El Derecho es una actividad que se ha enraizado en la vida diaria de las personas. Algo similar ha ocurrido con la Economía. Ambos campos son parte de la sociedad, pero es escasa la atención que se ha prestado a la relación que se ha tejido entre las dos actividades. Derecho y Economía se han desarrollado por separado, aunque en realidad su unión es tan importante que ha merecido incluso la atención de los académicos.

En nuestro país, esta relación se evidencia en el desarrollo que ha alcanzado el Derecho corporativo. Para algunos, esta es un área que se ha expandido con efectividad a lo largo del tiempo, pero para otros se trata de un campo que ha sido explotado con eficiencia solo por una elite de hombres de Derecho. Los empresarios, mientras tanto, son los usuarios más intensivos de esta área.

Radical transformación.

A nivel mundial, el Derecho vive una profunda y radical transformación, tanto en la elaboración de normas como en la práctica del ejercicio profesional. Se trata de la crisis de un modelo tradicional demasiado teórico, que está dando paso a una visión más interdisciplinaria, básicamente en su relación con la Economía. Yo diría que si hoy el Derecho no se alimenta de la Economía y no tiene una lectura de lo que ocurre en ella (y no sigue sus tendencias), quedara arrinconado y cuestionado. Por tanto, me parece ineludible la relación del Derecho con la Economía, afirma Luis Pizarro, socio del estudio Pizarro, Botto & Escobar.

De acuerdo a este especialista, existen determinadas áreas jurídicas que se relacionan con los mercados modernos, en los que la Economía tiene una influencia directa sobre el Derecho. En cambio, existen otras áreas (las más tradicionales) en las que el Derecho se encuentra rezagado debido a una lógica jurídica tradicional, teórica y atrasada.

El Código Civil del Perú, por ejemplo, es una de las normas más cuestionadas, pues, aunque se trata de una norma matriz, que regula las relaciones entre las personas y sus bienes, sufre un gran nivel de atraso. Algo similar ocurre con el Código de Comercio que, por ser una norma muy antigua (de principios del siglo pasado), simplemente es soslayado por los actores económicos.

Lo peor que le puede ocurrir al Derecho no es que tenga normas malas, sino que las empresas obvien la regulación. Lo que sucede con el Código de Comercio es que es un ejemplo de desprecio de la regulación comercial hacia la Economía. Por ello, en la práctica se han creado una serie de usos y costumbres que superan largamente lo que se encuentra en el propio Código, puntualiza Pizarro.

Cuestión de leyes.

En ocasiones es licito preguntarse si en este escenario las leyes resuelven realmente los problemas económicos y si regulan de manera adecuada nuestro comportamiento en estas áreas. Específicamente, es licito preguntarse si las leyes concernientes al ámbito económico se encuentran a la altura del desarrollo que se ha logrado en el país.

Al responder a estas preguntas uno se encuentra con una serie de características propias del Derecho en nuestro país. La primera de estas características es su progresiva exposición a contextos cada vez más internacionales.

Básicamente, la economía demanda hoy estructuras mucho más complejas, con conocimientos especializados en cada materia. La globalización conlleva estructuras internacionales crossborder que en muchos casos son nuevas para nuestra legislación. Por ello debemos acomodar esas estructuras en la legislación existente, manifiesta Oscar Arrus, abogado del estudio Rubio, Leguia & Normand.

Las grandes operaciones ahora son en su mayoría internacionales. Por lo tanto, sobre ellas operan diversas legislaciones a la vez, que no necesariamente son compatibles entre sí. Ello indica que nos encontramos en un momento de cambio forzado por la globalización.

Frente a esta primera característica se presenta otra, en sentido contrario, que apunta más bien a la inmovilidad de la legislación. Es lo que se podría denominar la resistencia al cambio.
Es muy difícil que el Derecho vaya a la par del desarrollo económico, pues quienes operan el Derecho tienen la tendencia a ser conservadores. Como resultado de esto, el cambio en este campo es muy lento, sostiene Juan García Montufar, abogado del Estudio Rubio, Leguía & Normand.

Un actor importante.

