijeran ‘Atahualpa’, que dijeran ‘Túpac Amaru’, que dijeran ‘marinera’, que dijeran ‘afroperuano’; que dijeran algo, alguna palabra que de alguna forma los vinculara con los estereotipos de nación. Y como el metal en general no lo hacía, salvo muy pocas bandas, eso ha hecho que tampoco se le dé valor lírico; es decir, lo que dicen no tiene ningún sentido y no nos representa contextualmente porque no está explícitamente declarado, lo cual es una tontería. Tú puedes declarar perfectamente de manera metafórica una situación sin necesidad de decir el nombre. Entonces, ése ha sido el problema: el metal no ha cumplido con las obligaciones del texto explícito nacionalista político. Eso es bien importante.

Conforme a esa línea, ¿cómo expone entonces el metal el descontento social tanto en su comunidad como en la misma música?

Que un joven de 16-17 años decida dejarse el pelo largo, ponerse un pantalón roto, ya implica una situación de descontento social que no es solamente, y que no puede ser encasillada exclusivamente, en una rebeldía juvenil. Es decir, yo a los 12-13 años salía a la calle con mi polo cortado y con logos pintados de témpera de AC/DC, de Iron Maiden, de bandas, y salía a la calle y puede ser que desde el punto de vista psicológico yo era uno más que quería llamar la atención o que quería confrontar. Pero la pregunta es: ¿por qué quería confrontar? ¿Qué me molestaba? ¿Por qué consideraba que mi situación no era una situación aplaudible o feliz? Ese descontento en general no tenía por qué el adolescente comprenderlo como si fuera un gran investigador de la realidad social, simplemente se expresa de forma natural. Todos los metaleros de ese momento estábamos expresando nuestro desdén contra los sistemas de clase, los sistemas racistas, la problemática de crisis económica, la situación nacional, el desorden y caos político; donde  la respuesta metalera es más bien “váyanse todos al diablo” o “friéguense todos”. El metal entonces confronta de una manera muy fuerte, incluyendo por ejemplo los temas religiosos.

Normalmente se critica que el tema anti-religioso o hablar de satanás es un tema ridículo, pero tienes que ponerlo en contexto: ¿por qué alguien entrenado en algún sistema católico de pronto se va a ir en contra del sistema católico y va a tratar de buscar exactamente lo opuesto a su sistema? Por una condición de rechazo. Es un rechazo contra lo que consideran un sistema caduco, un sistema problemático, un sistema mentiroso, un sistema hipócrita. Entonces, cuando tú ves a tus padres, tus primos, tus abuelos, que tienen un sistema de pensamiento religioso pero que no lo llevan a cabo para nada, y que es una gran mentira social; normalmente lo que tú vas a hacer es, tú te vas a ir al otro lado. ¿Por qué? Porque al final de cuentas, el que es el demonio ahí es quien no está cumpliendo con las obligaciones sociales. Te están vendiendo un contrato y te dicen “tu contrato es que el cristianismo es igualdad, es hermandad, es amor a tu prójimo” y tú no ves eso reflejado en la vida ni de tus padres, ni de tus abuelos, ni de tus primos, ni de la sociedad, ni de la calle, ni en ningún lado.

Así como el metal nació con una esencia underground en sus inicios, varios músicos y fans deseaban que el metal tuviera un mayor alcance en el Perú. ¿Por qué fue, o es, tan difícil alcanzar una circulación descentralizada o internacional?

Primero que nada, habría que ver que muchos músicos de metal consideran que no debería haber una comercialización del metal; es más, que no se debería hablar del metal mucho, que no debería salir en los periódicos porque eso le va a quitar su condición de underground. No es que sea completamente absurdo eso porque sí es cierto que el metal se ha mantenido en un estado subterráneo desde siempre. Y como declaramos en el libro, es el primer movimiento subterráneo y el único que yo consideraría verdaderamente subterráneo comparados con otros que después más bien incursionaron, que no tiene nada de malo, dentro de un ambiente mucho más comercial.

Ahora, lo que tienes que ver es que en el momento en el cual debió darse o catapultarse la lógica comercial del metal fue en el momento en el cual nosotros estábamos en completa crisis y no existía esa posibilidad. Por ejemplo, yo podía escuchar de pronto en la radio Culture Club y después venía Iron Maiden, y después Depeche Mode y después venía Scorpions. Todo era parte de una misma masa ‘pop’, digamos. Ése fue el momento en el cual, sin ningún problema, el metal nacional pudo haber incursionado y bandas de metal nacionales pudieran haber llegado a ser equivalentes a las que ahora se consideran bandas masivas que tocan en los grandes festivales y que representan de alguna forma el rock comercial nacional. Ahora, habría que ver si eso es para bien o para mal que no haya sucedido, ¿no? Algunos dirán que está bien que no haya sucedido, pero es cierto que muchas de las bandas hubieran querido lograr dar el salto al siguiente punto, pero justamente por las condiciones de crisis económica no lo lograron. Y también hay varios mea culpa dentro del metal de los ochenta. Por ejemplo, a muchas bandas se les subieron los humos y empezaron a pensar que su triunfo, porque habían triunfado dentro del entorno limeño por lo menos, era suficiente para alcanzar el famoso contrato, el famoso estudio, el famoso disco: nunca llegó nadie y se quedaron sentados esperando a que llegara su gran momento pero no trabajaron por su gran momento tampoco. Y además cambió la música, hubo otro momento musical, otros estilos y de pronto ya mi Heavy era un producto desfasado: entonces ya no funcionaba.

Justamente en este desfase que mencionas, en la historia general del metal se puede apreciar una variada división de la escena metalera, ¿cómo afectaron estas divisiones el desarrollo del metal peruano y cómo crees que sigue repercutiendo hoy por hoy?

Antes era bien fácil, antes decías ‘Black Metal’, ‘Death Metal’ y ‘Heavy Metal’ y se acabó el asunto. Ahora está tan variado el asunto y han sucedido tantas cosas porque son 40 años, entonces rumbo al medio siglo pasan muchísimas cosas. Pero es una cuestión generacional también: la gente que como yo le tocó el heavy metal, yo no tengo problema escuchando los movimientos posteriores pero a lo mejor la gente de los movimientos posteriores puede tener problemas escuchando el heavy metal tradicional. Peor aún toda la movida californiana –Mötley Crüe, Stryper, W.A.S.P.– que serían consideradas como bandas ultra pacharacas y comerciales. Pero yo creo que el problema no está en las subdivisiones sino el problema está en el discurso del ‘True Metal’, que es este discurso de segregación, de separación, de exclusión, en la cual yo declaro que hay una especie de dignidad u honor directamente relacionado con mi movida, con la música que yo escucho, con mi forma de vida, con quién soy yo como persona; y mi forma de declarar o de proteger ese entorno es a través de la declaración de fronteras. “Este es el espacio, éstas son las características; esto es lo que es y todo lo que no es, está mal”: es muy moralista en ese sentido. Si en algún momento el metal fue moralista, yo creo fue por una especie de salvaguarda de comunidad. Pero yo creo que a estas alturas del partido la comunidad ya se salvó, digamos, no desapareció.

“Ahora lo que falta es que la gente se empiece a subir al carro y empiece a hacer cosas: ya sacamos un libro, ahora tiene que salir 50 libros de acá a los siguientes 5 años, junto con artículos, publicaciones, etcétera”