Estas fuerzas opuestas han configurado el Derecho en el país, disciplina que, aunque no se ha adaptado a todas las exigencias de la modernidad, si ha alcanzado un nivel lo suficientemente alto como para permitir que los negocios se desarrollen aceptablemente.

El Derecho, con todas sus imperfecciones, no es un elemento prescindible de nuestro entramado social. Atrasado o no, es indispensable, pues las fuerzas libres del mercado no necesariamente empujan a los actores económicos hacia la consecución de la justicia en el mundo de los negocios.

El Derecho tiene por objeto regular las relaciones económicas, ya que estas, si bien es cierto se encuentran sometidas a la ley de la oferta y demanda, deben basarse también en aspectos éticos y deontológicos. Siempre se suscitan conflictos. En este contexto, el Derecho tiene como finalidad evitar que se produzcan abusos del poder económico, además de resguardar el propio desarrollo de la economía, expresa Luis Lamas Puccio, socio del estudio Bracamonte, Lamas Puccio, De Piérola, Clarke, Del Rosario & Abogados.

En la práctica.

Sobre el escenario descrito es que se producen los actos económicos en nuestro país. Sobre él se realizan contratos, se cierran negocios y fluye el dinero de unas manos a otras. Como es lógico suponer, se requieren profesionales que conozcan bien este terreno. Es el campo de los abogados, pero también de los empresarios, ejecutivos y hombres de negocios en general, los más importantes usuarios de la legislación.

Del mismo modo en que el Derecho y la Economía caminan uno al lado de la otra, abogados y empresarios han aprendido a caminar juntos. De hecho, se ha desarrollado entre ellos una relación en la que prácticamente el empresario vive con el abogado al costado. Tal como lo anota Arús, en la actualidad el empresario necesita estar seguro de sus acciones, por lo que debe estar asesorado por un profesional del Derecho y así actuar de acuerdo al ordenamiento legal.

Esta necesidad ha ocasionado que numerosos estudios de abogados se hayan convertido, en la práctica, en estudios de asesoría legal empresarial, que ofrecen al hombre de negocios servicios que van desde la elección de los mejores planteamientos legales para su estrategia de negocios, hasta el curso a seguir para evitar problemas tributarios, laborales o de cumplimiento de contratos con otras empresas.

Las transnacionales.

Aquí también intervino la globalización. Las empresas transnacionales son ahora también importantes actores dentro del mercado legal peruano. Ellas acuden a los estudios en busca de la orientación que se requiere para sentar sus bases en el país.

El estudio Pizarro, Botto & Escobar, por ejemplo, precisa que hasta un 70% de sus clientes son empresas extranjeras. De acuerdo a Luis Pizarro, estas empresas tienen necesidades específicas: esencialmente buscan conocer el ambiente de negocios del país, blindarse de incumplimientos, hallar estructuras laborales y tributarias que le sean rentables, determinar mecanismos para garantizar los capitales que invierten, garantizar que la rentabilidad y los dividendos que obtengan puedan ser expatriados cuando corresponda y, en general, conseguir estabilidad jurídica.

La presencia de estas corporaciones representa el ingreso de la globalización del Derecho en nuestro país y, como se señaló al principio, ello trastoca el establishment local.

Ambiente dinámico.

La llegada de estas empresas es el producto de la globaliza-con. Ello implica que las normas legales pensadas para la realidad nacional se enfrentan ahora a un fenómeno que las fuerza a un periodo de ajuste, detalla García Montufar.

La razón por la que la legislación peruana debe ajustarse a la internacional y no al contrario es simple: la legislación externa, por lo general, es más estricta y completa. Es por este motivo que, en la mayoría de los casos, las empresas transnacionales tienen estándares que son mucho más altos que nuestra propia legislación. Por ende, es sencillo para las casas matrices acomodarse a las leyes locales.

Es en este dinámico ambiente que se desarrolla la labor de los hombres de leyes. Al final, la pregunta sobre si los negocios fluyen en nuestro país es respondida positivamente. El Derecho acompaña a los negocios, transformándose y haciendo más eficientes las relaciones económicas entre los individuos.


Fuente: NoticiasFinancieras and BUSINESS PERU