El problema ahora es todo lo contrario: lo que en determinado momento se utilizó para construir unidad y camaradería de escena ahora es un peligro porque empiezan los problemas de “tú sí eres”, “tú no eres”, “tú sí perteneces”, “tú no perteneces”, etcétera. Pasó con el libro, por ejemplo. Mucha gente dijo “¿quién es este idiota que está hablando de metal?” Yo (risas). Había gente que de entrada tenía esta sensación de sospecha por una necesidad de protección de ambiente, diciendo “espérate”, “¿tú quién eres?”, “¿tú qué opinas?”, “¿por qué opinas?”, “¿quién tiene derecho?”, “¿quién no tiene derecho?”. Y más o menos lo que necesitamos es todo lo contrario: que todo el mundo aporte, que todo el mundo opine. Ahora, hay un problema de desfase también entre los miembros de las comunidades y la gente que se ha dedicado por ejemplo a la academia. Esa separación también se tiene que quebrar. De alguna forma, los chicos que están en la movida de las nuevas generaciones tienen que aceptar la participación de las viejas generaciones y ponerse a conversar y generar un vínculo que permita que se entiendan. Pero para eso tienes que pasar ese primer momento de sospecha. Y el libro yo creo que tiene como una de sus principales funciones pasar ese primer momento de sospecha y empezar las discusiones, las peleas, las conversaciones. Eso ha sido creo muy saludable y ésa era la intención principal que me parece que, en ese sentido, ha sido completamente efectiva. Ahora lo que falta es que la gente se empiece a subir al carro y empiece a hacer cosas: ya sacamos un libro, ahora tiene que salir 50 libros de acá a los siguientes 5 años, junto con artículos, publicaciones, etcétera. Es por eso también que yo voy a empezar el grupo de investigación de heavy metal, entonces yo voy a tratar de reunir a toda la gente, y eso es bien importante, que está tratando de investigar o empezando a investigar o que ya ha investigado el tema de metal y que nos reunamos para que se genere nuevas ideas y que confrontemos las ideas que tengamos también para mejorar nuestro propio trabajo. Yo voy a hacer el esfuerzo hasta donde yo puedo de entrenar académicamente a las personas que discuten estos temas desde varias perspectivas de la musicología, etc., para que tengan herramientas de trabajo y con eso empecemos a generar y generar cosas, escritos, textos, etcétera, y ver cómo nos va.

Fig. 2: “Junto a sus estudiantes del módulo de Heavy Metal de la Maestría de Musicología”. Imagen de José Ignacio López Ramírez-Gastón [Cortesía del autor]
Fig. 2: “Junto a sus estudiantes del módulo de Heavy Metal de la Maestría de Musicología”. Imagen de José Ignacio López Ramírez-Gastón [Cortesía del autor]
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Muchas gracias por ver el tema (risas). Yo creo que eso que he dicho al final es lo más importante. Que de aquí en adelante tiene que empezar algo. Éste es un momento cumbre, digamos, y nosotros en el Perú estamos llenos de momentos cumbres que nunca llegan a ninguna parte. Entonces la idea es ver si logramos de alguna forma que este pequeño momento de inicio sí pueda generar una bola de nieve en el cual las personas se empiecen a activar un poco. Esperemos, porque en nuestra historia siempre pasan estas cosas: se empieza un proceso y el proceso se queda truncado. Y no siempre es por dejadez, también es por falta de apoyo institucional, falta de interés institucional, falta de interés gubernamental, problemas de crisis personales en los cuales la gente en el Perú no puede simplemente sentarse a investigar porque no hay dónde te vayan a decir “te financio para que te sientes a investigar”. Yo mismo como profesor de todos estos espacios, no he escrito sobre metal como parte de mi trabajo universitario y por eso lo he terminado publicando yo también, porque mi espacio universitario no me lo permitiría y tengo que trabajar. Yo voy a poner mi esfuerzo hasta donde yo pueda a ver si se logra materializar algo y esperemos que otras personas respondan y les interese; que nos pongamos todos a trabajar y empecemos a producir, y ya después sobre la producción se criticará, se opinará, se dirá. Pero si no hay producción, ¿de qué estamos hablando? No hay nada de qué discutir, no hay nada qué criticar, no hay nada de qué quejarse. Primero construyan, y después cuando ya has construido nos quejaremos de lo que pudo haber sido construido mejor.


[1] Lucía Gómez es filósofa de la PUCP desde 2017 con interés en temas de ética, estética, estudios culturales y el impacto de la música popular actualmente. Recibió su grado de Magíster en Arte y Cultura en el 2018 por Utrecht University, Países Bajos, a través de la investigación “Metal in Utrecht: The metal scene and the issues of identity in a cosmopolitan city“ (URL Tesis).

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